miércoles, 29 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Doce

Creo que fueron los tres segundos más largos de mi vida. De repente noté como mi madre me abrazaba y me besaba el hombro. —Me alegro, cariño— dijo sonriente. Le devolví una sonrisa dulce. —Pero que sepas que, a la guerra no se va sin casco— soltó en tono más serio. Me quedé pensando hasta que al final lo entendí. No supe que decir. 
—Pero, mamá. No llevamos ni dos días— dije avergonzada. 
—Bueno, es lo único que puedo decirte, Emma. Ya sé que en el instituto te dan clases de sexualidad pero soy tu madre y debo decírtelo— dijo seria. —De acuerdo— dije aun un poco colorada —¿te ayudo?— me apresuré a decir señalando las tostadas.
—Sabes que lo digo por tu bien— dijo frunciendo el ceño.
—¡Lo sé, lo sé, lo sé!— dije interrumpiéndola. Cerré los ojos y apreté los labios. Respiré hondo. —Lo siento, mamá— me arrepentía.
—No importa— dijo en un suspiro —sé que al principio cuesta hablar de todo esto, pero ya verás que al final me lo contarás todo. De cabo a ra...— le callé con mi mano antes de que dijese la mayor tontería más avergonzante e incómoda. Ese juego de palabras en ese contexto era ya demasiado.
—Ya está, ¿vale?— sonreí sarcásticamente, asustada. Ella se intentó disimular una risa que era demasiado obvia. Suspiré y parpadeé repetidas veces intentando asimilar todo aquello que mi madre me había dicho. —Voy preparando el zumo de naranja— conseguí pronunciar.
—De acuerdo— contestó.
Corté las cinco naranjas por la mitad, bajo la mirada de reojo de mi madre, aún con esa pícara sonrisa en los labios. Me sentía observada, pero a la vez aliviada. Sabía que el tema debía salir, sí o sí, pero no de esa manera. No me lo esperaba, pero ya estaba hecho. Suponía que mi madre se lo diría a mi padre así que me ahorraría una incómoda charla, creo. 

Después de desayunar todos juntos y de que mi madre sacase el tema de Jason mientras bebía mi zumo de naranja, lo demás había ido bastante normal. Escupir el zumo de golpe y casi ahogarte con él, no es que pase todos los días así que, eso era lo único anormal en esa mañana. Supongo que mis padres se tomaron bastante bien lo de Jason, aunque la verdad, disimulaban muy mal esa sonrisa un tanto nostálgica y típica de “mi niña se ha hecho mayor”. La verdad es que, o pensaban demasiado alto o era evidente lo que significaba esa sonrisa. Yo también estaba feliz, y no sólo por tener a alguien que de verdad valora como eres, también por mis padres. Es como un jarro de agua fría el alejamiento tan repentino y aveces el reproche que se les tiene a esta edad. Pero yo no quería separarme de ellos, les quería demasiado. Sí, muchas veces había deseado escaparme a algún otro lugar de este mundo pero, después me arrepentía y pensaba lo mucho que les echaría de menos. Ellos eran todo lo que tenía hasta ahora, para mí. Ahora también estaba Jay, sí. Él era ese chico que aceleraba mi corazón con solo acariciarme o mirarme; era la última pieza del puzzle, esa que siempre se perdía, pero yo la busqué bien y la encontré. Él era la última pieza para completarlo todo, él era lo único que me faltaba para ser completamente feliz.




