miércoles, 7 de noviembre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cuarenta y Ocho


—La... la verdad es... es que no sé que me pasa, Gael— dije entre sollozos.
—Va, tranquila. Relájate, ¿vale? ¿Quieres que vaya y hablamos?— me tranquilizó con una voz muy dulce. Intenté hacer lo que me dijo. Respiré hondo un par de veces; mi llanto menguó. Él seguía pacientemente al otro lado el teléfono.
—¿Estás con resaca?— una leve risa se me escapó al decir la frase. Casi pude escuchar su sonrisa.
—¿Yo? ¿Con resaca? ¡Estoy acostumbrado!— espetó con una sobrante ironía. Reímos a la par —Dame diez minutos, enana— dijo resaltando la última palabra. Colgó. Me miré el teléfono y le saqué la lengua. Me reí de mí misma. Suspiré y me sequé las lágrimas antes de bajar a la cocina y avisar a mi madre.

—¿Por qué no me has avisado antes?— exaltó nada más decírselo.
—Acabamos de decidirlo— puse los ojos en blanco. La miré de arriba abajo. —Estás igual de guapa con delantal o sin, mamá— sonreí.
—¿Y sin maquillar, también?— apretó los labios, supongo que deseando que dijese que sí.
—Claro...— fui hacia ella y le abracé. En ese momento llamaron a la puerta.
—¡El timbre!— gritó mi madre. Fue casi corriendo hacia la puerta y cuando tuvo el pomo en su mano buscó mi mirada —¿Será él, no?— dijo moviendo los labios y frunciendo el ceño. Sonreí y asentí con la cabeza. Giró el pomo y abrió la puerta; se saludaron con un abrazo antes de que Gael pudiese cruzar el umbral de la puerta. Me rasqué la nuca, estaba un poco incómoda. Entre saludos y preguntas Gael se fue acercando. 
—Hola, Emma— dijo. Yo simplemente esbocé una amable sonrisa. Me abrazó y me levantó un palmo del suelo; me sentó realmente bien ese abrazo.
—Vamos arriba— dije, apuntando con el índice hacia el techo. 
—Claro, cielo— mi madre no paraba de sonreír. Subimos las escaleras y entramos en mi habitación.
—¡Vaya, es enorme Emma!— me miró boquiabierto. —¿Puedo?— señaló la cama.
—Claro— dije encogiéndome de hombros. Se sentó con cuidado. Yo me senté en mi silla con ruedecitas, observando cómo observaba con detenimiento mi habitación. Al darse cuenta de que estaba sentada en la silla, se alargó lo que pudo hasta cogerme por un tobillo y, aún sentado, tiró hacia él para que la silla avanzase hacia la cama. Tiró bastante fuerte; acabé retorciéndome por la cama encima de él. El corazón casi se me sale por la boca del susto. Cogí uno de los cojines que adornaba mi cama y le golpeé en la espalda.
—Vaya, vaya... ¿Quieres pelea?— giró la cabeza hacia mí y levantó una ceja. Se fue acercando poco a poco mientras mis mejillas se encendían de golpe; notaba que me ardían. Supongo que se dio cuenta pero, después de haber hablado ya el tema de nuestra relación, no quiso ponerme más nerviosa de lo que ya sabía que me ponía cuando se acercaba. En un abrir y cerrar de ojos tenía sus manos en ambos lados de mi cuerpo. Empezó a presionar con todos los dedos por la zona de las costillas, haciéndome cosquillas. —¡Para!— conseguí decir entre risas un par o tres de veces. Me cargó en uno de sus hombros y se levantó. —¿Quieres que pare?— preguntó divertido, sin parar de hacerme cosquillas. En ese momento me acordé de Jason; me acordé de aquel momento en el que me hizo cosquillas en el centro comercial. Era la misma escena. Enmudecí de golpe. Gael me bajó al darse cuenta. —Lo siento... Es que me acabo de acordar de Jay— dije mientras miraba al suelo. Me levantó la cabeza sujetando mi barbilla con sus dedos índice y pulgar. Sus ojos se clavaron en los míos.
—¿Es por él? ¿Lloras por él?— preguntó, serio. Negué con la cabeza y solté un largo suspiro.


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