miércoles, 21 de marzo de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Quince

Empecé a escuchar unas voces de fondo. Agudicé el oído pero lo único que pude oír fue: “¿La última actividad? Pues envió un mensaje a una tal Emma y supongo que...” —¿Hola?— es lo único que pude vocalizar.
—Hola. ¿Es usted Emma?—. No era la voz de Jason. Me asusté.
—¿Quién es usted? ¿Y Jason?— grité histérica.
—Tranquilícese. Eres Emma, ¿no?— volvió a insistir la anónima voz masculina. —Sí, sí— conseguí balbucear. Vi cómo mi madre estaba en la puerta de mi habitación, con cara de asustada. Supongo que oyó mis gritos.
—Emma, ¿está ahí?— insistió.
—Sí. Me está asustando. ¿Y Jason?— empecé a lloriquear.
—Tranquila, Emma. Soy Max, de urgencias médicas. Jason ha sufrido un accidente en su moto. Está inconsciente y creemos que tiene un brazo y una pierna fracturados. No es grave. Ahora lo llevaremos al Hospital Legninthon. Pregunte en recepción por Jason—. No sabía como asimilar eso. Intenté recordar el nombre del hospital.
—¿Legninthon? Vale... Voy hacia allí—. Colgué. Se me cayó el móvil al suelo, yo me caí de rodillas. Mi madre se acercó a mí y me preguntó que pasaba. Se lo expliqué y se llevó la mano directamente a la boca. Me sequé las lágrimas, no podía esperar más. —Mamá debo ir— dije segura.
—Emma, mañana tienes clases— dijo sin extrañarse. Me quedé atónita.
—Las clases no son más importantes que él. Es la vida de la persona que quiero, mamá. Voy a ir—. No dejé que contestara porque fui a buscar mi chaqueta, pero pude oír como suspiraba y bajaba las escaleras a mis espaldas. Iba en pijama, pero me daba exactamente igual. Cerré la luz del baño y salí corriendo de mi habitación. Vi que mi padre estaba con la chaqueta puesta y las llaves del coche en la mano. Mi madre también estaba preparada. Cogí mi chaqueta y salimos los tres de casa. 

—Es aquí— dijo mi padre mirando el letrero con luz del hospital. —Me quedaré por aquí cerca, cualquier cosa, me llamáis—. Mi madre y yo respondimos al unísono un leve “de acuerdo”. Salimos del coche y nos dirigimos con paso ligero a la puerta central. Ya en recepción pregunté por Jason Thomas. Me indicaron que estaba en urgencias. Fuimos pitando hacia allí con las indicaciones de la recepcionista. Empujamos las puertas dónde justo encima de ellas había un cartel con la palabra “Urgencias”. Todo estaba yendo demasiado rápido, empezaba a marearme. Mi madre preguntó por Jason al primer enfermero que vio, un chico rubio y joven. No escuché lo que dijeron. La cabeza me daba vueltas y empezaba a ver doble. Mi madre me agarró de la muñeca y tiró de mi. Íbamos casi corriendo, entre las decenas de camillas que había en aquella pequeña sala. Nos paramos, bueno, mi madre me paró; justo enfrente de una camilla. Entonces fue cuándo lo vi y me derrumbé. Me empezaron a caer las lágrimas al suelo, las piernas me temblaban. Hacía el esfuerzo por mantenerme en pie. Cerré con fuerza los ojos y noté como las lágrimas se pegaban a mis pestañas. Me sequé las mejillas con la manga del pijama que sobresalía de mi chaqueta. Mi madre me cogió la cabeza y me besó la sien. —No pasará nada, cariño. Tranquila.— me susurró al oído. Apreté los labios. Todos los pensamientos me vinieron de golpe a la mente, y cada vez la cabeza me daba más y más vueltas. Me entró una angustia y un vacío inmensos. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Apoyé mis manos en la camilla, al lado de su cintura. El mundo se me hizo grande, todo me pareció demasiado. Esto era una de las muchas cosas que hacían de mi vida algo imperfecto. Empecé a llorar más fuerte, pero no con más ganas. Las lágrimas empezaron a oscurecer la fina sábana de color verde que cubría parte de su cuerpo. No podía ver nada a causa de las lágrimas. No podía oír nada en ese momento. No podía ni siquiera hablar. Pero pude notar que sus dedos se acercaron a los míos, acariciándolos. Dirigí mi mirada hacia sus ojos, me sequé las lágrimas para ver mejor e intenté que no volvieran a entelar mi visión. Él entreabrió los ojos y le cogí la mano con fuerza. Me acerqué a su cara y lo miré desde arriba. Me aparté el pelo detrás de la oreja con la otra mano. Buscó mi mirada hasta que al final la encontró. Esbozó una leve sonrisa. —Emma— susurró entre todo el barullo que había en aquella sala.


Gracias por todo, os quiero. Vosotras habéis conseguido que haga esto, os debo mucho.

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