miércoles, 3 de octubre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cuarenta y Tres


No paraba de tragar saliva repetidas veces. No paraba de suspirar a la vez que cerraba los ojos. No paraba de angustiarme al imaginarme ciertas situaciones que podrían suceder. No podía para de pensar en mí, en darme cuenta de que mi corazón pensaba antes que mi cabeza; en darme cuenta de que querer a una persona era un delito muy grave para mí. Quería a Sophie y quería a Gael. Simplemente el pensar de que Gael, en ese estado, podía hacerle algo a Sophie, me mataba por dentro. Nada más imaginarme que a Gael le podía pasar algo, me dejaba sin aliento. Ni si quiera estar sentada en el asiento de ese vacío vagón de tren me ayudaba a tranquilizarme. El nerviosismo me recorría de pies a cabeza; no podía parar de agitar la pierna derecha. Ni yo misma hubiese sido consciente de que no cesaba de menearla si no hubiese sido porque el casco se movía incesante encima de mi regazo. Tenía la mirada fija y perdida en el mapa que marcaba las paradas que iba recorriendo con unas centelleantes luces rojas. A medida que las paradas se sucedían y se acercaban a mi destino, mi corazón se aceleraba gradualmente. Pasaron un par de minutos más antes de que el tren parara de golpe y me removiera por séptima vez aquella noche, en el asiento. Me levanté decidida y abrí una de las puertas de aquél vagón. Recorrí rápida el camino hacia la salida dándome cuenta de que, a cada paso que daba, mis rodillas flaqueaban y que a cada suspiro que dejaba escapar, mi labio inferior temblaba.

Pude distinguir a Sophie cuando ya estuve a unos cincuenta metros de ella. La negrura de la noche y la poca iluminación de aquellas calles me impedían ver mucho más allá. Al acercarme más pude ver a Gael apoyado en un árbol, vomitando. 
—¿Qué tal?— mi voz temblaba.
—Bueno, he conseguido que caminara un poco sujeto a mi brazo pero antes de que llegases ha empezado a vomitar—. Cabeceé, asintiendo con rabia. —No se merece que le hayan hecho esto...— murmullé.
—La que no te mereces esto eres tú. Lo siento...— respondió Sophie. Reprimí unas amargas lágrimas antes de abrazarla y besarle la mejilla. —Te llamo mañana— me despedí. Ella asintió aún abrazada a mí. Después de eso se giró y empezó a caminar en dirección contraria a la que yo había venido. Se llevó con ella un estridente sonido de tacones que repicaban con fiereza el suelo y un dulce y fuerte aroma a perfume. Yo me dirigí hacia Gael que seguía apoyado en el árbol, ya sin vomitar. Posé mi mano sobre su espalda con cuidado y simultáneamente se sobresaltó, pero después empezó a sollozar. —Ya está, ya está...— intenté calmarle, procurando que mi voz no temblara y acariciándole la espalda. Empezó a llorar más fuerte. —¿Quieres un pañuelo?— pregunté, ofreciéndole uno. Separó sus manos del árbol y recuperó la postura mientras no paraba de miramre con unos ojos bastante rojos e hinchados que intensificaban el color verde de éstos. Dirigió la mirada al pañuelo y muy poco a poco intentó cogerlo pero supuse que aún estaría mareado ya que no acertó. Había traspasado demasiado el límite. Al ver que no pudo cogerlo, arrugó la nariz con rabia. Yo suspiré mientras apretaba los labios. Desdoblé un poco el pañuelo y lo pasé por su rostro mientras recogía unas últimas lágrimas que se le escaparon y secaba la humedad de sus mejillas que habían provocado otras tantas. Sonreí al darme cuenta de que no paraba de mirarme con dulzura. —Bueno, tenemos que irnos. Te llevaré a casa— dije mientras me ponía el casco dejando así, mis dos manos libres para poder sujetarlo. Le pasé mi brazo por su espalda y él pasó el suyo por detrás de mi nuca. A medida que avanzábamos hacia su moto que se encontraba a pocos metros de dónde estábamos, notaba cada vez más su peso en mis hombros. Cuando estuve delante de la moto empecé a pensar que podía hacer para que el viaje fuese lo más seguro posible porque, tuve en cuenta de que quedaban pocos minutos antes de que cayera profundamente dormido.


Con esta ya van ciento y una, de entradas. Todo es gracias a vosotros, y os lo agradezco mucho. Os quiero. Comentad aquí abajo y compartid esta novela con vuestros amigos, tíos, primos... Un fuerte beso a todos.

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