miércoles, 25 de enero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Siete

Estuve toda la mañana en casa sin hacer nada. A las cinco me vestí, quería salir a dar un paseo. Me puse unos tejanos estrechos, una camiseta de cuello alto crema y me puse la chaqueta de forro. Antes de salir por la puerta vi mi gorro de punto en el perchero. Me dio pena y me lo puse. Era un gorro bastante mono: azul oscuro, con orejeras y dos trenzas y una borla encima. Me miré al espejo y salí de la habitación. Bajé las escaleras y les dije a mis padres que iba a dar una vuelta al centro comercial. Me ofrecieron treinta dólares, y bueno, no les dije que no. Los metí en el bolsillo del abrigo y me encaminé a la parada del bus. Estuve esperando un buen rato hasta que llegó mi autobús. Pagué y me senté en la penúltima fila a la derecha, al lado de la ventana. Llegué a mi destino pasados unos veinte minutos, bajé del bus y me dirigí hacia la puerta principal del centro. Pase justo al lado del párking y vi algo que me resultó familiar, me acerqué. Esa era la moto de Jason. Roja y negra, brillante, sin ninguna rallada, sin duda era la suya. Vi que en el asiento estaban los guantes, supuse que serían suyos, ya que llevaban bordadas una “J” y una “T”, de Jason Thomas. Los cogí y me los metí en el bolsillo de la chaqueta y me encaminé hacia la puerta. Nada más entrar, quise ir a la cafetería. Me dirigí a las escaleras que subían a la primera planta. Di un saltito para subir al escalón y me apoyé en la barandilla. No había demasiada gente, en el centro tampoco había las típicas tiendas dónde comprar los regalos de Navidad. Era muy sencillo, tenía dos plantas y repito, no había tiendas exclusivas, ni mucho menos. —¡Eme!—. Alguien me llamó, Esa voz me sonaba. Miré a mi alrededor hasta que vi que Jason, estaba subiendo por las escaleras de al lado, las de bajada, mientras hacía esfuerzos para subir en contra del mecanismo. Llegó arriba antes que yo, y me esperó. Cuando llegué le saludé y le abracé. —¿Porque me sigues a dónde voy?— dije riéndome.
—Disculpa, aquí la única que no puede resistirse a mis encantos eres tú— dijo con tono burlesco. Entonces le di un empujón, se tropezó con sus mismos pies y cayó de culo al suelo. Yo me empecé a reír, no podía parar. Lloraba y todo. Se levantó, me cogió y me cargó en su hombro. Yo seguía riéndome. —Jason, ¡bájame!— le repetía una y otra vez entre carcajadas. —De eso nada, pequeña. Ahora sufrirás—. Paró de caminar y empezó a hacerme cosquillas en la parte de las costillas. No podía parar de moverme y reír. —Si paras, te invito a un café— dije como pude. Paró y me bajó, quedé enfrente de él, se acercó lentamente. Antes de poder darme cuenta no veía nada. El señorito me había estirado de las trenzas del gorro la cuál cosa hizo bajar el gorrito hasta la altura de los ojos. Cuándo conseguí recolocármelo Jason ya no estaba allí, me giré y... vaya susto me di. Se había colocado detrás mío y al girarme, me pilló por sorpresa. Me miraba mientras apretaba los labios para aguantarse la risa mientras yo, de lo contrario, lo miraba enfadada. Todo esto ocurrió bajo la atenta mirada de la gente que se quedó un poco parada. Suspiré y me giré para irme de allí. Noté que alguien me cogió de la chaqueta, y tiró hacia atrás. Puso su mano en mi cabeza y la giró haciendo que yo también girara, enfadada y con los brazos cruzados. 
—Lo siento, era una broma— dijo sin apartar su mirada de la mía.
—Vale— dije sonriente —pero no más cosquillas, por favor.— y empezamos a reírnos. Fuimos hacia la cafetería, dónde pedimos dos cappuccinos los cuáles nos bebimos mientras mirábamos los escaparates de las tiendas.


