miércoles, 1 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ocho

Cuando fueron las seis y media, Jason se ofreció a llevarme a casa. Le dije que sí y nos dirigimos hacia el párking. Cuándo llegamos vi que él buscaba algo, pensé que serían los guantes. Los saqué del bolsillo y se los enseñé. —Estaban en el asiento— maticé.
—Gracias, soy un despistado— dijo mientras se frotaba el pelo.
—No hay de qué. Esto, Jason... ¿esta vez llevarás dos cascos, verdad?— dije con cara de asustada.
—Creo que no— respondió sin miramientos —yo te dejo el mío.
—Pero Jason... ¡No puedes ir sin casco!— dije histérica.
—Claro que sí— dijo tranquilo —no pasará nada. Va, súbete— y sonrió.
Antes de ponerme el casco, me acordé de que llevaba el gorro puesto así que me lo quité y se lo puse a Jason ya sentada en la moto. Me miró extrañado y suspiró. Me puse el casco. Él hizo rugir la moto un par de veces. Dio la vuelta al párking y aceleró hasta la carretera. Esta vez, intentaba mirar por encima de su hombro, aferrándome a él como un mono. En una de esas miradas vi un semáforo en rojo a lo lejos. Supe que Jason no pararía. Seguí mirando y vi que un gato que casi no se distinguía con la carretera, cruzaba por ese semáforo. Y claro, era un gato, no sabía lo que era un cruce.
—¡Jason, para!— grité.
—¿Qué?— contestó, girándose un poco hacia mí.
—¡Para!— grité otra vez.
Frenó bruscamente. Pude oír chirriar la rueda y oler a goma quemada. Se paró justo delante del gato. Me quité el casco y bajé de la moto. Dejé el casco en el suelo y cogí al gato. Lo acaricié un par de veces y lo dejé en el otro lado del cruce. Me giré y fulminé a Jason con la mirada. Si las miradas mataran, él estaría más que carbonizado.
—¿Estás loco o qué te pasa?— dije frustrada.
—Sólo era un gato— dijo sin mirarme a la cara. Eso me dolió mucho, y más viniendo de él. No quería reconocer que había hecho mal. Me acerqué y le estampé mi mano derecha en su mejilla izquierda. Suspiró y sin mirame, me abrazó.
—Lo siento, Emma— dijo con un hilo de voz. Me apartó un poco. Fue bajando sus manos de mis brazos a las mías. Me miró a los ojos. Me quedé totalmente paralizada y lo único que oía era mi corazón al galope.
—No volverá a pasar, lo prometo— dijo finalmente. Apretó los labios.
—Vale— y sonreí. Me puse de puntillas y le besé en la mejilla con la marca colorada en forma de mano. —Yo sí que lo siento— dije mirando esa mejilla.
—No pasa nada, pequeña— dijo alborotándome el pelo con una mano. En respuesta a eso, le estiré de las trenzas del gorro, como él me hizo a mí. Corrí hacia el casco y me lo puse lo más rápido que pude y subí a la moto, aparcada en un lado de la carretera. Cuando Jason consiguió apartarse el gorro de los ojos, se giró y me miró sonriente. Se montó delante y se giró hacia mí.
—Eres mala— dijo entre carcajadas.
—Bueno, ya me conoces. Dónde las dan...
—Las toman— dijo sin dejarme acabar la frase. Sonreímos y retomamos otra vez la carretera hacia mi casa.


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1 comentario :

  1. Tía, me lo como. JAJAJJAJAJ, eres una brutaaaaaaaaaaa, pegándole .l. Me encanta:3 Siguiente!

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