martes, 21 de agosto de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Treinta y siete


Fuimos recorriendo los pasillos corriendo como descosidos; bueno, él corría y yo le indicaba entre carcajada y carcajada. Entre el miedo que tenía a que nos cayéramos y la vergüenza que estaba pasando al darme cuenta de que un montón de cientos de pares de ojos miraban, casi petrificados, aquella escena, toda yo era un “¡tierra, trágame!”. Cuando llegamos a la puerta de la clase que me tocaba a aquella hora, me dejó bajar de su espalda soltándome cuidadosamente. Se giró hacia mí en cuánto toqué el suelo. —¿Estás bien o te he hecho daño?— preguntó un tanto preocupado.
—No, no, no. Es decir, sí, estoy perfectamente— dije fijando mi mirada en la suya. Sonrió.
—Bueno, debo irme,— dijo desviando la mirada, supuse que hacia otro de los muchos relojes que había colgados en los innumerables pasillos del instituto —que sino voy a llegar tarde.
—Ah, sí. Tienes razón...— me toqué el pelo sin saber qué hacer a continuación.
Me cogió por los brazos, colocando cada una de sus manos en cada uno de mis dos brazos apretándolos ligeramente hacia dentro. Se fue acercando muy rápido sin parar de mirarme a los ojos e hizo la cosa que menos esperaba: me dio un ligero beso en la nariz. Volvió a separarse tan rápido cómo se acercó y se marchó corriendo por el camino que habíamos venido. Yo me quedé petrificada, aún con los dedos entrelazados en mi cabello, sin poder haberme girado para ver cómo se iba. A los pocos segundos reaccioné al oír mi nombre. —¿Señorita Emma?— escuché a mis espaldas, la voz no me sonaba pero mi corazón se encogió al escuchar esa expresión. Era una voz extraña, grave... un poco forzada. Nada más girarme vi a Gael con mis libros en la mano. —Gracias— dije poniendo cara de haber hecho algo mal. Le cogí mis libros de sus manos y sonreí; él guiñó un ojo y se fue corriendo, otra vez. Entré rápido en clase recordando cada detalle de todos aquellos alocados minutos que había vivido.

Quedaban cinco segundos. Cuatro. Tres. Dos. Uno. El timbre daba por finalizada la semana. Por fin libre. Agarré con fuerza los libros y salí la primera de clase. Escuché los gritos de Sophie a lo lejos del pasillo pero quise llegar a mi taquilla para poder hablar con ella. Al llegar, me giré y la vi exhausta, apoyada en el taquillero. —No te va a llamar— le solté sin mirarla. Se quedó extrañada y pensativa hasta que cayó en la cuenta.
—¿Cómo... Cómo lo sabes?— preguntó frunciendo exageradamente el ceño.
—Ha tirado tu papel a la papelera. Lo he visto. Pero eso ahora da igual—. Ella suspiró y puso los ojos en blanco. —Tienes que controlarte un poco, Sophie. Ya sabes lo que pasó la última vez.
—Sabes que me arrepiento muchísimo,— bajó la mirada al suelo —pero tu novio perfecto me da envidia— dijo esta última frase refunfuñando entre dientes. Me reí.
—Pero no puedes ser tan directa y ponerlo en bandeja como has hecho. Tienes que conocer a la persona antes para saber cómo atacar por sopresa, ya sabes. Y es más, las dos sabemos cómo es Jay, y para nada es el chico perfecto.
—Ya, bueno,— dijo mientras reía —pero es un buen chico. Y, ahora que lo mencionas, ¿tú no habías...?
—Quedado con él, sí;— dije acabando la frase —si no me doy prisa perderé el autobús a casa. Mañana te llamo— y le guiñé un ojo. Acto seguido dejé mis cosas en la taquilla y cogí las que necesitaba para el fin de semana. Le planté un beso en la mejilla a Sophie y me despedí de ella con la mano antes de desaparecer corriendo por los pasillos.



Gracias por leer. Ya sabéis que os quiero :)


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