miércoles, 30 de mayo de 2012

0

Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Veinticinco

Después de cruzarme un par de veces con Gael por los pasillos y que ni me mirase... eso fue la gota que colmó el vaso. Estaba muy arrepentida de haberle dado ese portazo en las narices, literalmente. Cuando llegué al comedor del colegio me decidí finalmente. Bueno, Sophie me ayudó con unos pequeños empujoncitos y ánimos para que me acercase a él y aclarase las cosas. Respiré hondo y caminé con paso firme con mi bandeja entre las manos, decidida a sentarme a su lado y hablar durante la hora de comer. Cuando llegué a su mesa, la cuál estaba llena de "hombretones", nadie hizo ademán de hacerme un hueco. Ni si quiera me miró; se levantó y se fue por dónde yo había venido, incluso me golpeó el brazo izquierdo con su brazo derecho haciéndome tambalear. Sabía que podía pasar eso pero no estaba preparada para hacerle frente. Lo peor de todo es que no sabía porque me importaba tanto ya que no era capaz de sentir lo que sentía con Jason cuando estaba cerca de Gael, pero sentía la necesidad de reconciliarme con él, no me gustaba estar enfadada con nadie.
En ese momento supe que ya no quería saber nada de mí y que seguro que ya no me daría ninguna oportunidad más para acercarme a él.

No sé cómo logré acordarme de todas las fórmulas durante el examen de matemáticas, ni yo misma me creía que me hubiese ido tan bien. Y después de esa última clase, Sophie quiso acompañarme hasta la parada de bus y esperarse conmigo hasta que éste llegase. Estuvimos hablando del tema quitándole importancia. Seguro que si lo hubiésemos hablado con ese tono la anterior tarde me hubiese hasta molestado; Sophie me ayudó a ver las cosas desde el "mejor" punto de vista en ese momento, o con el que mejor se adaptaba a mi estado de ánimo, el cuál estaba por los suelos, la verdad. Esa escena en el comedor hirió mis sentimientos y el poco orgullo que tenía.

Al llegar a casa me relajé leyendo poesía, ya que no tenía entreno y tenía toda la tarde libre. A los veinte minutos mi madre me llamó desde la cocina y, casi dejándose la voz en ello, me suplicó que fuese a comprar cebollas. No pude negarme y, la verdad, viniendo de mi madre era imposible que me negara. Doblé la esquina superior de la página derecha que estaba leyendo y cerré todas las luces antes de salir de la habitación y casi tropezando con mis propios pies, bajar pitando las escaleras a por la bufanda, el abrigo y las llaves. Salí de casa con la indumentaria puesta y me dirigí a la típica tienda de barrio que tiene de todo y siempre cierra más tarde de lo normal, aunque sólo fuese para sacar de algún apuro a algún vecino.

Cuando fui a pagar, saqué las pocas monedas del bolsillo del abrigo y sin esperar que me diese el cambio, ya que era muy poca cosa, salí con el saquito de cebollas en la mano. Al volver por el mismo camino por el que había ido, casi pisando las mismas racholas que antes, pude escuchar antes de doblar la última esquina antes de llegar a mi calle, el susurro de las teclas de un piano. Y me conmovió. A pesar de que no sabía tocar y aunque eso seguía siendo mi sueño "no cumplido", el piano siempre me había encantado.


Gracias por leer; comentad aquí abajo. Os quiero.

No hay comentarios :

¿Y tú qué opinas?

¡Comenta!