Gracias por todo. Os adoro, ¿lo sabéis? Comentad aquí abajo y no olvidéis preguntadme lo que no entendáis. Si queréis que haga algún tutorial de cómo se hace algo, tipo el que hice de Tumblr, pedídmelo.

miércoles, 22 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Once

Me quedé congelada. La carta era un simple folio en blanco, pero al final había algo escrito: —No tengo palabras para decirte lo mucho que siento por ti. Te amo Eme. P.D: Si no te importa, mira la bandeja de entrada de tu móvil—.
Creía que sabía de quién eran aquellas dulces palabrejas, pero decidí comprobarlo y mirar mi móvil. Volví a doblar la carta y me la guardé en el bolsillo delantero de la sudadera y tiré el sobre a la papelera. Lo rompí en cuatro trozos, por si acaso. Subí de dos en dos las escaleras y entré en mi habitación y rebusqué en ella el teléfono. De repente escuché la alerta del mensaje del móvil y me detuve a escuchar de dónde provenía la melodía. Encontré el móvil debajo de la cama; ni yo misma sabía que hacia allí. Lo desbloqueé y le di a “Mostrar” a un mensaje de “número desconocido”. Cuando acabó de cargarse, empecé a leerlo: Ya veo que tienes interés en saber quién soy. Pues soy ese alguien al que le has robado el corazón. Hoy no podremos vernos porque tengo que estudiar para unas pruebas de acceso a una Universidad, no muy lejos de aquí. P.D: Qué sepas que lo de biología va enserio. Te quiero.
Sonreí y me sonrojé. Pataleé de la emoción y la alegría. Pensé en todo el tiempo que pasamos juntos, no sabía cómo no me pude dar cuenta. Mi madre tenía razón: él llevaba tiempo enamorado, en secreto, de mí. Ahora me daba cuenta de por qué me escogió aquél día jugando a “Prueba o Verdad”. No fue porque tenía confianza conmigo, me besó porque le gustaba. Y me acordé de muchos detalles que hicieron cambiar mi punto de vista. En realidad todo había sido muy precipitado y confuso, pero espero que valiera la pena. De tanta emoción y alegría deseé hacer la mayor locura y tontería. Y no me lo pensé dos veces. Cerré los ojos, apreté los puños y me giré para abrir la puerta de mi habitación como si fuese la última cosa que hiciese en el mundo. Arranqué a correr por el pasillo y fui directa a la habitación de mis padres. Dormían plácidamente hasta que aparecí yo y salté cayendo en plancha en su cama, entre los dos. Me empecé a reír, ellos más bien, no se lo esperaban. Se giraron los dos hacia mí y se miraron a los ojos, entre ellos. De repente los dos me empezaron a hacer cosquillas, eso si que era una sorpresa. Me empecé a revolver al más puro estilo “rollito de primavera” deshaciendo así, toda su cama. Pararon y suspiré aliviada. Di un beso en la mejilla a cada uno y me incorporé y me levanté de la cama. Mi madre hizo lo mismo mientras que mi padre se volvió a tapar con las sábanas. —Un ratito, Harry— dijo mi madre a mi padre, con los brazos en jarra. 
—Un rato— dijo mi padre entreabriendo un ojo y acurrucándose. Mi madre puso los ojos en blanco y salió de la habitación; yo hice lo mismo. La seguí hasta la cocina y me senté en la encimera mientras ella sacaba todos los ingredientes, platos y vasos para el desayuno. Yo miraba por la ventana, recordándolo todo, cada detalle. Sonreí. Supongo que era demasiado evidente, y mi madre me preguntó: —¿En quién piensas, Emma?— dijo. Me giré sorprendida. Había dado en el clavo. En quién pensaba, qué lista era. Se me escapó una carcajada mientras me miraba los dedos de los pies. —Pues, en una persona especial— dije mirándole a los ojos. Abrió la boca y se la tapó con la mano. Le di un empujón para que parase de hacer tonterías y nos reímos. 
—Va, venga. Dímelo— dijo guiñándome un ojo.
—Vale— solté, alargando mucho esa palabra —pues pienso en él. Jason. Me quiere. Y yo a él.— fui diciendo, cortando las frases. Cerré los ojos con fuerza para escuchar lo que me diría mi madre.





