jueves, 27 de octubre de 2016

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Tú. O yo. Nosotros. O no.

P. II
Me quedo sin aliento si no estás.
Se me caen los esquemas cuando te vas. Y es
que formas parte de mí, y más
me atrevería a decir: sin ti, si te marchas
no me queda nada. 
Dejaría de ser.
Dejaría de creer.
Dejaría puesta la vista atrás.
Porque has sido mucho. En ocasiones todo.

Me cambia el rumbo si no estás.
Mi vida cambia si te vas. Y es
que perderte a ti sería perder
al más divertido de los compañeros,
al más sincero de los amigos,
al más dulce de los amantes;
sería como no tener nada 
tras haberlo tenido todo.

viernes, 4 de marzo de 2016

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Tú. O yo. Nosotros. O no.

P. I  

    Yo quisiera ser tu piel, tu cuerpo
entero, tus labios carnosos y tu ojos
tan bellos, ellos. Lo quisiera ser todo,
todo tú. Y tu pelo. Y las yemas de tus dedos.

    Pero, a pesar de querer todo eso
prefiero seguir siendo la piel que roza
tu cuerpo, lo toca. Los ojos que recorren
cada centímetro de tu boca y los labios
de deseo atrapados entre un par de colmillos,
sin reparo, sinvergüenzas, sin ataduras
ni con redención alguna, que sujetan
con fuerza la carne provocada por el deseo
y el pensamiento más impuro. Y todo eso
se me pasa por la mente cada vez que te veo.


Sé que llevo siglos sin subir ninguna entrada. La verdad es que había dejado olvidado el blog. Pero cuando la inspiración llega, llega. Hay que aprovecharlo. Y quizás suba más entradas así, llenas de cariño e ideas fugaces, llenas de verdad. Gracias.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ochenta y Dos

Me costó concentrarme durante todo el día. Aún me pesaban demasiado las palabras de Gael. Tenía que aclararlo. Durante todas las clases ese pensamiento me pasó por la mente. Ya fuese por un segundo o por dos. O durante un minuto entero haciéndome estremecer. ¿Tan malo iba a ser aclarar mis dudas, al fin y al cabo? Tenía un mal presentimiento.

Al acabar las clases, cuando ya estaba ordenando mi taquilla y mi mochila, Jason me envió un mensaje diciéndome que pasaría a recogerme. Y eso me alegró. Se lo comenté a Sophie. Quería volver a ver a Jay. Los tres habíamos sido muy buenos amigos, y no me pareció mala idea que se volvieran a ver.
Mientras caminábamos por el pasillo que llevaba a la puerta principal, me di cuenta de que no había visto a Gael en todo el día. Ni en los pasillos. Ni en el comedor. Ni rastro. Y eso me hizo fruncir el ceño y vacilar un segundo.
—¿Estás bien?— preguntó Sophie ante mi repentina pausa.
—Sí. Es que me acabo de acordar de que me he olvidado el libro de lengua en la taquilla— mentí. Ella puso los ojos en blanco.
—De acuerdo. Te espero fuera—. Asentí con una sonrisa. Fui andando ligera por los pasillos hasta que llegué a mi taquilla. Había tenido una idea. Quizás no era la mejor manera, pero era la única con la que no podía echarme atrás. Abrí mi taquilla y saqué el paquete de post-it que siempre tenía a mano para hacerme recordar a mí misma los libros que debía llevarme a casa cada día. En los cambios de clase, para que no se me olvidasen los libros con los que tenía que trabajar esa misma tarde, pegaba un post-it en el interior de mi taquilla con las asignaturas que tenía que llevarme. O apuntaba las fechas importantes el día antes de que ocurriesen. O simplemente las utilizaba para hacer saber ciertas cosas a Sophie “disimuladamente”. Pero esta vez era para algo diferente. Meses atrás él hizo algo parecido, y ahora era mi turno. En el papel escribí: Tenemos que hablar. - M.
Sabía que sabría que era yo. Pero no quise arriesgarme a poner mi nombre completo. ¿Quién sabe? Arranqué a correr nada más echar la notita por una de las rendijas de la puerta de la taquilla de Gael. Sophie sonrió al verme y continuó explicándome el último cotilleo del que se había enterado.

