miércoles, 26 de diciembre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cincuenta y Cinco


—No mires, no mires…— me repetí una y otra vez a mí misma. No miré, ni una sola vez levanté la vista hacia aquella persona que me miraba nerviosa, lo presentía. Podía escuchar su respiración agitada; sus suspiros entrecortados y demasiado seguidos. Oía el constante chirrío de unas bambas que se balanceaban en el suelo. Se sentó a mi lado y me pasó el brazo por encima de los hombros. Su olor inconfundible llenó el vacío que tenía en lo más profundo de mí y, a la vez, me alarmó. Mis músculos volvieron a tensarse al reconocerle: estaba insegura, tenía miedo. No sabía cómo iba a reaccionar después de todo lo sucedido; tampoco yo sabía lo que le diría, después de todo.
Estuvimos varios minutos así, seguramente porque quería asegurarse de que me seguía siento cómoda a su lado y en parte seguía siendo así. Creo que fue la misma enfermera de antes la que vino a traerme las pastillas para el fastidioso dolor de cabeza. —Aquí están las pastillas— dijo ella, relajada.
—Ahora se las daré— contestó él en un susurro. Tragué saliva al oír su voz. Ese profundo sonido proveniente de su garganta me hizo rememorar todos aquellos momentos que habíamos vivido en tan poco tiempo. Me había hecho sentirme única y completa. Él había sido capaz de sacar todo lo mejor de mí, o al menos eso creía. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al recordar nuestro primer beso. ¿Cómo podía estar pensando en eso? No, tenía que centrarme. Sacudí la cabeza en un intento de sacar ese pensamiento de ella; en cuánto se desvaneció por completo de mi mente, intenté razonar. Respiré profundamente, notando la manera en la que mi espalda se arqueaba al inspirar tal cantidad de aire. Aún encogida bajo mi manta, ladeé mi cabeza hacia la izquierda, apoyándome en su hombro. Él me estrechó aún con más fuerza hacia él: podía notar cómo sus dedos se hundía en la manta apretándome el brazo con ternura. Pero lo que hizo que me deshiciera en lágrimas fue el sutil beso que me plantó en la coronilla haciéndome estremecer.
En cuánto se dio cuenta de que mis lágrimas se intensificaban cada segundo que pasaba, al igual que mis sollozos, empezó a acunarme levemente. Lo que hizo verdaderamente insoportable aquel mar de lágrimas fue el intenso pinchazo que cruzó mi cabeza una vez más. 
—Dame las pastillas, por favor...— dije con voz ronca. Extendí mi mano izquierda y dejó las pastillas en la palma, después la cerró con suavidad. Incluso el vello de mis nudillos se erizó por el contacto de su piel con la mía. Giré mi cabeza hacia la derecha, en dirección opuesta a la que estaba él, y me levanté para alcanzar de la mesilla una botella de agua. Me puse una de las pastillas encima de la lengua y la engullí con un largo trago de agua. Hice lo mismo con la segunda. Cerré los ojos con suavidad a la vez que hacía crujir mi cuello haciéndolo girar hacia ambos lados. Relajé los hombros sacudiéndolos con delicadeza, intentando que la manta que los cubría no cayera al suelo. Oí que se levantaba de dónde estaba sentado y se acercó a mí, posicionándose justo detrás mío. Noté su respiración en mi nuca; apoyó sus labios en ella y susurró un "yo todavía te quiero" que me dejó noqueada y desorientada.


Espero que os guste. Ya sé que es un poco misterioso e incluso penséis que es desconcertante, pero ya sabéis, la duda es demasiado tentadora. Os quiero mucho. Comentad aquí abajo y seguirme en Twitter.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cincuenta y Cuatro


Quizás pasaban horas... o minutos cada vez que abría los ojos con las mínimas fuerzas que me quedaban. En uno de esos momentos en los que mis ojos querían ver todo aquello que se sucedía a mi alrededor, vi a alguien sentado al borde de la cama pero, de repente, alguien que salió de la nada empezó a abrirme ambos ojos proyectando una luz sobre ellos: primero el izquierdo y después el derecho. Apenas distinguía nada, ni siquiera aquel haz de luz me cegó tan sólo un segundo. Yo gruñí levemente, quería que ese hombre de blanco que no paraba de hurgarme el cuerpo con su extraños instrumentos se apartase de mi borroso campo de visión. Otra vez aquella pesadez: —Ahora no...— pensé. Los párpados volvían a cubrir mis ojos lentamente sin que yo pudiese hacer nada.

