miércoles, 22 de febrero de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Once

Me quedé congelada. La carta era un simple folio en blanco, pero al final había algo escrito: —No tengo palabras para decirte lo mucho que siento por ti. Te amo Eme. P.D: Si no te importa, mira la bandeja de entrada de tu móvil—.
Creía que sabía de quién eran aquellas dulces palabrejas, pero decidí comprobarlo y mirar mi móvil. Volví a doblar la carta y me la guardé en el bolsillo delantero de la sudadera y tiré el sobre a la papelera. Lo rompí en cuatro trozos, por si acaso. Subí de dos en dos las escaleras y entré en mi habitación y rebusqué en ella el teléfono. De repente escuché la alerta del mensaje del móvil y me detuve a escuchar de dónde provenía la melodía. Encontré el móvil debajo de la cama; ni yo misma sabía que hacia allí. Lo desbloqueé y le di a “Mostrar” a un mensaje de “número desconocido”. Cuando acabó de cargarse, empecé a leerlo: Ya veo que tienes interés en saber quién soy. Pues soy ese alguien al que le has robado el corazón. Hoy no podremos vernos porque tengo que estudiar para unas pruebas de acceso a una Universidad, no muy lejos de aquí. P.D: Qué sepas que lo de biología va enserio. Te quiero.
Sonreí y me sonrojé. Pataleé de la emoción y la alegría. Pensé en todo el tiempo que pasamos juntos, no sabía cómo no me pude dar cuenta. Mi madre tenía razón: él llevaba tiempo enamorado, en secreto, de mí. Ahora me daba cuenta de por qué me escogió aquél día jugando a “Prueba o Verdad”. No fue porque tenía confianza conmigo, me besó porque le gustaba. Y me acordé de muchos detalles que hicieron cambiar mi punto de vista. En realidad todo había sido muy precipitado y confuso, pero espero que valiera la pena. De tanta emoción y alegría deseé hacer la mayor locura y tontería. Y no me lo pensé dos veces. Cerré los ojos, apreté los puños y me giré para abrir la puerta de mi habitación como si fuese la última cosa que hiciese en el mundo. Arranqué a correr por el pasillo y fui directa a la habitación de mis padres. Dormían plácidamente hasta que aparecí yo y salté cayendo en plancha en su cama, entre los dos. Me empecé a reír, ellos más bien, no se lo esperaban. Se giraron los dos hacia mí y se miraron a los ojos, entre ellos. De repente los dos me empezaron a hacer cosquillas, eso si que era una sorpresa. Me empecé a revolver al más puro estilo “rollito de primavera” deshaciendo así, toda su cama. Pararon y suspiré aliviada. Di un beso en la mejilla a cada uno y me incorporé y me levanté de la cama. Mi madre hizo lo mismo mientras que mi padre se volvió a tapar con las sábanas. —Un ratito, Harry— dijo mi madre a mi padre, con los brazos en jarra. 
—Un rato— dijo mi padre entreabriendo un ojo y acurrucándose. Mi madre puso los ojos en blanco y salió de la habitación; yo hice lo mismo. La seguí hasta la cocina y me senté en la encimera mientras ella sacaba todos los ingredientes, platos y vasos para el desayuno. Yo miraba por la ventana, recordándolo todo, cada detalle. Sonreí. Supongo que era demasiado evidente, y mi madre me preguntó: —¿En quién piensas, Emma?— dijo. Me giré sorprendida. Había dado en el clavo. En quién pensaba, qué lista era. Se me escapó una carcajada mientras me miraba los dedos de los pies. —Pues, en una persona especial— dije mirándole a los ojos. Abrió la boca y se la tapó con la mano. Le di un empujón para que parase de hacer tonterías y nos reímos. 
—Va, venga. Dímelo— dijo guiñándome un ojo.
—Vale— solté, alargando mucho esa palabra —pues pienso en él. Jason. Me quiere. Y yo a él.— fui diciendo, cortando las frases. Cerré los ojos con fuerza para escuchar lo que me diría mi madre.





Por fin habéis podido comprobar que hay en la carta. Lo siento por equivocarme al ponerlos hace unas dos semanas. Lo siento. Qué sepáis que sois los mejores lectores del mundo, ¿si? 

Besitos.

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