Jason llegó en su moto pocos minutos después de sentarnos en la parada de bus que había delante del instituto. Iba con un pantalón negro de chandal, ancho, supongo que para tapar el vendaje de su pierna ya que se arriesgaba a ser multado. La parte de abriga era la chaqueta de moto de cuero que solía llevar siempre. Se quitó el casco al ver a Sophie, que se acercó después a saludarle con un beso. Después de una pequeña charla y el típico ya nos veremos, nos despedimos de ella. Y antes de que pudiera subirme a la moto, Jason me ofreció un casco negro brillante, con reflejos de purpurina púrpura a la luz. Me quedé sorprendida. Parecía nuevo.
—¿Y esto?— le pregunté mientras lo cogía.
—Hablando con Billy me di cuenta de que debo protegerte bien y que si quiero estar a tu lado, también he de protegerme yo. Así que te he comprado este casco que siempre llevaré en mi moto para cuando tu no lleves el tuyo contigo. Y así yo no quedo sin.
Era un buen motivo. Así que no rechisté. No me gustaba que se gastara tanto dinero en mí, o que su tío lo hiciese por él. No me gustaba que nadie se gastase dinero por mí. Lo mejor sería regalarle algo que lo compensase en Navidades y todos contentos.

Cuando Jay paró la moto en un cruce con el semáforo en rojo, vi a Gael cruzando por él. Y el corazón se me aceleró. Tenía que hablar con él, y quizás esa era la única oportunidad. Ya no había vuelta atrás, así que no importaba si hoy o mañana. Me levanté la visera e intenté gritar su nombre para que se girase, pero el casco me acolchaba demasiado la voz. Jay se dio cuenta e intentó ayudarme haciendo rugir la moto varias veces seguidas. Y funcionó. Se giró y, en ese momento, oí cómo un coche frenaba bruscamente justo detrás de mí. Miré el semáforo que seguía en rojo. Miré el carril de al lado. Miré a Gael. Mis manos temblaron. Mi cuerpo se estremeció al escuchar el tremendo impacto justo delante de mí.

Segundos después todo fue histeria. Pánico. No supe qué hacer. Jay aparcó la moto en la acera para intentar hacer algo por Gael. El coche no paró e hizo que él se metiera en su interior por la luna delantera. Rompiéndola con su cuerpo. Todo eran llamadas de teléfono. Gritos. Lágrimas. Sangre. A los pocos minutos las sirenas de las ambulancias se sumaron a aquello. Jason me acunaba en su regazo, de rodillas él en el asfalto. Yo lloraba. Me culpaba. Él miraba con miedo toda aquella escena. Al igual que yo, no se lo podía creer.

Cuando tuve la suficiente fuerza para hablar, presté declaración a los policías que vinieron. Y lo mismo hizo Jay. No me dejaron pasar a ver a Jay mientras lo colocaban en la ambulancia. Tampoco creí que fuese justo que yo estuviese allí después de todo lo que había significado para él conocerme. Lo único que creí que sería de ayuda era darles los datos, al menos, de su hermana y dónde vivía. Finalmente se lo llevaron al hospital. Dijeron que él se recuperaría, pero el conductor murió.


Como cada primer domingo de mes, le llevo flores a su habitación. Jay me acompaña, sabe que es muy duro para mí. Me encuentro a su hermana, con ojos tristes, pero que intenta esbozarme una sonrisa. Siempre me recuerda que yo no tuve la culpa, que fue un accidente. Yo no puedo dejar de culparme porque Gael esté en coma después del terrible suceso. Me acerco a su cama, donde duerme en un sueño muy profundo, con el semblante tranquilo. Semblante marcado por las cicatrices que perduraran toda la vida. Ya ha pasado un año. Le aprieto la mano y le beso la frente y me vuelvo a disculpar. Vuelvo a pedirle perdón por todo. Silencio. Las máquinas retumban en la habitación. Me siento a los pies de la cama mientras Tiziana me explica los pocos cambios que ha habido este mes. Me da las gracias por las flores. Jason me aprieta el hombro con una mano, compasivo. Pero yo sé que no las merezco. Ni que merezco el apoyo de Jay en esto. Para mí, besar a Gael fue una equivocación que me costó, casi, la pérdida de Jason, pero que por suerte se pudo solucionar. Pero para él, el simple echo de conocerme, ha sido el peor error que haya cometido. Casi le cuesta la vida. Y nadie sabe si ahora, esto tan complejo, tiene solución.