Al despertar me sobresalté. Recorrí con la mirada toda la habitación pero no encontré a nadie. El calor de los rayos de sol me hizo sentirme mucho mejor. Arranqué la manta que cubría mi cama y me la enrollé al cuerpo antes de bajar de la camilla. Noté el suelo muy frío a pesar de llevar calcetines; en ese momento me di cuenta de que llevaba el chándal de domingo puesto. Miré a través de la ventana un atardecer que se oscurecía poco a poco. Dejé que esos últimos rayos, aquel último suspiro de calor que me había acompañado durante aquel sueño se despidiese de mí. El atardecer, ¿había sucumbido a la nada hasta la despedida del Sol? Suspiré. Hice resbalar mis pies sobre el suelo gris, dando la espalada a la ventana. Aquella habitación estaba dispuesta igual que la de Jason cuando ingresó por el accidente de moto. Cerré los ojos rememorando aquella noche. Me estremecí. No lograba entender por qué le había llegado a hacer daño de esa manera. Sí, estaba segura: estaba enamorada. De lo que no estaba del todo segura era de quién. Todo aquello me estaba volviendo loca. La cabeza volvió a darme vueltas. Un dolor punzante se clavó en mis sienes haciéndome cerrar los ojos de golpe; obligándome a apretar la mandíbula. Era algo verdaderamente insoportable. Tenía todos los músculos agarrotados y me sentía agotada. Estiré el brazo derecho hacia atrás a fin de encontrar una pared en la que apoyarme. Cuando lo hice, me dejé caer lentamente hacia abajo. Me cubrí bien con la manta cuando ya estuve sentada y toda esa rabia interior hacia mí misma se manifestó mojando mi cara de lágrimas amargas. Lo intentaba, intentaba arreglar toda aquella situación y de lo único que era capaz era de estropearlo cada vez más. Lo que más me dolía es que unas disculpas no serían suficientes. Tenía que decidirme, debía decidirme. Necesitaba olvidar a una de esas personas para poder continuar con la otra, pero era muy difícil y, lo peor de todo, era que era mi decisión y de nadie más. ¿Había valido la pena besar a Gael? Recordé la foto, ¿quién la debió hacer? ¿Quién fue capaz de compartirla a diestro y siniestro por ahí? ¿Quiénes la habrían visto? ¿Qué pensarían ahora de mí? Quizás esa foto me ayudaría a decidirme, quizás sí se debió hacer esa foto para darme cuenta de que tenía la decisión justo delante de mí, ¿o no? Pregunta tras pregunta se depositaban una encima de otra, dejándome cada vez más aturdida y desconcertada. Las lágrimas no cesaban y ya empezaban a empapar la manta que cubría mi cuerpo tembloroso. Las punzadas que se clavaban como alfileres en mis sienes cada vez se hacían más intensas y no pude reprimir un grito sordo, doloroso y desgarrador. Simultáneamente oía la puerta abrirse. Me apreté más, haciéndome o intentando hacerme más pequeña. Unas manos finas y firmes me levantaron con cuidado la cabeza, obligándome clavar mis ojos en los de una mujer madura y canosa. —¿Estás bien, corazón?— preguntó con ojos alegres. Cabeceé un sí, pero otra punzada me cruzó la cabeza haciéndome apretar ambas sienes con las manos. —Haz que pare... por favor— susurré con ira. Noté que se alejaba de mí. —Ahora vuelvo con las pastillas— la escuché más lejos, no se dirigía a mí. No hubo respuesta oral, quizás gestual pero no tenía ninguna intención de volver a levantar la vista. Oí unos pasos que se acercaban, cautelosos. Alguien se acuclilló a mi lado ya que oí unas rodillas crujir. Pude notar su respiración temblorosa y mi cuerpo se sacudió bajo aquella manta.