Por fin habéis podido comprobar que hay en la carta. Lo siento por equivocarme al ponerlos hace unas dos semanas. Lo siento. Qué sepáis que sois los mejores lectores del mundo, ¿si? 

Besitos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Diez

Después de cenar y despedirme de mis padres para irme a dormir, me tumbé en la cama, boca arriba, pensando. ¿Había hecho lo correcto? No lo sé. Me había dejado llevar por lo que me decía el corazón ya que no tuve tiempo de pensar. Era complicado, porque si esto salía mal... Yo no quería separarme de Jason por nada del mundo. Le quería, pero no sabía de que manera. Puede que sí sintiese algo por él, mi corazón se aceleraba cada vez que él se acercaba. Yo quería que esto saliese bien, no quería perder a Jason. Era demasiado importante. Era toda mi infancia, toda mi vida prácticamente. Con él había encendido mi primer petardo, con él había ido a esquiar por primera vez... No quería perderle, pero no sabía si había dado el primer paso para perderle o el primer paso de algo mucho mejor para los dos. Igualmente no podía creer que estuviese pasando. Todo era irreal pero perfecto. Eramos uña y carne, pero no sabía si eso era un punto a favor o en contra. Solo me quedaba esperar y cruzar los dedos. No quería hacerle daño, pero no quería tampoco ser egoísta. No quise pensar más en eso. Me giré de lado y cerré los ojos. Todo lo que debía pasar, pasaría y punto. Cerré los ojos aun con más fuerza y respiré hondo. Relajé todo mi cuerpo. Un escalofrío lo recorrió de punta a punta. Sin saber porqué me acurruqué y se apareció nuestro beso en mi mente. Lo podía ver como si de una película se tratara. El vello se me erizó al recordarlo. Pasé con delicadeza la lengua por mis labios; podía recordar su sabor. Volví a rodar por la cama hacia el lado opuesto al que estaba. Algunos mechones me resbalaron por la cara y me sorprendí que, olían a él. Recordé que me puse su casco, así que ya no me extrañaba. Me lo retiré de los ojos. Me volví a girar. No podía dormirme. El pelo volvió a resbalar por mi rostro y me cansé. Me incorporé y palpé por la mesilla hasta que encontré la goma de pelo. Me hice una trenza de lado, bastante desecha, y volví a tumbarme. Cerré los ojos y al poco rato, conseguí conciliar el sueño.

Mi mente volvió a la realidad. No había abierto aun los ojos, pero notaba el calorcito de los rayos del sol en mi cara. Entreabrí los ojos y me los froté. Me destapé y me congelé, literalmente. Me puse la bata que tenía colgada detrás de la puerta y las zapatillas. En ese momento me di cuenta de que el despertador no había sonado; entonces recordé que mi madre me había comprado uno nuevo, que ya lo tenía desde el lunes pasado. Era “ultramoderno”, porque podías hasta escoger los días de la semana que querías que sonase, a qué hora cada día y elegir entre cuatro melodías. Y claro, le puse que el domingo no sonase. Suspiré y sonreí al volver a recordarle. No quise pensar más. —Todo llegará, Emma— me dije a mi misma pensando ya, en cuándo lo volvería a ver.

Encaminé hacia las escaleras después de arreglarme con la ropa de domingo. Un chándal. Las iba bajando con cuidado cuando me acordé de la herida y di media vuelta y volví a mi habitación. Corrí hacia el baño y me miré en el espejo: los puntos estaban en su sitio. Suspiré. Pensé en como Jason no se dio cuenta, quizás por el gorro. Volví a bajar ya más tranquila. Aun no había nadie despierto. Abrí la puerta para recoger el periódico de la mañana y al volver a entrar, mi pie derecho resbaló con algo. Pude retomar mi posición antes de volver a besar el suelo. Me giré y vi una carta. Se podía leer escrito a mano: Para Emma. Y nada más. Dejé caer el periódico sobre el mármol de la cocina e inspeccioné otra vez la carta, sentada en la butaca. Con la uña y un poco de delicadeza pude abrir el sobre sin romperlo. Era letra escrita a mano, pero así a primera vista no reconocía la letra. La saqué de su envoltorio y la desplegué. 