¿Fin? Quién sabe. De momento voy a dejarlo aquí. Espero que esta novela os haya gustado, de verdad. Gracias por todo el apoyo durante todo este tiempo, por todas esas visitas. No os abandono, ni mucho menos. De vez en cuando seguiré colgando cosillas. Prometido. Pero he decido que volveré a leerla entera, corregiré los errores y compactaré todos estos capítulos en lo que es: un libro. Cuando esté listo, ya os lo haré saber por si queréis descargarlo. Os quiero. Hasta siempre.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ochenta y Uno

Me desperté de golpe tras soñar con una pesadilla. Esa sensación de caer al vacío mientras duermes no es nada agradable, y no supe si quizás era un augurio de lo que se me venía encima. Pensé en Sophie. Y en Gael. Y en Jason. Y en la hora que era. Miré el reloj y supe que faltaba media hora hasta que sonase. No quise desactivarlo ya que, seguramente, después no me acordaría de volver a encender la alarma y porque quizás me quedaría dormida otra vez. Así que para evitar lo segundo, me levanté de la cama y fui a ducharme. Nada como un poco de agua fría para afrontar un nuevo día. Y aunque ya casi estábamos llegando al invierno, no pude resistirme a ponerme bajo un chorro de agua fría durante un par de segundos cuando acabé de aclararme el jabón con agua caliente. Necesitaba despertar todos mis sentidos para poder afrontar esas conversaciones que, a pesar de no haber existido todavía, ya me traían de cabeza.

Esperé hasta que sonó mi despertador y a su vez el de mi madre para poder encender el secador. Durante esos diez minutos antes me cepillé los dientes y me vestí. Sabía que mi padre ya se había ido a trabajar poco antes de que yo me despertase, y sólo había riesgo de despertar a mi madre con el secador. Su oficina quedaba en la otra punta de la ciudad, a unos cuarenta minutos largos en coche. Si no madrugaba, no llegaba. Así que nada más parar el estruendoso ruido de mi despertador, me sequé el pelo a toda potencia. Me lo dejé suelto, recogiendo el largo flequillo detrás de mi oreja para que no me molestase. Salí del baño y me dirigí a mi mochila para comprobar que llevaba todo lo necesario y cuando acabé, me la colgué a un hombro y salí como una flecha hacia la cocina.