Espero que os haya gustado. Espero vuestros comentarios, de verdad. Seguidme en Twitter y preguntarme todo lo que necesitéis. Hasta el próximo; un besazo.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cincuenta y Tres


—¿Hola?— pregunté al no escuchar respuesta a mi saludo inicial.
—Emma... ¿te has... besado con... con Gael?— preguntó ella, tartamudeando. Mi corazón dio un vuelco y todo se tornó negro de repente. Una angustia invadió todo mi cuerpo; empecé a temblar.
—¿Por qué me lo preguntas?— intenté sonar lo más relajada posible. Oí como suspiraba entrecortadamente. —Dímelo, Sophie.
—Me acaba de llegar una foto... vuestra—. Parpadeé atónita.
—¡¿Qué?!— grité, quebrando mi voz al final. —Quiero verla.
—Está bien.
El corazón se me iba a salir del pecho. ¿Qué había hecho? La demasiado corta melodía del mensaje me hizo volver a la realidad. —Un momento— susurré. Dejé colgada a Sophie con la llamada y abrí el mensaje. Mi primera reacción fue quedarme boquiabierta; mi segunda reacción fue comparar la ropa de la foto con la mía. Tragué saliva e intenté respirar hondo. A pesar de que la foto estaba hecha de lejos y bastante aumentada y por tanto, un poco pixelada por el zoom, se podía distinguir perfectamente a dos personas besándose: una de ellas era Gael, la otra era yo. Volví a abrir el menú de llamada y me coloqué el móvil, temblorosa, de nuevo pegado a la oreja. Se me escapó un sollozo.
—Emma... Lo siento. Yo no... yo no...— ni Sophie encontraba las palabras adecuadas en ese momento.
—No lo sientas,— dije, ya llorando —soy una repugnante egoísta.
—No, Emma... No digas eso, por favor. Tú no eres así, lo sé. Quizás estabas confundida...
—¿Y Jason qué? Me odiará de por vida— dije mientras me levantaba de la cama y, al hacerlo, la cabeza me empezó a dar vueltas.
—Te entenderá...— no sonó muy convencida. Empecé a ver una especie de luces por todas partes y me cada vez tenía más dificultad para inspirar hondo. Mi mundo se paró de repente. Sophie empezó a gritar mi nombre al otro lado del auricular y yo me desplomé en el suelo.

Entreabrí los ojos un momento. Mi madre me sujetaba en su regazo con una mano, en la otra tenía un teléfono, estaba bastante alterada. Todo se sucedía a cámara lenta y demasiado borroso.

El sonido de una sirena hizo que mis sentidos se despejaran por momentos. Ladeé la cabeza a ambos lados intentando buscar la respuesta a mis preguntas no formuladas. Escuché un “todo irá bien” que provenía de una mujer. ¿Mi madre? Intenté buscarla sin lograrlo, nada más distinguía sombras, como espectros a mi alrededor. ¿Estaba en una ambulancia? Una mano robusta me apretó mi mano izquierda. Giré ligeramente la cabeza hacia ese lado y pude distinguir a un hombre, supuse que sería mi padre. Sin poder evitarlo, volví a sucumbir a la “nada”.


