miércoles, 11 de abril de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Dieciocho


Acabé zanjando el beso mordiéndole el labio inferior. Intentó volver a besarme, pero puse el dedo índice de mi mano izquierda en sus labios, haciendo que parasen. —¿Hay algo que no me hayas contado?— dije frunciendo el ceño. Se quedó pensativo. Retiró por unos segundos su mirada de la mía. —Creo que no hay nada que no te haya contado—contestó mirándome serio y extrañado. —¿Por qué?— acabó preguntando.
—No sé, supongo que aún no tengo muy claro el porqué de esta situación, ¿no crees?
—Claro. La verdad es que no fue mi culpa. Yo iba hacia mi casa con la moto, y fui a pasar un cruce el cuál yo tenía preferencia al pasar, ya que tenía el semáforo en verde. Lo único que recuerdo es que no llegué a cruzar porque un coche a toda velocidad, me arroyó. Eso es todo.
Apreté mis labios al recordar la terrible angustia que me abordó la noche anterior al enterarme del accidente. No pude reprimir unas lágrimas que recorrieron mis mejillas, ardientes y sonrosadas.
—Va, no llores,— dijo con una sonrisa a la vez que secaba mis lágrimas con su mano —estoy bien.
—Ya, bueno... pero... pero podrías haberte mata...— interrumpió mi frase con un ágil beso al cuál respondí como si fuese el último. Las lágrimas seguían resbalando, cada vez más abundantes, por mis mejillas hasta mi cuello. Acabó ese beso dándome un último en la frente. Sin decir nada y bruscamente, me incorporé quedando sentada de espaldas a él, entonces aproveché para secar con los puños del pijama, mi cara y mi cuello, empapados de lágrimas. Me deshice y volví a hacerme el moño, tragué saliva, cerré los ojos y respiré hondo. Conseguí calmarme. Me dejé caer de espaldas otra vez en el colchón, y quedé panza arriba a su lado. Él se estiró de costado, mirándome. Estuvimos hablando hasta que amaneció, contándonos anécdotas y todo lo que habíamos vivido antes de volver a reencontrarnos. Cuando ya eran las nueve menos cuarto de la mañana, a lo lejos del pasillo, escuché los pasos de alguien con un carro de metal, al cuál le chirriaban las ruedas. Se iba parando de vez en cuándo, entonces sospeché que sería la enfermera con el desayuno. —Jay, hazte el dormido, ¡ya!— le dije susurrando. —¿Y por qué hablas tan bajito?— contestó, imitando mi leve tono de voz. Volví a escuchar como el carro se acercaba cada vez más. —Bueno, tú hazlo— dije medio enfadada medio partiéndome de risa. Se quedó extrañado pero lo hizo. Bajé de la camilla de un salto y me senté rápidamente en el sillón de al lado, adoptando una postura un tanto incómoda y también me hice la dormida. La enfermera se paró enfrente de la habitación y, con sigilo, se acercó a la ventana y subió la persiana. —¡Buenos días!— dijo casi gritando y alegremente  una señora que rondaba los cincuenta y apreciablemente de buen comer. Yo disimulé un estiramiento de brazos junto con un bostezo y Jay hizo lo mismo. —Te traigo el desayuno, jovencito— dijo con una sonrisa de oreja a oreja. La enfermera se alejó otra vez hasta la puerta y trajo consigo una bandeja con un desayuno muy completo. —¿Quieres algo, bonita?— preguntó mientras preparaba la mesita y colocaba el desayuno de Jason. —Sí, Un café con leche y una pasta, por favor— dije con una media sonrisa. Se alejó otra vez y me trajo lo que le pedí y lo dejó junto al otro desayuno. —Que aproveche— dijo mientras se alejó. —Gracias— respondimos los dos a la vez.



Gracias a todas, os quiero. Y gracias a las que se unen y miran y leen mi blog desde hace poco, que sepáis que aparte de esta novela, tengo otra anterior, también colgada aquí. 

2 comentarios :

  1. Increíble , sin palabras.
    Siguiente amor.

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  2. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, me meooooooooooooooooooooooooooooo, qué bueno:') Pues que me encanta como siempre, y lo sabes, jé. Siguiente amorrrrr.

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