miércoles, 29 de agosto de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Treinta y ocho



—¡Espere, por favor!— gritaba una y otra vez, corriendo, con la mochila golpeándome la espalda a cada zancada que daba. Paré en seco cuando me topé con el cruce que daba fin a aquella calle mientras observaba cómo se iba el autobús. Suspiré con ira antes de maldecir con cientos de palabras a aquel autobús y a su correspondiente conductor. Cuando lo daba todo por perdido, cuando ya estaba segura de que iba a llegar por lo menos, media hora tarde a mi cita, apareció esa última ayuda que no te esperas nunca. Una pequeña moto estilo scooter se paró en frente mío, mientras estaba sentada en la parada de bus. La miraba de reojo, sin dejar notar mi intriga. —Yo de ti me pensaba el practicar los cien metros libres para no perderlo otro día— una voz sonó, acolchada, del interior del casco. Giré mi cabeza hacia todos los lados, pero esa voz no podía referirse a otra persona más que a mí. —¿Te conozco?— pregunté frunciendo el ceño a la vez que empequeñecía los ojos en un intento de ver algo a través del oscuro cristal del casco.
—Soy la persona que creo que más y menos te esperas— respondió. El chico, deducí por cómo vestía, aunque no pude reconocerle por el atuendo, ya que llevaba una cazadora que no había visto antes, y por el tono de voz, bajó de la moto y levantó el sillón del pequeño vehículo para coger otro casco, un poco más viejo y con algún que otro rasguño. Lo dejó encima del asiento y se acercó hacia mí. —¿De verdad que no sabes quien soy?— dijo, riéndose. Quise salir de dudas lo antes posible y no me lo pensé dos veces, me puse en pie y levanté la visera, es decir, el cristal casi negro, del casco. Al hacerlo, dejó a la vista unos preciosos ojos verdes y también algún que otro mechón rubio de cabello.
—Gael, definitivamente eres mi ángel de la guarda— dije mostrando una gran sonrisa.
—Anda, ponte el casco que te llevo a casa— dijo señalándome con un movimiento de cabeza el casco del asiento. Lo cogí con la mano izquierda mientras me peinaba con los dedos el flequillo hacia atrás con la otra. Cuando ya lo tenía puesto, Gael comprobó que lo tuviese bien cerrado y ajustado. Él se montó primero, yo después. Me apreté bien contra su espalda, sin dejar que el mínimo rayo de luz traspasara entre nuestros cuerpos. Y no era por nada en especial, pero tenía frío y un poco de miedo a la vez. Me cogí lo más fuerte que pude a él, pasando mis manos por debajo de su chaqueta y cogiendo con fuerza cada uno de los lados de su cintura. Sin decir ni una palabra, arrancó. Yo iba indicándole, casi a grito pelado, por dónde debíamos ir. Acortamos por un par de callejones y en unos pocos minutos más, llegamos a mi casa. Gael no se bajó de la moto, tampoco le vi intenciones de hacerlo; ni si quiera apagó el motor. Al bajarme le di el casco, el cual colocó en su brazo pasándolo por el mismo. Susurré un breve gracias y una sonrisa se escapó de entre mis labios. Él pasó la punta de los dedos por mi flequillo colocándolo en su sitio y después me pellizcó levemente la mejilla izquierda con sus dedos corazón e índice. Volvió a agarrar el manillar y arrancó; me quedé allí de pie hasta que desapareció al final de la calle. Sonreí con dulzura. 

Nada más atravesar la puerta de casa, saludé a mi madre y recordé, al ver el sillón de mi padre vacío, que se había ido de viaje. Antes de subir las escaleras le avisé de que había quedado con Jason en su casa. Después de hacerlo, subí a mi habitación a arreglarme. No tuve ganas ni de maquillarme ni de hacerme nada en el pelo, sólo me pasé el peine un par de veces. Me volví a poner la chaqueta y cogí las llaves. Le di un beso en la mejilla a mi madre, que estaba sentada en el sofá viendo la tele. Abrí la puerta, y antes de poder cruzarla escuché a lo lejos: ¡No hagas cosas que no quieras, Emma! —Sí, mamá...— contesté, sin girarme y poniendo los ojos en blanco. Cerré la puerta con llave y empecé a caminar hacia la estación de metro.


Os quiero mucho. Comentad aquí debajo :)

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