miércoles, 20 de junio de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Veintiocho

-¿Qué estás haciendo Emma?- pensé para mis adentros. No podía rociarle con un spray-pimienta, sería ridículo. Me observaba. Tenía la sensación de que podía leer mis pensamientos; su mirada me mataba por dentro. Apreté los labios con fuerza mientras notaba que mis ojos se humedecían más de lo normal. Quise ser fuerte, no podía derrumbarme ahora. Apreté el puño derecho aún dentro del bolsillo de la chaqueta. Por fin logré reaccionar, mis manos empezaron a desabrochar los botones y después colocaron mi chaqueta en el perchero, casi inconscientemente. Me esperaba junto a las escaleras mirándome con ese aire de superioridad que tanto odiaba. En cuánto estuve a unos dos metros se giró y, seguidamente, empezó a subir las escaleras. Intenté mantener aquel margen de distancia ya que la tensión se podía cortar con cuchillo. Yo miraba al suelo, miraba cada paso que daban mis pies; por eso no me di cuenta de que había parado y choqué con su espalda. Fue entonces cuando levanté la mirada de golpe y vi que me miraba sin haberse girado del todo, lo justo para poder verme por encima de su hombro. Suspiró mientras ponía los ojos en blanco. Abrió la puerta que tenía delante y se echó a un lado para que pudiese pasar yo antes. Mi mirada hizo un recorrido desde sus ojos hasta el suelo, otra vez. La crucé de una zancada y me quedé de pie, sin saber que hacer. Empecé a girar lentamente sobre mí misma intentando hacerme una ligera idea de cómo era aquella habitación. La verdad es que era muy sencilla. De una base blanco roto nacían unos muebles de madera color cerezo, muy brillantes. Se veía muy limpia y moderna a la vez que acogedora. La tenue luz que iluminaba las partituras y el teclado de un piano acústico sin cola, era la única que había encendida en aquel momento. Había una cama con sábanas azules a la derecha, un armario bastante grande a sus pies; una ventana en su cabecero. A la izquierda un escritorio con un muy buen equipo de música, es decir, unos altavoces con su bajo y todo; junto con un ordenador de sobremesa blanco y a su lado el piano. —Cierra la puerta, por favor— dijo ya sentado en la banqueta delante de éste último. No me había dado ni cuenta de que ya había entrado. Me giré hacia la puerta y la cerré despacio para que no hiciese ruido. En eso que al volverme pude ver que había una guitarra acústica preciosa. Era azul mezclado con negro. Tenía un precioso motivo que recorría de punta a punta el mástil. —¿Puedo?— pregunté, delicada. Él se giró hacia el piano, ya que desde que me había “ordenado” cerrar la puerta estaba sentado de espaldas al teclado, mirándome. Me tomé ese gesto como un “haz lo que quieras”; y eso hice. Retiré el seguro de plástico que sujetaba el mástil y la levanté con una mano del soporte en el que se apoyaba. La llevé conmigo hasta la cama, dónde me senté con el pie izquierdo debajo de la pierna derecha que colgaba del borde. Acaricié las seis cuerdas para comprobar que estuviese afinada y qué tacto tenía. Respiré hondo mientras pensaba qué canción iba a tocar. Cuando lo tuve claro empecé a rasguear y puntear aquel maravilloso instrumento. Creo que fue que su primera idea de mí como guitarrista cambió por completo y él no quería ser menos que yo. Al poco de haber empezado a tocar la guitarra, me acompañó con el piano. Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Cuando estuve satisfecha hice un último rasgueo yendo de grave a agudo; él hizo lo mismo pulsando un montón de teclas muy agudas antes de acabar finalmente. Se giró un poco y me miró directamente a los ojos. Se le escapó una sonrisa durante unas milésimas de segundo pero su rostro se volvió otra vez duro y serio. —No sabía esa faceta de ti, Emma—. Una sonrisa y un suspiro de victoria inundaron mi ser. —Yo no me lo esperaba para nada de ti, Gael—.


¿Habéis deducido quién era el sospechoso antes de la última palabra? No era demasiado complicado ;) Os quiero mucho. Gracias por todo. Y no olvidéis de comentar aquí abajo.

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