Creo que es un poco corto pero espero que valga la pena. Comentad por aquí abajo que os ha parecido; podéis seguirme fácilmente en Twitter con el botón que hay en la barra lateral derecha, os resolveré todas las dudas que tengáis. Os quiero mucho.

jueves, 6 de diciembre de 2012

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cincuenta y Dos


—Te estarán echando de menos— dijo Gael, con los labios pegados a mi frente. Abrí los ojos, húmedos.
—Eso creo— me separé ligeramente e intenté esbozar una leve sonrisa. Él respondió imitándome, pero podía incluso palpar su tristeza detrás de esos labios que hacían un esfuerzo para parecer amables. Bajé la mirada a mis dedos que se retorcían entre ellos por los nervios y el frío. Cuando me di la vuelta, pude escuchar como tragaba saliva sonoramente. Se me encogió el corazón y apreté los labios, doloridos. Me encaminé hacia casa con la mirada perdida en las baldosas y mis torpes pies adormecidos. Estaba completamente en blanco, completamente perdida, otra vez. Fue un error. No debí haber hecho eso. ¿Pero me arrepentía acaso? Puse los ojos en blanco, haciendo volver a mi mente una tira de imágenes de esa extraña escena. El suave tacto del fino cabello que nacía de su nuca hizo que mis dedos se tensaran instintivamente. Aquel beso, cargado de ternura por su parte y lleno de curiosidad por la mía hizo que mis labios se separan ligeramente. Un escalofrío me recorrió la columna al recordar aquella docena de leves caricias con sus labios en mi piel. Pero toda aquella agradable sensación que sentía por todo el cuerpo... ¿lo sentía también dentro de mí? Necesitaba analizar todo aquello y, seguramente, torturarme a mí misma por haber metido otra vez la pata. “¿Emma, nunca aprenderás?” decía una vocecilla en mi interior. Fruncí el ceño y apreté los dientes. No, nunca había aprendido la lección. Suspiré al ver que cada vez estaba más cerca de la puerta de mi hogar.

—¿Emma, qué es lo que querías comprobar?— mi madre sonó muy confundida. Intenté pensar la frase antes y decirla de un tirón. Nada de tartamudear.
—Bueno, Gael se había dejado su cartera, y quería comprobar si se había dado cuenta— fingí una sonrisa que ocultaba todo el mal trago anterior. Seguí aclarando los platos que me pasaba mi madre, esperando a que dijera algo. 
—¿Estás bien, cielo?— y lo hizo. Ahí estaba la intuición materna, otra vez.
—Claro— contesté, incluyendo en la respuesta una engañosa cara de sorpresa. Ella frunció el ceño.
—¿Estás embarazada?
—¡¿Qué?! Cómo es posi... ¡Mamá, por favor, por supuesto que no!— no me pude creer lo que acababa de oír.
—Vale, vale... No te alteres. Es nada más una pregunta—. Abrí mucho los ojos, irónicamente, ante su justificación. Suspiré larga y profundamente mientras ponía los ojos en blanco.
—Estos cambios de humor, no sé... Son raros en ti, Emma. Tienes cara de cansada, cielo... Pensé que quizás podías... ya sabes. Una nunca está en lo cierto a estas edades, nunca se sabe.— continuó.
—No es nada, estoy bien, de verdad. Será el cambio de estación: afecta a todo el mundo.
—Supongo— sonrió.

Nada más acabar con los platos, subí a mi cuarto y me estiré en la cama a leer algún poema que me ayudara a recomponer mi “demasiado desordenado” puzzle mental. Mi móvil sonó de repente y todos los músculos se tensaron al oírlo. Dejé reposando el libro encima de mi barriga y alargué el brazo hacia la mesilla para alcanzarlo. Al ver que era Sophie me vino a la mente el momento en el que le dije que le llamaría. Descolgué y la saludé agitadamente.


Gracias por el apoyo. Siento el retraso de este capítulo pero espero haberlo compensado. Un besazo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

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Importante: Mis más sinceras disculpas

Queridos lectores:

Sé que es miércoles y debería haber subido el siguiente capítulo. Si os ha molestado, lo siento, pero por culpa de los exámenes se me ha olvidado incluso escribirlo. He estado estas dos últimas semanas bastante liada, ya sabéis como es esto de los globales. Mis más sinceras disculpas, otra vez.
Mañana subiré el capítulo que no he podido subir hoy. Espero que nos os importe. ¡Feliz puente a todos!