miércoles, 24 de octubre de 2012

0

Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cuarenta y Seis


Dejé con mucho cuidado todos aquellos llaveros en el recibidor. También colgué la chaqueta en el perchero de al lado. Al quitármela, todo mi cuerpo se heló de repente. Tenía las manos completamente congeladas. Las fregué entre ellas antes de abrir la nevera y coger la botella de leche. Cogí un vaso limpio que estaba secándose en el fregadero y lo llené hasta la mitad. Volví a dejar la leche en su correspondiente estante del frigorífico antes de darle un trago al vaso. Cuando estuve a punto de tragar un segundo sorbo, un “¿Emma?” me sorprendió de repente. Por poco no llegué a escupir la leche. La tragué como pude mientras me giraba hacia la persona que me asustó.
—¿Mamá?— pregunté arrugando la nariz.
—¿Emma?— insistió.
—Sí, soy yo... ¿Qué ocurre?— respondí, nerviosa.
—Vale, vale. Había escuchado unos pasos que venían de aquí y quería asegurarme de que eras tú.
—Sí, claro... Tenía sed y he tenido que levantarme— dije mientras movía el vaso de leche, alzándolo un poco. Mi madre sonrió; tenía los ojos entrecerrados, del sueño. Fue subiendo poco a poco las escaleras, tapándose bien con su bata. Solté un profundo suspiro cuando desapareció por el pasillo. “Menos mal”, pensé. Noté cómo mi pulso volvió a desaparecer casi por completo. Las piernas y el vaso que tenía sujeto en una mano, temblaban. Al acabarme la leche conseguí relajarme. Enjuagué el vaso con agua y lo dejé bocabajo en la pica. Me quité las bambas antes de subir las escaleras. A pesar de llevar calcetines, puede notar el gélido suelo contrastar con mis pies, ligeramente calientes. Subí las escaleras con las bambas en una mano. Entré en mi habitación y cerré la puerta de golpe, pero sin hacer ruido. Dejé caer las bambas; sonó un golpe seco. Las aparté con un pie antes de dejarme caer en la cama, totalmente rendida. Estaba agotada. Jamás había tenido que enfrentarme a un problema tan complicado sin el consejo de mis padres. Aunque normalmente, era mi madre la que me aconsejaba. Tuve que tomar una decisión difícil yo sola; no había sido una respuesta fácil de pronunciar: el hecho de que tardase un par de segundos en responder no significaba que había sido fácil. Simplemente hice lo que el corazón me dijo y, a pesar de no tener ninguna obligación en ayudarles, lo hice, y no por quedar bien, sino porque de verdad sentí que debía hacerlo. En aquél par de segundos, el casco que me regaló Jason me motivó. “No tengas miedo”; no tuve miedo a hacer lo que hice. Sí, estaba aterrorizada, pero de las consecuencias hacia mi persona y hacia mis amigos; lo que podía ocurrirnos de malo. Aquella madrugada me sorprendí de mí misma. Todo ese viernes me había hecho pensar en muchas cosas. Sin querer, en mi interior, cambiaron cosas que ni yo supe que lo hicieron. Me sentía diferente después de todo ese día tan ajetreado. Me empezó a doler la cabeza; una pequeña migraña empezó a surgir después de todo. Al notar aquél dolor, me sorprendí de que no hubiese aparecido antes. Me acurruqué y tapé con las sábanas incluso mi nariz. Cerré los ojos con fuerza. A los pocos minutos los abrí de repente al recordar algo. —Oh, no...— murmuré. Me quejé y me revolví en la cama. Recordé que al día siguiente tenía que ir a correr con mi padre.


Gracias por todo. Suscribiros y comentad aquí abajo. Os quiero. Mucho.

No hay comentarios :

¿Y tú qué opinas?

¡Comenta!