miércoles, 1 de agosto de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Treinta y cuatro


La clase de historia se me hizo eterna. Cuando sonó el timbre que la daba por finalizada, suspiré aliviada. Esa había sido la última clase antes de poder irnos a comer. Me levanté de mi silla e hice unos estiramientos para relajar la nuca, la tenía dolorida de tanto estudiar y escribir. —¿Vamos Sophie?— dije mientras la veía escribir algo muy rápido en un trocito de papel. No quise ser cotilla, así que no le pregunté. —Sí, sí, ya voy— dijo mientras se apresuraba a doblarlo y a guardárselo en el bolsillo delantero de su vaquero. Disimulé no haber visto nada, sólo le sonreí y empecé a caminar hacia el pasillo dónde se encontraban nuestras taquillas. Mientras hablábamos por el laberinto de pasillos, nos topamos con Gael. Me puse nerviosa al recordar la tarde anterior con él. Nadie sabía lo que había pasado excepto Sophie, pero me seguía avergonzando de aquella situación del ”famoso beso”. Todo acabó bien al fin y al cabo, pero seguía intimidándome la idea de estar cerca de él y no poder parar cuando debía. ¿Realmente sabía dónde estaba el límite? Sinceramente, esperaba poder encontrarlo. —¿Qué pasa, chicas?— dijo saludándonos. 
—¡Hola Gael!— se precipitó a responder Sophie. Fruncí por un segundo el ceño, extrañada.
—¿Vais a comer?— preguntó él, mirándola.
—Sí, dejamos los libros y vamos.
—Vale, pues os acompaño— acabó respondiendo Gael a Sophie, sin parar de sonreírle.
El trayecto hacia las taquillas y luego al comedor lo hice prácticamente sola. Sophie estuvo hablando con Gael y con unos de sus amigos que se había encontrado ya en la entrada del comedor. Ni Sophie, ni Gael, ni los amigos de éste me hicieron caso durante la comida. No sabía cuántas veces había llegado a suspirar ni cuántas veces había removido la verdura. Estaba aburrida de no poder hablar con nadie; todos los chicos estaban pendientes de Sophie. No sabía exactamente de qué: de sus acentuadas curvas, de su forma de hablar, de lo que hablaba... Volví a suspirar. Fui la primera en acabar, cómo era de esperar. Me levanté de mi asiento sin decir nada, llevé la bandeja a su correspondiente lugar y me dirigí hacia la salida a los pasillos. Nada más cruzar la puerta y poner un pie dentro del pasillo de las taquillas, respiré tranquila. Aliviada, quizás. No estaba enfadada con Sophie, no era su culpa. No era la culpa de nadie. Cerré los ojos y pensé en Jason. Mi corazón se volvió a acelerar al recordar muchos de esos momentos a su lado. Se me puso la piel de gallina al recordar y revivir mentalmente aquella sensación de ir en su moto a velocidad indescriptible. Pasé miedo durante ocurría, pero sin embargo quise que se repitiera. Miré el reloj de mi muñeca izquierda. Eran las dos y cuarto. Me quedaba media hora antes de volver otra vez a clases. Unas dos últimas clases y libertad durante más de cuarenta y ocho horas. Miré a mi alrededor y vi que había llegado caminando inconscientemente casi a los lavabos. Entré en el de chicas empujando la pesada puerta blanca hacia dentro con las dos manos. No había nadie. Me detuve enfrente de uno de los espejos e hice objeciones de mí misma para mis adentros. Me empecé a mirar de arriba a abajo. Giré un poco hacia la derecha. Hacia la izquierda. —Pasable. Nada del otro mundo— me dije a mí misma. Me retiré los dos mechones de pelo que me llegaban hasta el pecho, por detrás de los hombros. Apreté el grifo y cogí un poco de agua haciendo una especie de cuenco con las manos y me la eché a la cara. Lo hice una vez más antes de que el agua se cortara. Alcancé un poco de papel con la mano derecha, aún mojada. Me lo restregué por la cara con cuidado y lo tiré al cubo de basura. Me sentí refrescada. 


Espero que os haya gustado. Os quiero. :)

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