miércoles, 11 de julio de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Treinta y uno


Llegué jadeando a la puerta de casa. Suspiré. Respiré hondo y rebusqué en los bolsillos para encontrar el llavero. Cuando lo tuve en la mano, casi sin mirar, escogí la única llave que había de entre un montón de pequeños peluchitos, colgantes y pulseras; todos ellos metidos en una pequeña anilla plateada. Metí esa llave en la cerradura, la giré un par de veces y empujé hacia dentro. Nada más entrar froté mis manos entre ellas debido al enorme cambio de temperatura. Nada más quitarme el abrigo dejé las llaves en el mueble del recibidor. Aunque… No sé por qué llamaba a ese montón de recuerdos “las llaves”, sin ni tan si quiera tener un par de ellas. Era gracioso si te parabas a pensarlo. Saludé a mi madre mientras me miraba al espejo y observa que mis mejillas y mi nariz se habían enrojecido levemente por el frío.
—Ah, hola cariño— contestó mi madre, creo que sorprendida de verme ya sin el abrigo. Supongo que con el sonido del extractor de la cocina no había escuchado el sonido de la puerta. Me acerqué a ella y me senté en el mármol, dónde siempre me sentaba.
—¿Qué tal ha ido?— preguntó ella, haciendo el esfuerzo de poder mirarme mientras seguía cocinando sin parar. 
—De verdad… No te entiendo. Llevas en la cocina desde que me he ido—. Suspiró mostrando una media sonrisa.
—Ya… Pero no puedo dejar de hacerlo. Tengo que dejar la comida hecha para mañana y hacer la cena para hoy. ¿No te acuerdas que tu padre tenía que irse de viaje de negocios?
—¡Es verdad! Me lo dijo el mes pasado… Ya no me acordaba. Se iba mañana a las cinco de la tarde y volvía el sábado a las diez de la noche, ¿no?
Mi madre asintió con la cabeza sonriente. Siempre sonreía y claro, te contagiaba esa sonrisa tan maravillosa.
—Aún no has contestado a mi pregunta— insistió, esta vez sin mirarme, concentrada en la comida y los fogones.
—¿Qué pregun…? Ah, ya me acuerdo. Pues muy bien; no he tenido que usar el spray— en ese momento me acordé de que aún lo llevaba en la chaqueta. Bueno, “por si acaso”, pensé. —Es un chico de mi instituto, un año mayor, es decir, diecisiete para dieciocho. Se llama Gael. Gael Scateni. Italiano. Rubio. Ojos verdes…
—Guapísimo, vamos— acabó diciendo mi madre, sacando conclusiones de mi descripción.
—Bueno, más o menos— y me reí. Nos reímos las dos.
—Me los tienes que presentar— cambió de tema, o eso creía yo.
—¿A quiénes?
—Pues a Jason y Gael. Aunque a Jason ya lo conozco, me haría gracia ver lo guapo que está ahora. Porque siempre lo ha sido…— y acabó una frase con una ligera “tos”. Y por ese motivo, la fulminé con la mirada. Pero pareció ni inmutarse a pesar de que sí vio la manera en la que le miraba. —Y me gustaría conocer también a ese tal… macarroni.
—¿Has dicho macarroni?— dije levantando una ceja y haciendo una mueca.
Las dos empezamos a reírnos mucho. Ella no le quitaba el ojo a la comida mientras reía a carcajadas. Me supo mal.
—Bueno mamá, me voy a poner el pijama y te ayudo con la cena.
—Hoy no hace falta, Emma. Ya casi he acabado.
—¿Segura?
—Ves a cambiarte, rápido— dijo en tono “vete antes de que me arrepienta”. Sonreí y salté del borde de la encimera al suelo, y del suelo y con tres largas zancadas alcancé el primer escalón de casi una veintena.  Cuando llegué arriba busqué en el cajón correspondiente de mi habitación, el pijama. Me quité la ropa que llevaba puesta junto con todos los accesorios de mis muñecas y me puse el pijama; esta vez de color azul celeste. Al apagar la luz para salir pitando hacia la cocina otra vez, sonó mi móvil. Un mensaje. Lo busqué por toda la habitación hasta que volvió a sonar y entonces me di cuenta de que lo había dejado en la bolsa, ya que había tenido entrenamiento. Nada más encontrarlo lo desbloqueé y miré la fecha y hora a la que había sido enviado: justamente a las nueve y cinco minutos. Es decir, hacía unos diez minutos. Remitente desconocido. Extraño. Le di a mostrar sin muchos más miramientos. Lo leí en un suspiro. “¿Frambuesa?”



Gracias por leer. Esta vez sí, dentro de poquito y cuando lo tenga todo preparado, os daré mi sorpresita, que espero que os guste. Os quiero.


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