Gracias por leer. Gracias a todas, de verdad. Ojalá pueda hacer algo grande algún día, y seguro que vosotras lo sabréis antes que nadie ;)

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miércoles, 18 de enero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Seis

—Voy a lavarme los dientes, no tardo— le dije a papá mientras subía silenciosamente las escaleras para no despertar a la “señora de la casa”. Fui a mi baño y me cepillé los dientes. Me enjuagué cuatro veces y cuando acabé, me pasé la lengua por los dientes. Ya estaba preparada. Volví a bajar las escaleras con cuidado y cogí mis llaves. Salí a la calle y cerré la puerta con la llave. Me puse el llavero en el bolsillo y cuando levanté la vista vi que mi padre ya estaba calentando. Hice unos pocos estiramientos y empezamos a correr uno al lado del otro. Cuando paramos en un semáforo, mientras los dos saltábamos un poco para no quedarnos fríos, mi padre me preguntó por la brecha de la frente. Ya ni me acordaba de que tenía la sutura de papel. Le contesté que no me dolía mientras acariciaba esa zona para comprobar que no se me habían despegado los puntos. Seguimos la carrera matinal de los sábados hasta el parque, dónde mi padre me ayudaba con los mortales que tenía que practicar, porque estaba en el equipo de animadoras. Hoy me tocaba ensayar la tercera parte del baile que estábamos preparando que iniciaba la fiesta anual que celebrábamos en el instituto y, aunque quedaban meses para eso, ya habíamos empezado a ensayar ya que había muchas chicas nuevas en el equipo y les costaba aun hacer las piruetas. Mi padre me ayudó a hacer los mortales para que no me hiciese daño, no fuera a ser que, con toda la mala suerte que me caracteriza, me lesionara por cualquier tontería. Estuvimos unos treinta minutos en el parque, entonces ya eran las siete y media y empezamos el camino de vuelta. Esta vez íbamos un poco más rápido. Llegamos a casa a las ocho menos diez, y cada uno se fue a su baño para darse una ducha rápida. Me entretuve un poco secándome el pelo y peinándome con una trenza de raíz que me recogía el largo flequillo. Se me había ondulado el pelo por la humedad, pero me daba igual, no iba a hacer nada importante hoy. Al salir del cuarto me topé con mi madre, que iba con su ropa de sábado y con la bata de estar por casa. —Buenos días— me saludó —¿Qué tal ha ido el footing?— añadió. —Bien. También he ensayado el baile de las animadoras y las piruetas con papá— respondí sonriente. Bajamos una detrás de otra, las escaleras y miramos a mi padre a la vez, que ya se había duchado y estaba leyendo el periódico que dejaban en la puerta las mañanas. Mi madre se acercó a él y le besó, después de eso fue a prepararse el desayuno. De repente sonó el teléfono y fui disparada a coger el que estaba encima de la encimera. 
—¿Sí?— pregunté.
—Hola Emma.— Saludó una voz femenina. Era Sophie —Te llamaba para darte las gracias por lo de ayer.
—¿Y no te ha preguntado que por qué has llegado tan pronto a casa?—dije después de mirar el reloj de la cocina que marcaba las ocho y cuarto.
—No. Ya sabe que haces footing los sábados y que yo no quería ir. Bueno se lo dije porque tu insistías en que fuese contigo a correr...
—Ah, ya— le corté —bueno, ya me contarás el lunes qué tal fue todo.
—De acuerdo— dijo riéndose —hasta el lunes.
—Adiós— y colgué.
No quise alargar más la conversación, por si las moscas. Dejé el teléfono otra vez en la encimera y me senté en el sofá. Cogí el mando de la tele y la encendí. Empecé a ver las noticias matinales, lo más interesante que daban a esa hora. 



