miércoles, 14 de marzo de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Catorce

Mientras leía la última lección de física empezó a nevar. Mi madre me gritó desde la mitad de las escaleras que caían unos copos muy finos. Doblé la esquina superior de la página de la izquierda y me levanté a mirar la calle. Me senté sobre los cojines de la ventana y observé cómo los copos, a medida que pasaban los minutos, se iban haciendo más grandes. Al final el marco de la ventana quedó cubierto por una fina capa de nieve. El cristal se había entelado, así que a partir de ese momento sólo pude ver el reflejo de la cálida luz de las farolas. Me levanté de mi asiento y procedí a darme un buen baño de agua caliente. Entré en el baño y cerré la puerta. Cogí dos toallas y las dejé en el taburete, al lado de la bañera. Abrí el grifo y lo giré hacia el agua caliente. Cuándo conseguí la temperatura adecuada, puse el tapón y dejé que se llenara un poco. Empecé a desvestirme mientras analizaba todo mi cuerpo. Me fijé en cada lunar que adornaba mi físico. Me quedé mirando la mancha que tenía a la altura del muslo, una mancha oscura en forma de luna. Nunca me había gustado, y seguía sin hacerlo. De pronto miré inconscientemente la bañera, la cuál al perder la noción del tiempo, ya estaba suficientemente llena. Caminé con cuidado hasta el borde y cerré el grifo. Retiré el coletero que recogía mi pelo en un moño que me había hecho para leer y me lo puse de pulsera. Primero comprobé la temperatura del agua con el dedo índice: estaba perfecta. Empecé sumergiendo con cuidado las dos piernas hasta que acabé sentada. Fui acercándome aún sentada, al otro extremo de la bañera hasta que alcancé el gel de baño. Me puse una cantidad razonable en la palma y fui frotándome todo el cuerpo. Cada parte que enjabonaba la sumergía en el agua, simultáneamente. Cuándo acabé con todas las extremidades y demás, toda la superficie del agua era espuma. Sin quererlo, empecé a pensar en los exámenes finales; estábamos empezando el curso y ya estaba imaginándome esos horribles papelotes. ¡Ni hablar! Me tapé la nariz con la mano derecha y cerré los ojos con fuerza. Cogí aire y me sumergí totalmente en el agua. Pasados unos segundos volví a la superficie y acaricié mi pelo hacia atrás para retirármelo del rostro. Saqué los brazos y los apoyé en los bordes de la bañera y apoyé mi cabeza detrás. Me quedé en el agua pensando en la nada hasta que, me parecí a una pasa.

Mientras me secaba el pelo, mi madre entró en la habitación y se asomó al baño. —¿Qué quieres de cenar, cariño?— preguntó mostrándome una dulce sonrisa. —Lo que quieras y buenamente hagas. Sabes que me gusta todo. Bueno menos...
—Las alcachofas, la coliflor y la zanahoria hervida— me interrumpió acabando mi frase. Sonreímos. —Bueno pues haré una sopa y una ensalada con tomate— acabó diciendo.
—De acuerdo. Perfecto. En diez minutos estoy abajo.
Me guiñó un ojo y se fue de la habitación. Acabé de secarme el pelo y revisé los libros que debía llevar al día siguiente. Fui metiendo en la mochila los correspondientes al horario que tenía pegado en una esquina del escritorio y cogí unos cuántos folios más para el carpesano. Yo no usaba libretas, ocupaban mucho; con las asignaturas bien ordenadas en esa carpeta decorada con un llamativo motivo de flores, tenía suficiente. Cuándo dí el primer paso para salir de la habitación, sonó mi móvil. Me giré y lo cogí. Miré la pantallita: era Jason. Una sonrisa iluminó mi cara. Descolgué, feliz. —¿Si?— dije emocionada.



Gracias por leer. Comentad aquí debajo, que no os cuesta nada preciosas. Consejo: sonríe y se feliz.

1 comentario :

  1. Me encanta cielo.
    Te quiero y lo sabes♥

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