Cuando terminé de llenar un vaso de café recién hecho para mi madre, me preparé un vaso de leche caliente y me comí una magdalena mientras éste cogía temperatura en el microondas. Cuando fui a dejar el vaso caliente en la encimera, vi cómo mi madre bajaba las escaleras ya arreglada. Entrecerró los ojos al verme a la vez que levantaba una ceja.
—Me he despertado a las seis y media de una pesadilla y he decidido aprovechar la mañana— le expliqué.
—Vaya, podrías hacerlo todos los días— se burló ella al ver su café preparado.
—Eso ya es un poco más complicado— dije bromeando. Me despedí de ella plantándole un beso en la mejilla. Cuando llegué al recibidor me abrigué bien, me colgué la mochila y salí por la puerta.
Anduve todo el camino con paso firme y rápido, esquivando a la gente que iba a una velocidad más reducida que la mía. Cuando estuve justo frente a la puerta del instituto cogí una buena bocanada de aire y entré por ella con un paso más relajado. Cuando divisé mi taquilla a unos tres metros, vi que Sophie tenía abierta la suya y sólo se le veían las piernas detrás de esa puerta abierta. Me acerqué con sigilo y abrí la mía con la misma rabia que sentí cuando escuché de la boca de Jason lo que le confesé a Sophie. Se supone que que ya era un tema zanjado.
—¿Por qué se lo contaste?— dije con sequedad después de cerrar de un portazo. Ella cerró con suavidad la puertecilla y agarró sus libros con fuerza. Sabía tanto como yo que esta conversación iba a surgir de un momento a otro.
—No quería decírselo, pero no me dejó opción. Me llamó decenas de veces. No sé cómo supo que yo sabía algo más. Tras tantos intentos de contactar conmigo, se presentó en mi casa a pedir explicaciones. Y no se las quise dar hasta que no me puso entre la espada y la pared. Él mismo había caído en la conclusión de que algo teníais que haber hablado. Gael no denunció el accidente cuando era lo mejor que podía hacer para hacer daño a la persona que irrumpía en su camino hasta ti. Y se extrañó de que de repente lo tuvieses tan claro con él cuando, incluso sin haberlo visto en persona, sabías que fue Jason quien empezó la pelea. No entendió cómo podías haberle pasado eso por alto, y él mismo se dio cuenta de que algo de más calibre tenía que haber sucedido con Gael para que no hubieseis mantenido una conversación sobre dicho hecho después de todo— eso último era bien cierto. Gael no era el tipo de chico que se pelearía de esa manera por una chica. —Él también se preguntaba si te había hecho daño, Emma. ¿Cómo iba a dejarle con esa duda en la cabeza? Si realmente lo había hecho, sabía que no ibas a contárselo.
Y la entendí. Y supe que Jay también tenía derecho a saberlo.
—Siento haber dudado de tu silencio. Ahora sé que realmente no tuviste opción— sonreí al imaginarme la situación. Jason podía llegar a ser la persona más tenaz del mundo. No iba a parar hasta encontrar la respuesta.
—Ya sabes que nunca te traicionaría de esa manera.
La abracé con todas mis fuerzas. Nos queríamos demasiado como para hacernos daño por la espalda. En ese momento supe que una de las personas que quería con todo mi corazón seguía estando en mi vida.


Gracias por leerme. Os anuncio que el final de esto se acerca. Empieza un curso bastante duro para mí y que no sé cómo voy a afrontar. Así que he decido dejar esto de escribir por un tiempo. Lo más seguro es que sea durante todo este curso. Seguiré colgando textos de vez en cuando, pero no más novela. Además, que ya toca ponerle un final a esto,  ¿no creéis? La semana que viene tendréis la última entrega de esta historia. Os quiero.

Comentad aquí debajo y votad con un simple clic.

miércoles, 28 de agosto de 2013

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Reflexión: Your world needs a break

Ante todo quiero disculparme por no haber colgado este texto la semana pasada ni dar explicación alguna por ello hasta hoy. Disculpadme, pero por problemas personales no he podido hacerlo antes, pero no he dejado de pensar en ello.

Esta es una reflexión que escribí el curso pasado, en inglés. Ya sabéis que tenéis la traducción a castellano más abajo.

Your world needs a break

They will never understand that the world needs a break. Nobody expects that the world stops for an hour, a minute or a  second. Some people are happy with what they have; other people always want more.

Everyone knows that the world will end this year, but nobody expects it. Why we want plan the future? The future doesn't exist. Life is the present, the moment. Life is now. In our life we have dreams, aspirations... We believe that our dreams will come true and we can do what we dream. Actually, things aren't so simple like that. Maybe you have to buy your dreams, maybe you have to renounce to everything to be what you want to be. But you must never give up.

Nobody can't tell you that you can't change the world. Everyone can do small things to change their lives. Those lives could change the world. The wars never made this world a better one. And they won't. It's easier to get what you wish with a smile than with the tip of a sword, never better. A soldier follows orders, doesn't give happiness. It might be wrong saying this, but I know that the experience is all the mistakes that we made, because no one is perfect. So far, nobody can live without an inspiration, mine is a phrase: “Don't worry, be happy”.