Gracias por leer. Suscribiros y comentad aquí debajo. Un beso.

lunes, 16 de enero de 2012

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Poema: La magia de algo inexistente

Eres increíble, indescriptible; aunque confieso que aveces tu comportamiento te hace indeseable,
igualmente no hay nadie que sepa hacerme sonreír de esa manera tan inexplicable.
Por ti recorrería tierra, mar y aire, incluido detrás de cada estrella
para conseguir, cómo última cosa si se acabara el mundo esa cosa tan bella,
eso que sólo tú sabes darme, tú sólo sabes cómo y dónde y de qué manera.
Porque por ese último beso daría lo que fuera aunque todo el mundo me dijese que me rindiera.
Nadie, ni yo misma podría explicar lo que se siente, lo que realmente me hacen sentir tus besos,
tus caricias, tus miradas, tus sonrisas, tus abrazos y tus "te quiero" susurrados.
El amor es algo que nadie puede entender, nadie comprende y nadie es culpable de nada;
no es ni una reacción química ni el comparable ritmo de una complicada y lenta balada,
sólo es un sentimiento, algo que dos personas sienten a la vez, algo que nada lo corrobora.
Se necesitan dos corazones latiendo a la par sin fechas y días u horas.


Poema hecho por mí.

Carla.


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¿Cómo poner música en vuestro Tumblr? (SOLUCIONADO)

"Este tutorial puede ayudaros igual que lo ha hecho hasta ahora pero, después de unos ciertos problemas que ha dado el servidor de SCM Music Player, decidí hacer un vídeo para solucionarlo. Aquí tenéis el enlace al post con dicha solución".

El otro día me preguntaron ¿cómo pones música a Tumblr? Y entonces me he decidido a hacer un "minitutorial" bastante fácil de cómo lo hice. También usando esto puse la música en el blog, pero luego no podíais comentar y lo tuve que quitar. Bueno, aquí os lo dejo. Si tenéis dudas, comentad :)
Dirección de mi Tumblr: http://carlaspage.tumblr.com/ 







miércoles, 11 de enero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cinco

—¿Está Sophie contigo, verdad?- dijo. De repente vi que mi madre abrió la puerta y le hice un gesto con la mano para que se fuese —¿Emma?— preguntó Lina.
—Sí, sí. Sí, está conmigo. Hemos estado estudiando un poco y luego hemos hecho… de las nuestras.
—Muy bien- pude oír que soltaba una risilla y sonreí —bueno cariño, os dejo tranquilas. Dale recuerdos a tus padres.
—De acuerdo. Buenas noches Lina.
—Buenas noches y colgó.
Me apoyé en el armario y me dejé caer por él hasta sentarme en el suelo y resoplé. Por los pelos. Al decir eso mi madre entró en el cuarto. —¿Quién era?— preguntó.
—La madre de Sophie. Le he dicho que estaba conmigo y que habíamos estudiado y eso.
—De acuerdo dijo y suspiró mientras sonreía —me acuerdo de cuando hacía cosas de éstas. Pero como las hacía sola y me escabullía por ellas sola, tú también tienes que hacer lo mismo, siempre te lo digo: Nunca hagas cosas de las que te puedas arrepentir—. Me lo repetía miles y miles de veces, pero tenía razón. Pero tampoco iba a ser tan mala y tan egoísta como para decirle que no a Sophie. Ella siempre me había sacada de muchos apuros y se lo debía. —Bueno cariño, te dejo dormir. Buenas noches— y al decir eso se acuclilló y me besó en la frente. Al salir cerró la puerta silenciosamente. Miré la hora en la pantalla digital del teléfono que tenía en la mano: Las nueve de la noche. Era tarde, y  mañana me tenía que levantar a las seis y media para ir a correr con mi padre. Me fui con paso decidido a la cama, dejé el inalámbrico en la mesilla y me arropé bien, mañana sería un sábado muy largo.

