domingo, 11 de diciembre de 2011

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Novela "Alguien a quien amar" - Capítulo: Veinticuatro

Llegamos al centro comercial y nos dirigimos hacia la dirección que nos ponía en el vale regalo: Segunda planta, esquina con La Cafetería y Más Moda. Llegamos a la primera. Nos paramos delante de la puerta: era un establecimiento muy lujoso, todo eran cristaleras y por dentro era impresionante. No nos lo pensamos más, entramos a la vez, juntas. Al segundo de entrar una chica de unos veinte años nos saludó muy amable. Le enseñamos el vale que Justin nos dio, miró unos números que había y los verificó en el ordenador. Nos dijo que teníamos dos cortes de pelo completos gratis, una sesión gratis de maquillaje y dos sesiones de manicura también gratis. Se nos dibujó una gran sonrisa. Yo pensaba que sólo sería un peinado y maquillaje gratis, pero encima también había cosas para mi madre; le debió de costar un ojo de la cara. La chica nos dirigió a nuestros respectivos asientos. Dos chicas más nos aparecieron por detrás. *(Chica):- ¿Preparadas? -. Mi madre y yo nos miramos y respondimos a la vez: - Claro -.* Nos empezaron a lavar, cortar y secar el pelo. A mí me lo escalaron en dos capas, de largura me lo dejaron a la altura del pecho. A mi madre se lo cortaron corto pero muy mono. Mientras a mí me iban maquillando y recogiendo el pelo en un peinado sencillo y juvenil, a mi madre ya le empezaron a hacer la manicura. Después me la hicieron a mí. Estuvimos como unas tres horas y media allí metidas; todas las de la peluquería eran muy simpáticas, nos lo pasamos muy bien riendo con ellas. Cuando salimos de local ya eran las ocho de la tarde, habíamos quedado a las nueve en casa. Cogimos el bus. A las ocho y media llegamos a casa. Mi padre ya se había puesto su único traje que tenía, el de mi comunión. Le seguía quedando igual de bien. Mi madre se fue a vestir, y yo también. Antes de que pudiera entrar en mi habitación escuché a mi padre desde el salón. *(Papá):- Cariño, antes de irse, Justin te ha dejado un regalo más. No sé lo que es, pero tenía pinta de ser importante -.* Me guiñó el ojo y le sonreí. Entré en mi habitación y encima de la cama me encontré una caja blanca con un enorme lazo morado. Al lado de la gran caja había una tarjeta rosa en la que se podía leer: - Toda princesa debe de tener el vestido perfecto para la gran noche. Espero que te guste, pequeña. Justin -. Me puse aún más contenta. La abrí después de cerrar los ojos y contar hasta tres. ¿Quién dice que los sueños no se hacen realidad? Era el vestido. El vestido con el que había estado soñando. Lo cogí y lo levanté. Me lo puse delante antes de ponérmelo y me miré al espejo. Era el mismo vestido: ancho del pecho con un solo tirante, estrecho de la cintura y con las brillantes aguas en la cola. Me lo coloqué cómo pude, ya que no podía despeinarme ni estropearme nada de lo que llevaba puesto del cuello para arriba. Parecía hecho a medida; era mi vestido, el ideal. Simplemente, era perfecto. Me miré al espejo una y otra vez. Por delante, por detrás… Y así como unas cinco veces hasta que estuve segura de mí misma. Pero cuándo me fui a poner los zapatos… No tenía zapatos para la ocasión. Abrí el zapatero y vi otra caja. Si es que no podía ser más detallista. Era también blanca con un gran lazo morado. Tenía también una tarjeta, pero esta vez ponía:- He tenido que luchar por que tu madre me dejara comprártelos, pero aquí los tienes. Los zapatos de princesa que toda adolescente desea. Justin -.



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