miércoles, 10 de octubre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cuarenta y Cuatro


Mi respiración, agitada y sonora, se entrecortaba cada vez que oía que algún vehículo se acercaba por aquella lúgubre carretera. En cuánto nos pasaban de largo, mis músculos se relajaban; tenía miedo de que algún coche de policía pasara por allí en aquel “acertado” momento. Simplemente imaginarme las consecuencias que me conllevaría toda aquella locura me revolvía el estómago.
Intentaba razonar, razonar mínimamente, pero me era prácticamente imposible. Había colocado a Gael sentado en la moto, abrazándome, mientras yo estaba de pie a un lateral, justo de cara a él. Al menos, si se dormía, me daría tiempo a reaccionar y no se caería redondo al suelo. Había sacado con anterioridad su casco del compartimento que había debajo del sillín y lo había colgado en el manillar. Cerré los ojos por unos minutos intentándome concentrar de verdad. De repente, Gael me besó la frente. Fue un beso corto pero se hizo notar más que ninguno. A pesar de estar ebrio, noté un sentimiento en ese beso; noté que fue su corazón el que quiso besarme y que, su poco sentido de la vergüenza en aquel momento, le ayudó. Mantuve los ojos cerrados durante todo aquel momento, incluso varios minutos después. Cuando los abrí, pude comprobar que un cansado Gael tenía los ojos ya entrecerrados. Me quedaba muy poco tiempo. Debía pensar rápido. Lo único que necesitaba era encontrar la forma de transportarle de la forma más segura posible. Me vino a la mente un cinturón de seguridad; mi bombillita mental se encendió. Palpé con cuidado el borde de su pantalón. Menos mal. Como pude, le desabroché el cinturón y se lo quité con cuidado. Fue un momento incómodo pero, con un poco de suerte, no tendría por qué recordarlo si yo no daba el primer paso para rememorarlo.
Cogí el casco que había dejado en el manillar pudiendo dejar así, el cinturón en ese mismo lugar. Después le puse el casco. Coloqué su pierna izquierda al otro lado de la moto para así poder subirme delante de él. Apoyé sus brazos sobre mis hombros, haciendo que su chaqueta se levantara ligeramente y así poder pasar el cinturón por su espalda. Cuando tuve los dos extremos de la tira de piel sujetos con ambas manos, contuve el aliento durante unos segundos para poder atar bien la hebilla. Cuando ya lo tuve atado, fui subiéndolo poco a poco hasta que lo tuve a la altura de mi cintura; ahí ya me apretaba menos. Hice que sus manos me rodearan. Rebusqué en los bolsillos de mi chaqueta hasta que encontré las llaves de la moto que, sigilosamente, me había colocado en uno de ellos Sophie para que Gael no se diera cuenta. Acerté a la primera en el contacto. La giré de golpe; el motor rugió como pudo. Todas aquellas clases prácticas que me había dado mi padre durante le pasado verano, por suerte, recorrieron mi mente. Poco a poco fui siguiendo, paso a paso y cómo él me enseñó, todo lo necesario para poder empezar a dar gas y avanzar por aquella oscura carretera. A medida que iba avanzando, me encontraba más segura en aquella moto. No quise correr demasiado porque Gael, antes de haber llegado a mitad de camino, se había quedado dormido dejando caer su cabeza encima de uno de mis hombros. Recorrí muchos callejones que conocía para poder atajar y llegar lo antes posible sanos y salvos. 

Cuando por fin pude divisar mi casa y pude comprobar así que, por suerte, no había ninguna luz encendida, recorrí sin miedo los pocos metros que quedaban hasta llegar a casa de Gael. Apagué el motor cuando estuve encima de la acera y justo delante de su puerta. Por desgracia, en su casa si que había una luz encendida. Me temí lo peor. Suspiré muy profundamente antes de hacer el esfuerzo de cargar en mis hombros a Gael después de haber desatado el cinturón y de haberle quitado el casco. Pulsé como pude el timbre. No me dio tiempo casi ni a reaccionar cuando de pronto, la puerta se empezó a abrir poco a poco.


Espero que os haya gustado. Compartidlo con tanta gente como queráis. Os quiero mucho. Os lo debo todo.

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