Me desperté con el estruendo del dichoso despertador. Sin abrir aun los ojos, fui palpando en la mesilla hasta que encontré el botón del despertador. Me giré y me puse boca arriba, me froté los ojos y me levanté de la cama. Abrí un poco las ventanas y pude observar que aun no había acabado de amanecer. Me fui al baño contiguo a mi habitación y me miré en el espejo: tenía los cabellos alborotados y mucho sueño. Me lavé la cara y me hice una coleta alta. Entré otra vez a mi cuarto y rebusqué en el armario la ropa de deporte. No tuve que buscar mucho, ya que era el único chándal que tenía. Me lo puse y acto seguido me coloqué las bambas que estaban debajo de mi cama. Antes de salir por la puerta y bajar las escaleras, al pasar por delante del baño, me volví a mirar en el espejo y me coloqué bien la chaqueta. Salí por la puerta y la cerré. Bajé deprisa las escaleras a la vez que tenía muy en cuenta que me había caído por ellas la noche anterior. Fui a la cocina, mi padre ya estaba bebiéndose su zumo de naranja.
—Hola papá— dije sin  mucho entusiasmo. Él notó mi tono de voz y sonrió.
—Venga, Emma. Es sábado, alégrate. Sólo son veinte kilómetros, diez de ida y diez de vuelta, no es tanto.
—Ya, si no es eso. Es que estoy muerta de sueño, cada vez amanece más tarde por la mañana, y supongo que eso afecta a mi estado de ánimo— sonreí. Mi padre soltó un par de carcajadas y me ofreció un vaso con zumo mientras él daba un trago al suyo. —Gracias—. Siempre bebíamos un zumo de naranja antes de ir a hacer footing, Nunca comíamos nada, pero nunca nos íbamos sin habernos tomado antes nuestro zumo. Me lo bebí en tres tragos y lavé los dos vasos en un momento.


Gracias y comentad y suscribiros. :)

domingo, 8 de enero de 2012

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Información: Sobre la música

No he encontrado otro reproductor para el blog que funcione como yo quiero así que, de momento, no tendréis música pero si que ya podréis comentar aquí.


Gracias.

miércoles, 4 de enero de 2012

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Información: Error en los capítulos

Bueno, os explico. Había programado un capítulo para que se subiese solo y cuándo lo he mirado ahora, no me cuadraba. Total, que la semana pasada colgué el capítulo tres poniendo que era el dos, vamos, que os adelanté un capítulo. Lo que he hecho es colgar el que es el DOS, otra vez el TRES y el que tocaría hoy que es el CUATRO. Como el dos realmente no lo habéis leído, os aconsejo que lo leáis.

Lo siento, enserio.


Gracias :)
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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cuatro

Estuve unos cinco minutos presionando la herida con una camiseta vieja hasta que llegó Brandon, el vecino médico.
—¿Qué ha pasado Emma? No importa. Déjame ver esa herida- dijo mientras miraba y apretaba un poco la zona de la herida, que era la frente. —¿Te duele?—.
—Un poco, sí- me dolía mucho.
—Tendré que ponerte puntos— dijo rebuscando en el botiquín — pero tranquila, son esos de papel- y me sonrió. La verdad es que era un vecino ejemplar, siempre nos ayudaba cuándo se lo pedíamos. Me caía bien.
Me colocó los puntos, y nos dijo que en un par de días se pasaría a ver qué tal lo llevaba. Nos despedimos de él y se fue. Ahora sí que todo iba con total normalidad, a pesar de mi caída. Ayudé a mi madre a acabar de poner la mesa y nos sentamos todos juntos a cenar. Estuvimos hablando de muchas cosas, desde política hasta las típicas batallitas que contó mi padre. Cuándo acabamos de cenar, me permití el lujo de fregar todos los platos y hacerles un café a mis padres, después de eso me despedí de ellos y me fui a la cama. Antes de acabar de subir el último escalón, me paré a oír lo que se decían mis padres entre ellos, pero lo único que pude escuchar fueron palabras sueltas, porque hablaban bastante bajito. Algunas de esas palabras fueron: Emma, buena chica y Jason. Mi madre siempre le contaba todo a mi padre y claro, lo de Jason era de esperar. Suspiré y entré en mi cuarto y cerré la puerta. Me desvestí y cogí el pijama del tercer cajón de la mesilla. Me lo puse lo más rápido que pude para no congelarme en el intento. Era un pijama muy sencillo que me regaló mi padre las Navidades pasadas al volver de Canadá. Y la verdad, me gustaba mucho: la parte de arriba era gris con la hoja de la bandera en la parte de delante, y los pantalones eran grises con rayas que se cruzaban entre ellas en rojo.
Estuve un buen rato haciéndome peinados delante del espejo cuando escuché que alguien subía por las escaleras. Me sacudí el pelo y me metí como pude en la cama. Me hice la dormida. Alguien abrió la puerta y entreabrí un ojo: era mamá. Volví a cerrar el ojo y me giré hacia la pared. Noté como mi madre se sentó en la cama y me pasaba la mano por la espalda. Me dio un beso en la coronilla y se fue. De repente sonó el teléfono, me quedé bloqueada. Podía oír los latidos de mi corazón en los oídos. Me levanté corriendo a coger el teléfono de mi mesilla. No me lo pensé más y descolgué.
—¿Sí, quién es?- pregunté.
—Hola Emma, soy Lina, la madre de Sophie.
—Ah, hola Lina. ¿Qué quería?— pregunté con un hilo de voz.



