miércoles, 28 de marzo de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Dieciséis


Sonreí. Me alivió que me reconociera. Le miré con dulzura y le besé la frente. Miré a mi madre que estaba de brazos cruzados y sonriendo, también. —Voy a avisar a alguien de que se ha despertado. No te muevas de aquí— me dijo, cogiéndome un hombro. Cabeceé un sí mostrando una leve sonrisa. Volví a mirarle a él. Volví a perderme en sus preciosos ojos miel. En sus labios amoratados y cortados por el frío. —Emma— su voz, en un leve susurro, me devolvió a la realidad. —¿Te duele algo? ¿Necesitas algo?— dije alarmada, apartando su cabello enredado hacia atrás. —Bésame...— dijo arrastrando cada letra. Me sonó a súplica. Alcé una ceja, cosa que hizo sacarle una dolorosa carcajada. Después de esa ahogada risa, empezó a toser. Se inclinó un poco hacia mi, hasta que finalmente paró. Suspiré aliviada. Solté su mano de la mía, y volví a cogerla, esta vez entrelazando nuestros dedos. Le apreté con fuerza, me acerqué y le besé. Lo hice con delicadeza. Le volví a mirar a los ojos, estábamos o pocos centímetros. Elevó un poco su cabeza haciendo rozar su fría nariz con la mía. Eso hizo acelerar mi corazón y sonrojarme. —Te pondrás bien en poco tiempo. Ya verás.— dije optimista —Ahora descansa—.

Después de esperar unas dos horas allí en urgencias, lo subieron a planta, a observación. Llamamos a mi padre para que nos viniese a recoger, pero me entró una angustia en tener que dejar allí solo a Jason. Fui a salir de dudas. —Jason, ¿puede venir alguien a pasar la noche contigo?—. Se pensó la respuesta unos minutos.
—Creo que no. Después de que mis padres se divorciaran, ya hace unos tres años, me fui a vivir con mi madre. Ella empezó a traer gente extraña a casa, creo que ni ella misma les conocía. Por la noche solo se escuchaban gritos, y yo lo estaba pasando muy mal. Igualmente ella no era mi verdadera madre. Nicole se casó con mi padre cuando yo solo tenía dos años. Nos llevábamos muy bien hasta que mi padre empezó a engancharse al juego. Se gastaba todo el dinero que entraba en casa, y no teníamos suficiente para pagar las facturas. Yo iba al instituto gracias a las becas que nos concedían. Al final se divorciaron y, bueno, no sé ni dónde están; tampoco me importa. Ellos no miraron por mí después de su separación, y eso nunca se lo perdonaré.— Unas lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas, pero se las secó rápidamente. Calló unos segundos, retomó el aliento. —Me fui a vivir con mi tío Billy a partir de ahí. Pero él trabaja mucho y viaja demasiado.  Casi nunca está en casa, y tampoco estaría aquí a tiempo para pasar esta noche conmigo—. Me entristeció mucho. Me mordí el labio por dentro: quería reprimir mis lágrimas. Me giré despacio para mirar a mi madre. Se había emocionado. —Bueno, pero sólo esta noche. Y después del almuerzo te quiero en el instituto. Tu padre te vendrá a recoger antes de irse a trabajar, sobre las once.— dijo, mucho más seria. —Vale. Gracias— dije con la mirada baja. Pese a su seriedad, me abrazó con muchas ganas y me besó la mejilla y la frente antes de despedirse de Jason. Salió por la puerta a paso rápido. A lo lejos oí sonar la melodía de su móvil. Sería papá. Me asomé a la puerta y vi como intentaba ponerse el abrigo hablando aún, por el móvil. Era gracioso. Volví a entrar en la habitación y me senté en el sillón acolchado, para las visitas. A los pocos minutos, una enfermera entró en la habitación. —Hola. Sólo le quería decir que, si necesita algo, no dude en avisar al enfermero que hace el turno de noche— dijo con voz dulce mirando a Jason. Después me miró a mí. —¿Va a quedarse?— preguntó frunciendo el ceño. —Nosotros les avisamos si pasa algo, no es necesario que pase la noche en ese incómodo sillón.
—No importa. Prefiero quedarme— dije esbozando una sonrisa. La joven y rubia enfermera soltó una sonora carcajada y aceptó con la cabeza. Se fue sin hacer ruido con los zuecos de goma que dejaban a la vista unos calcetines rayados de vivos colores. Me escurrí en el sillón hasta que encontré la postura más “cómoda”. Miré la hora antes de cerrar los ojos y desaparecer unas horas del mundo: eran las once y media de la noche. Me tapé las piernas con la chaqueta y respiré hondo antes de viajar al séptimo cielo.



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1 comentario :

  1. AI QUÉ LE HA PASADO A MI JASOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON, pero no me lo mates, mujer. Con lo contentos que estábamos todos con él.. JAJAJAJAJAJA, me encanta*-* Siguiente.

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