You don't need to read self-help books to find the way to happiness, you just need to try to not to get confused between the head and heart. And remember, you can brighten someone's day with your smile, so never stop smiling.



Y aquí está la traducción:

Tu mundo necesita un descanso

Ellos no entenderán que el mundo necesita un descanso. Nadie espera que el mundo se pare durante una hora, un minuto o un segundo. Algunos son felices con lo que tienen; otros siempre quieren más.

Todo el mundo sabe que el mundo se acabará este año, pero nadie lo espera. ¿Por qué queremos planear el futuro? El futuro no existe. La vida es el presente, el momento. La vida es ahora. Durante nuestra vida tenemos sueños, aspiraciones... Creemos que nuestros sueños se cumplirán y que podemos hacer lo que soñamos. En realidad, las cosas no son tan fáciles como eso. Puede que tengas que comprar tus sueños, quizás tendrás que renunciar a todo para ser lo que quieres ser. Pero nunca tires la toalla.

Nadie puede decirte que no puedes cambiar el mundo. Todos pueden hacer pequeñas cosas para cambiar sus vidas. Esas vidas podrían cambiar el mundo. Las guerras nunca han hecho de este mundo uno mejor. Y no lo harán. Es más fácil conseguir lo que deseas con una sonrisa que con la punta de una espada, nunca mejor dicho. Un soldado sigue órdenes, no da felicidad. Puede que esté mal decir esto, pero sé que la experiencia son todos los errores que hemos hecho, porque nadie es perfecto. Hasta el momento, nadie puede vivir sin una inspiración, la mía es una frase: "No te preocupes, sé feliz".

No necesitas leer libros de autoayuda para encontrar el camino a la felicidad, sólo tienes que intentar no confundirte entre la cabeza y el corazón. Y recuerda, puedes alegrar el día de alguien con tu sonrisa, así que nunca dejes de sonreír.


Espero que os haya gustado y me disculpéis por lo ocurrido. Os espero la semana que viene con un nuevo capítulo de la novela. Besos a tod@s.

miércoles, 14 de agosto de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ochenta

Me dio un último beso rápido en la sien y echó a correr hacia el coche, que se alejaba no precisamente despacio. Después de dar varios golpes en el techo mientras corría al lado del vehículo, éste paró de golpe y Jason pudo subirse a tiempo. En cuánto se alejaron y ya no pude verles empecé a rebuscar en el pequeño bolso que llevaba las llaves. Eché una última ojeada a mi reloj antes de meter la correspondiente en la cerradura: las diez menos diez. Estaba dentro del límite permitido. Metí y giré dicha llave. Abrí la puerta y la cerré a mis espaldas. Vi a mi madre en el sofá, con el codo apoyado en el reposabrazos y la cabeza apoyada en esa mano. Tenía la televisión encendida con el volumen al mínimo y una taza ya vacía pero con un sobre de infusión aún dentro. Me acerqué un poco más y pude distinguir en el cartoncito atado al final del cordón blanco que colgaba del borde el nombre de aquellas hierbas: tila. Cerré los ojos y suspiré. En ese momento supe que mi madre estaba más preocupada por mí de lo que yo creía. Mi autoestima bajo durante las últimas semanas y el desmayo como consecuencia de ese estrés no ayudaban demasiado. Y más si salía a cenar con uno de esos quebraderos de cabeza llamado Jason. Le di un beso en la coronilla mientras le anunciaba mi llegada. Ella se despertó del sueño en el que había caído y me besó repetidamente ambas mejillas. Apagó la tele con el mando y se puso en pie.

—¿Te lo has pasado bien?— me preguntó mientras cogía su taza de la mesita de centro y la llevaba al fregadero.
—Muy bien. ¿Y sabes qué? He tenido que cantar para los comensales del restaurante.
—¿En serio?— se quedó boquiabierta, mirándome.
—Sí, era una sorpresa. Y he conocido a su tío. Seguro que te encantará— añadí un guiño a aquella última frase. Ella rió ante mi insinuación y puso los ojos en blanco.
—Hija, con tu padre tengo suficiente— eso me hizo reír. Sabía a lo que se refería. —Aunque puedes traerlo a cenar y alegrarme las vistas—. Entonces fui yo quien puso los ojos en blanco a la vez que reía. 

