miércoles, 7 de marzo de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Trece

—¡Ya abro yo!— grité mientras me levantaba de la butaca del salón. Fui arrastrando como pude, las zapatillas mal puestas hasta llegar a la puerta dónde, antes de abrir, me las recoloqué. Giré el pomo y tiré hacia mí. Me asomé con cuidado al portal.
—Buenas tardes Emma— era Brandon. Nuestro vecino médico.
—Pase, pase— apresuré a decir. 
Le abrí por completo la puerta y cuando pasó, la cerré como pude. Hacía mucho aire y el cielo estaba completamente blanco. Quizás nevaría. Antes de volver al salón, me miré al espejo del recibidor. Estaba pasable. Entré al comedor dónde Brandon ya había dejado su gabardina encima del respaldo del sofá, junto con su bufanda. Le miré y me sonrió. Era un hombre cincuentón, con un pelo abundante pero canoso. Tenía unas facciones agradables, era atractivo. Le conocíamos desde que nos mudamos aquí, hace unos catorce años. Desde que tengo noción de mis recuerdos, siempre nos ha atendido muy bien, siempre ha sido un vecino muy amable y simpático. Su familia también. Su mujer tendría, más o menos, su misma edad, y era muy elegante. Pese a su ya avanzada edad, tenían un niño de tan sólo doce años al que había tenido que hacer de canguro alguna que otra vez. Se llama Aron, y es un niño encantador. Un crío con notas de diez desde siempre. Todos ellos son muy buenas personas.
—Emma, ¿te encuentras bien?— escuché la voz de mi madre. Me miraba preocupada. Me había quedado soñando despierta en aquella familia modelo cuyo padre estaba en nuestro salón, esperándome.
—No, nada... Digo, sí. Estoy bien— conseguí balbucear y sonreí nerviosamente. Aceleré mi paso y me senté en la silla que había colocado Brandon expresamente. 
Me retiró los puntos de papel y estuvo observando y apretando ligeramente la zona afectada por mi tremenda caída. 
—Ya la tienes bastante bien curada. Te desinfectaré un poco la herida y pondré una tirita para que no se te note. Y por si te lo preguntas, no, no te dejará cicatriz.— sonrió. 
Mientras fue sacando todo lo necesario del botiquín, mis padres estaban absortos con sus movimientos. Cada paso que daba era reseguido por la atenta mirada de mis padres. 
—¡Ai, ai, ai!— grité mientras apretaba los dientes cuando vi que Brandon acercaba una gasa empapada en alcohol. Él, simplemente se rió. Creo que mis padres estaban un poco avergonzados de la escena que estaba montando.
—Emma, por favor— se quejó mi madre— ni si quiera te ha tocado. En cuánto me giré para reprocharle lo que acababa de decir, noté un ligero escozor en la herida. Me giré asustada y miré a Brandon que simplemente, levantó una ceja y sonrió. —¿Ves cómo no era para tanto?— dijo pícaramente.
Miré al suelo avergonzada. Brandon aprovechó para despegar la tirita con cuidado y colocármela bien. —Esto ya está— dijo con un ligero tono triunfal. No podía decir nada, estaba demasiado decepcionada conmigo misma. Sólo le mostré una media sonrisa aún sentada en el taburete. Brandon se colocó el abrigo y la bufanda y cogió el botiquín. Mi madre le acompañó a la puerta. Yo sólo sonreía, nerviosa y avergonzada. Nada más oír cómo se cerraba la puerta me levanté y dejé el taburete en su sitio. Finalmente opté por pensar que no ser acordaría de aquello, seguro que habría visto cosas peores que el hecho de asustarse por un poquito de alcohol, ¿verdad?




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1 comentario :

  1. YO QUIERO ESCENA CON JASON. EMMA YA ESTÁ RECUPERADA DE LA OSTIA, VENGA, FUERAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. KAJAJAJAJAJAJAJAJA, me encanta como siempre, siguiente:)

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