domingo, 11 de diciembre de 2011

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Novela "Alguien a quien amar" - Capítulo: Diez

Eso es lo que voy a hacer, no renunciar a mis sueños, no renunciar a mi felicidad. La verdad es que siempre he creído que alguien, me ayuda en todo. Algo como un ángel de la guarda que siempre te saca de apuros. Yo siempre he creído que existe algo así. Estaba tan inmensamente embobada con mis cosas que no me había dado cuenta que estaba bloqueando el paso. En cuánto me di cuenta me aparte rápido. Me ruboricé, estaba avergonzada de mí misma. Pero no me lo pensé más y seguí caminando hacia aquél enorme edificio que haría el sueño de muchas chicas realidad. De repente un grupo muy numeroso de chicas pasaron delante mío corriendo sin parar. Me asusté y paré en seco. Las seguí con la mirada, se dirigían a un campo de entreno, creo que de fútbol. Fui a investigar, me picó la curiosidad, la verdad.

Cuando llegué había más de cien niñas, todas empujándose para estar cerca de la verja que las separaba del campo. Sin que nadie se diese cuenta me dirigí a un hueco que dejaban en una esquina esas niñas. Miré a través de la valla, y allí estaba él. El príncipe azul, mejor dicho, el príncipe púrpura de todas esas fanáticas enloquecidas que se empujaban y apelotonaban para que él las mirara y les saludara. Su intención era esa, pero yo no compartía la misma idea. Yo sólo quería verle a él, como un simple chico que te gusta y que cuándo tienes oportunidad, no paras de mirar. Estaba jugando a fútbol con sus amigos, como un chico normal. Cuándo en algún momento se paraba el juego, saludaba a todas las chicas que podía. Cuándo marcó un gol, se levantó la camiseta como los profesionales, digamos. Las fans empezaron a gritar, casi me revientan los tímpanos; aparte de correr como unas gacelas, gritaban mucho y muy fuerte. Intenté no taparme los oídos, les sentaría mal y aparte, si lo hacía supongo que era chica muerta. Me estremeció el simple hecho de imaginarme corriendo y ellas detrás. No quise pensarlo más, ¿tenía que estar pensando esto ahora? Me centré en lo que tenía que centrarme, en disfrutar viéndole.
Me sonó el móvil, que oportuno. Era un mensaje. Lo abrí; publicidad. Se me ocurrió borrar todos los mensajes que tenía y todas las llamadas. Se me fue el tiempo en ello, cuándo me quise dar cuenta ya no había nadie. Suspiré. Ahora tenía que esperarme hasta la tarde para... Espera, ¿quién ha dicho mi nombre?



Gracias. Comentad, ¿no? :)

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