Os comento que, sé que este capítulo ya lo habéis leído pero, si leéis la entrada anterior, os había explicado que me equivoqué al colgar los capítulos. Entonces lo que hice fue colgar este capítulo, el diez, poniendo que era el nueve, y el nueve saltármelo. Lo arreglé, así que si no habéis leído el anterior, el verdadero nueve, leedlo porque, ¿a qué no queréis perderos lo que más ansiáis entre Jason y Emma? Pues ya sabéis. Releed este por si no os acordáis. Besitos y, lo siento, otra vez. 


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viernes, 10 de febrero de 2012

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Información: Importante

Perdón por ser así de despistada. Me he vuelto a confundir con los capítulos, esta vez he colgado el diez diciendo que era el nueve; pero en realidad no tocaba ese. Leeros el NUEVO nueve, porque es muy romántico y bonito :)

miércoles, 8 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Nueve

Aparcó la moto delante del portal. Me quité el casco y miré mi reloj: las siete menos cuarto. Habíamos llegado bastante pronto y decidí quedarme a hablar un rato. Me senté en la moto, delante, pero dándole la espalda al manillar. Él se sentó de cara a mí, en el asiento del copiloto. Nos quedamos hablando hasta que oscureció bastante y decidí que ya era la hora de entrar en casa. 
—Creo que me voy ya— dije mirando mi puerta.
—Vale— dijo y se bajó antes que yo y se quedó a un lado de la moto, de pie. Pasé mi pierna izquierda por encima de la moto y la junté con la derecha quedando así, delante de él. Se sacó el gorro y me lo puso. Volvió a estirar de las trenzas y las mantuvo cogidas. Por más que quisiera, no podía apartar el gorro de los ojos. De repente noté su aliento en mi mejilla. Se fue acercando a mi oreja y me susurró:
—Nunca había sentido esto antes. Pensaba que todo seguiría igual hasta que te volví a ver. Ahora te preguntarás que, a que me refiero,— dije que sí con la cabeza —pues que me gustas, Emma.
Calló durante unos segundos. Palpé con mi mano su brazo, hasta encontrar su pecho. Su corazón latía fuerte, como el mío. Nunca me lo había imaginado de esta manera, quizás sí que sentía algo por él, pero me quedé paralizada. Notaba como mi respiración se entrecortaba. Noté que soltó las trenzas del gorro y entonces me lo aparté de los ojos. Jason tenía la mirada fija en el suelo.
—Jason... Creo que...— no encontraba las palabras, todo mi vocabulario se había reducido a la nada. Le estiré de la cazadora hacia mí y cerré los ojos con fuerza. Le besé. Se apartó un poco y me miró. Me levantó de la moto y me cogió en volandas sin dejar de mirarme. Me tuve que coger a su cuello con mis brazos y a su cintura con mis piernas. Acercó sus labios a mí y nos fundimos en un largo beso.
No sé cuánto duró ese beso ni me importaba. Nos separamos y nos miramos a los ojos. Sonreímos. Él me bajó al suelo, Nunca me había fijado en que me sacaba una cabeza en altura. Las piernas me temblaban y las mejillas me ardían.
—Creo que ahora sí que me voy— dije mirando al suelo, un poco avergonzada.
—De acuerdo— dijo acercándose. Le abracé y pude escuchar su corazón, ya más relajado. Sonreí y le miré. Me besó en la frente y se fue alejando hacia su moto. Esperé en las escaleras hasta que se puso el casco y se montó en la moto. Me miró y le mandé un beso soplando con la mano. Vi que se alejaba y me giré pero, nada más hacerlo, oí rugir la moto más que nunca. Me volví hacia la carretera y vi que había soltado el manillar aun así con la moto en marcha y rodando, para hacer un corazón con las manos por encima de su cabeza, de espaldas a mí. Acabé de subir las escaleras y antes de girar la llave cerré los ojos y respiré hondo. Abrí la puerta y entré. Dejé el gorro y la chaqueta en el perchero y me miré al espejo, me sentía completa. En ese momento era plenamente feliz, aunque nunca me hubiese imaginado que él, Jason, me haría sentirme de esta manera.




