miércoles, 4 de enero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cuatro

Estuve unos cinco minutos presionando la herida con una camiseta vieja hasta que llegó Brandon, el vecino médico.
—¿Qué ha pasado Emma? No importa. Déjame ver esa herida- dijo mientras miraba y apretaba un poco la zona de la herida, que era la frente. —¿Te duele?—.
—Un poco, sí- me dolía mucho.
—Tendré que ponerte puntos— dijo rebuscando en el botiquín — pero tranquila, son esos de papel- y me sonrió. La verdad es que era un vecino ejemplar, siempre nos ayudaba cuándo se lo pedíamos. Me caía bien.
Me colocó los puntos, y nos dijo que en un par de días se pasaría a ver qué tal lo llevaba. Nos despedimos de él y se fue. Ahora sí que todo iba con total normalidad, a pesar de mi caída. Ayudé a mi madre a acabar de poner la mesa y nos sentamos todos juntos a cenar. Estuvimos hablando de muchas cosas, desde política hasta las típicas batallitas que contó mi padre. Cuándo acabamos de cenar, me permití el lujo de fregar todos los platos y hacerles un café a mis padres, después de eso me despedí de ellos y me fui a la cama. Antes de acabar de subir el último escalón, me paré a oír lo que se decían mis padres entre ellos, pero lo único que pude escuchar fueron palabras sueltas, porque hablaban bastante bajito. Algunas de esas palabras fueron: Emma, buena chica y Jason. Mi madre siempre le contaba todo a mi padre y claro, lo de Jason era de esperar. Suspiré y entré en mi cuarto y cerré la puerta. Me desvestí y cogí el pijama del tercer cajón de la mesilla. Me lo puse lo más rápido que pude para no congelarme en el intento. Era un pijama muy sencillo que me regaló mi padre las Navidades pasadas al volver de Canadá. Y la verdad, me gustaba mucho: la parte de arriba era gris con la hoja de la bandera en la parte de delante, y los pantalones eran grises con rayas que se cruzaban entre ellas en rojo.
Estuve un buen rato haciéndome peinados delante del espejo cuando escuché que alguien subía por las escaleras. Me sacudí el pelo y me metí como pude en la cama. Me hice la dormida. Alguien abrió la puerta y entreabrí un ojo: era mamá. Volví a cerrar el ojo y me giré hacia la pared. Noté como mi madre se sentó en la cama y me pasaba la mano por la espalda. Me dio un beso en la coronilla y se fue. De repente sonó el teléfono, me quedé bloqueada. Podía oír los latidos de mi corazón en los oídos. Me levanté corriendo a coger el teléfono de mi mesilla. No me lo pensé más y descolgué.
—¿Sí, quién es?- pregunté.
—Hola Emma, soy Lina, la madre de Sophie.
—Ah, hola Lina. ¿Qué quería?— pregunté con un hilo de voz.



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