Gracias por leer. El próximo miércoles, más. Comentad aquí abajo y suscribiros.
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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Tres



Decidí avisar a mi madre, ella no diría nada a nadie. Ella me entiende, entiende todo lo que me pasa. Volví a la cocina y se lo conté. Me dijo que si llamaba la madre de Sophie, no lo cogería ella y me tendría que encargar yo de todo lo demás. Yo me había metido en esto, y yo sola debería resolverlo, me dijo. Y era verdad. Cuando acabé de hablar con ella, subí a mi cuarto. Entré y cerré la puerta. Cogí mi libro de poesía y empecé a leer. La poesía era algo que me encantaba, y aunque no se me daba muy bien escribirla, leerla era algo mágico, me absorbía. Simplemente era mi mejor remedio para evadirme de todo,  ya fuesen problemas o simples pensamientos a los que no quería darle más vueltas.
Cuando me cansé de leer, dejé el libro en la mesilla y me levanté de la cama. Me senté en el saliente de la ventana recogiendo mis piernas entre mis brazos. Estuve observando cada detalle de esa estampa de invierno y a pesar de que mi reloj marcaba las siete de la tarde, ya había oscurecido total y absolutamente. Las únicas luces eran las de las farolas y las de los pocos coches que cruzaban la calle. Pasaron también, dos personas por delante de casa, un chico y una chica que iban cogidos de la mano. Se miraron un par de veces y sonrieron antes de desaparecer en la oscuridad del final de la calle. Todo era perfecto, todo menos mi vida. Yo siempre había deseado una vida perfecta, algo con lo que soñaba muchas veces. Muchos de mis compañeros me repetían que mi vida era perfecta, pero yo no lo veía de la misma manera. Vale, era chica de ocho y nueve en exámenes, y que vivía en una de las típicas casas de película: dos plantas y acogedoramente decorada; y vale que nunca nos ha faltado dinero en casa por lo que he podido comprobar. Pero aunque todo esto fuese el prototipo de vida perfecta, realmente no era así. Yo también daba portazos cuando me enfadaba con mis padres, yo también tenía y tengo bajones de ánimo y lloro y no sé ni el porqué. Y hablando de mí, tampoco es que sea perfecta. Soy de las típicas que prefiere sudadera y tejanos los cinco días de la semana y sí, arreglarse mona el fin de semana. Muchas dicen que me tienen envidia, pero no sé de qué: soy castaña con ojos azules y de un metro y sesenta centímetros de altura. Pelo largo, eso sí. Y sin flequillo, todo largo. La verdad, no soy la perfección materializada. Después de estar hablando conmigo misma mientras observaba el mundo por una ventana, escuché el timbre de casa, seguro que era mi padre. Salí como una flecha de mi cuarto y en un intento de saltar en dos veces las escaleras, me caí de morros al suelo. Me di en toda la cabeza. Me pasé la mano por la frente y luego la miré, y efectivamente: me había abierto la cabeza, literalmente.
—¿Qué te ha pasado cielo?— preguntó mi madre, asustada.
—Nada importante, sólo que me he caído escaleras abajo, pero sólo es un corte, no importa. Antes de nada abre a papá, se estará congelando-. Y sin decir nada, fue a abrir. Yo de mientras, me levanté y me miré en el espejo del recibidor. Me sangraba un poco, pero no era de importancia. Mientras miraba mi fascinante herida, mi padre me dio un beso en la mejilla y seguidamente me preguntó, igual que mi madre, que había ocurrido. Se lo expliqué y decidió llamar a nuestro vecino que era médico, para que me mirase, porque aunque no era grave, no me paraba de sangrar.






Gracias y comentad. Suscribiros y un beso :)