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miércoles, 1 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ocho

Cuando fueron las seis y media, Jason se ofreció a llevarme a casa. Le dije que sí y nos dirigimos hacia el párking. Cuándo llegamos vi que él buscaba algo, pensé que serían los guantes. Los saqué del bolsillo y se los enseñé. —Estaban en el asiento— maticé.
—Gracias, soy un despistado— dijo mientras se frotaba el pelo.
—No hay de qué. Esto, Jason... ¿esta vez llevarás dos cascos, verdad?— dije con cara de asustada.
—Creo que no— respondió sin miramientos —yo te dejo el mío.
—Pero Jason... ¡No puedes ir sin casco!— dije histérica.
—Claro que sí— dijo tranquilo —no pasará nada. Va, súbete— y sonrió.
Antes de ponerme el casco, me acordé de que llevaba el gorro puesto así que me lo quité y se lo puse a Jason ya sentada en la moto. Me miró extrañado y suspiró. Me puse el casco. Él hizo rugir la moto un par de veces. Dio la vuelta al párking y aceleró hasta la carretera. Esta vez, intentaba mirar por encima de su hombro, aferrándome a él como un mono. En una de esas miradas vi un semáforo en rojo a lo lejos. Supe que Jason no pararía. Seguí mirando y vi que un gato que casi no se distinguía con la carretera, cruzaba por ese semáforo. Y claro, era un gato, no sabía lo que era un cruce.
—¡Jason, para!— grité.
—¿Qué?— contestó, girándose un poco hacia mí.
—¡Para!— grité otra vez.
Frenó bruscamente. Pude oír chirriar la rueda y oler a goma quemada. Se paró justo delante del gato. Me quité el casco y bajé de la moto. Dejé el casco en el suelo y cogí al gato. Lo acaricié un par de veces y lo dejé en el otro lado del cruce. Me giré y fulminé a Jason con la mirada. Si las miradas mataran, él estaría más que carbonizado.
—¿Estás loco o qué te pasa?— dije frustrada.
—Sólo era un gato— dijo sin mirarme a la cara. Eso me dolió mucho, y más viniendo de él. No quería reconocer que había hecho mal. Me acerqué y le estampé mi mano derecha en su mejilla izquierda. Suspiró y sin mirame, me abrazó.
—Lo siento, Emma— dijo con un hilo de voz. Me apartó un poco. Fue bajando sus manos de mis brazos a las mías. Me miró a los ojos. Me quedé totalmente paralizada y lo único que oía era mi corazón al galope.
—No volverá a pasar, lo prometo— dijo finalmente. Apretó los labios.
—Vale— y sonreí. Me puse de puntillas y le besé en la mejilla con la marca colorada en forma de mano. —Yo sí que lo siento— dije mirando esa mejilla.
—No pasa nada, pequeña— dijo alborotándome el pelo con una mano. En respuesta a eso, le estiré de las trenzas del gorro, como él me hizo a mí. Corrí hacia el casco y me lo puse lo más rápido que pude y subí a la moto, aparcada en un lado de la carretera. Cuando Jason consiguió apartarse el gorro de los ojos, se giró y me miró sonriente. Se montó delante y se giró hacia mí.
—Eres mala— dijo entre carcajadas.
—Bueno, ya me conoces. Dónde las dan...
—Las toman— dijo sin dejarme acabar la frase. Sonreímos y retomamos otra vez la carretera hacia mi casa.


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