domingo, 11 de diciembre de 2011

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Novela "Alguien a quien amar" - Capítulo: Nueve

Ya me lo había prometido a mí misma, esta noche tenía que irme a la cama como mucho a las once. Al final me fui a las diez y media pasadas. Me despedí de mis padres y ya les avisé que me despertaría pronto y que si no estaba en casa, era por qué había ido al Palau. Me dijeron que vale pero que a la una y media del mediodía tenía que estar en casa. Acepté, que remedio. Me aseé y me fui a la cama. No podía dormirme, daba vueltas y vueltas en la cama, pero era imposible. Me puse mis cascos y escuché a Justin cantarme al oído durante... minutos... horas, no lo sé, pero al final me tranquilicé y me dormí.

A la mañana siguiente me levantó el dichoso despertador, a las siete. Aún tenía los cascos puestos, pero el iPod se había quedado sin batería. Lo puse a cargar y reflexioné con que día era y lo que iba a suceder. No tenía muy claro lo que sucedería, pero tampoco le di importancia. De pronto recordé con lo que había soñado. El vestido rojo. Pero esta vez lo soñé con muchos más detalles que las anteriores veces. Era largo, precioso. Sólo tenía un tirante, pero la tela hacía unas aguas en la falda que parecía como un mar, un mar rojo brillante. Era estrecho de la cintura pero ancho del pecho y de la falda. Realmente era perfecto.
Me di cuenta que estaba soñando despierta y reaccioné. Me fui al armario y cogí lo primero que vi; la ropa que me compré en el centro comercial me la guardaba para la tarde, no fuera a ser que me manchara o algo. Me puse unos pitillos rosa palo y una camisa blanca de tirantes anchos; este conjunto me hacía un poco más madura. Me puse unas bambas Victoria sin cordones, también blancas. Me fui al baño y me hice un moño despeinado, muy desenfadado, nada perfecto. Me puse un poco de sombra, era de un color rosa pero casi no se notaba, más que nada daba luz a los ojos. También me puse un poco de rímel. Cogí mi móvil y mis llaves y salí de casa. Para llegar a mi destino cogí el metro y luego el bus. Llegué después de casi una hora, pero lo había conseguido, llegué. Nada más entrar en el recinto, me quedé atónita. Ya había cola, y no era precisamente muy corta. Nada más entrar, te encontrabas con una tiendecita dónde vendían todo tipo de cosas sobre Justin Bieber: Camisetas, pulseras, gorras... De todo. Me paré al ver la enorme cúpula en la que lo vería haciendo lo que más le gusta, cantar; cantar y hacer sonreír a millones de fans con una simple idea, con un lema: nunca digas nunca.




Gracias. Comentad, ¿no? :)

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