Me encaminé hacia las escaleras y antes de poder poner el pie en el primer escalón mi madre me paró diciendo que mi padre estaba durmiendo. Entrecerré los ojos, mirándola, pensando a qué se refería. Me di un golpecito en la cabeza con la mano cuando lo entendí. Me descalcé aquellos tacones y los llevé en la mano escaleras arriba mientras le daba las buenas noches a mi madre mientras subía. Nada más entrar en mi habitación y cerrar la puerta inspiré hondo y suspiré. Dejé caer los zapatos a los pies de la cama y me cambié de atuendo. Después de lavarme los dientes, quitarme el maquillaje y recogerme el pelo en un moño alto me metí en la cama. Estaba cansada y los párpados me pesaban, pero eso no fue excusa para mi mente. No dejaba de pensar en lo que me había dicho Jason, lo que sabía acerca del encuentro de Gael en el hospital después de la pelea. La única persona que sabía de aquello era Sophie. Apreté la mandíbula. Tendría que hablar con ella seriamente. Y con Gael. No estaba muy segura de qué le iba a decir ni si él me contaría la verdad. O quizás sólo me dijera lo que yo quería escuchar. ¿Valdría la pena arriesgarse? Realmente no lo tenía claro, pero necesitaba saberlo. Y Sophie me tendría que dar una muy buena explicación para que volviese a confiar en ella. Me quedé dormida mientras elaboraba mentalmente los diferentes discursos que tendría que dar a ambos.


Primero de todo, espero que os haya gustado el capítulo. Segundo: creo que os habréis dado cuenta de que he cambiado el nombre del blog por "They call me Carla" (antes era By: carletas, como sabréis), pero eso no altera el funcionamiento del blog ni su objetivo. Sigue siendo el mismo blog, pero con un nombre diferente y una cabecera distinta que espero que os guste (hecha a mano 100%). Y por último,  cualquier duda que tengáis, ya sabéis, podéis consultarla conmigo enviando un e-mail al correo dudasparacarla@gmail.com. Votad aquí debajo qué os ha parecido con un simple click. Besos a tod@s.

miércoles, 7 de agosto de 2013

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Reflexión: Acción, reacción

No sé tú, pero mi cuerpo se aburre sin ti. 
Necesita que le alaben y le adoren esas palabras bonitas que hacen que el vello se erice cuando atraviesan el corazón. Necesita que esos dedos, esas manos ya familiares se paseen por cada rincón. Palpitante el corazón, mi cuerpo necesita escuchar tus latidos, también, para darse cuenta de que ambos cuerpos necesitan lo mismo. 
Sienten lo mismo al entrar en contacto. 
Pero no sería suficiente. 
Mi cuerpo necesita sentir tus labios, suaves. 
Besos tiernos.
Susurros piel con piel. 
Necesita sentir ambos pares de colmillos, desgarradores.
Mordiscos atrevidos, descaradamente certeros.
Y ahí es cuando mi cuerpo me abandona y no soy responsable de sus actos. 
No escucho. Ni siento. Dejo que lo haga por mí.
Dejo que se sacie del tuyo, del cual tú tampoco llevas las riendas. 
No somos capaces de hacerlo. 
Tampoco queremos.
Pues sin ti mi cuerpo no puede abandonarme y tengo que estar aguantando cómo echa de menos el tuyo.
Necesitándolo.
No puede explotar. Es el tuyo la mecha que ha de encenderlo y haga estallar esa ya incontable guerra mundial.
Y vuelta a empezar, pero si tú no estás aquí... Mi cuerpo se aburre sin ti.


Espero que os haya gustado. Cualquier duda que tengáis, hacédmelo saber enviando un correo a esta dirección dudasparacarla@gmail.com. Os espero la semana que viene con un nuevo capítulo de la novela.
Os quiero.