miércoles, 23 de enero de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Cincuenta y Nueve


Caminaba con sigilo, intentando disimular. Yo misma sabía que lo más lejos que iría era a casa. Tampoco tenía intención de irme, simplemente quería tomar el aire. Mi madre lo había liado todo otra vez. Yo no quería volver a hablar con Gael; quizás tuvo razón: aquél hubiese sido un último adiós si no fuese por mi madre. Al pasar por las puertas de cristal que se abrieron a mi paso pude ver, como bien me dijo el agente, un pelotón de personas en el párking. Me acerqué ya por curiosidad. Parecía que los estaban intentado separar pero apenas podía distinguir nada. —¡Como vuelvas a ponerle la mano encima a Emma más vale que te escondas bien!— alguien gritó. ¿Jason? El corazón me empezó a latir con fuerza hasta que se disparó completamente. Oía gritos de ambas partes pero en aquel momento no escuchaba lo que decían, estaba demasiado nerviosa. Toda yo empecé a temblar y por unos segundos me quedé en blanco sin hacer nada hasta que reaccioné. Empecé a apartar, maldiciendo y pidiendo disculpas, a la gente con empujones. Y cuando llegué a estar delante de todos, se me cayó el alma a los pies. Mi mente congeló aquella imagen que fue archivada en un rincón de mis pensamientos sin yo quererlo. Esa era una imagen que por nada del mundo hubiese imaginado presenciar en mis propias carnes y que, por supuesto, para nada quería volver a recordar. Pero, por algún motivo, noté como si el mundo se pausara y yo fuese la única que podía moverse con normalidad y eso se me quedó grabado. Todo era muy confuso. Lo que veían mis ojos me produjo una inmensa rabia y desolación; en ese momento creí tener todos los números para ganar el gran “premio”: perder lo que amaba.
—¡Esperen, por favor!— grité por encima de la muchedumbre. Uno de los policías se giró y me miró. Parecía que no dejaban acercarse a nadie, así que le hice un gesto con la mano para que se acercase él. Y así fue.
—¿Qué quiere, Señorita?— preguntó amable pero serio.
—Le conozco— musité mirando por encima de su hombro. El hombre se apartó ligeramente dejando a mi vista aquella terrible imagen. Miró primero a ellos y luego a mí, alzando una ceja. —¿Cuál de ambos, Señorita?— volvió a preguntar, intentado parecer impasible y serio.
—Bueno, en realidad... a los dos— hablaba bajito, estaba demasiado avergonzada. Sabía que esa situación la había provocado yo solita y eso me helaba las venas. Él se quedó sorprendido, como esperaba. —Aunque ahora mismo me gustaría hablar con él— dije mientras señalaba a Jason, que estaba apoyado en un coche policial y esposado por la espalda, de espaldas a mí.
—¿Es su hermana?
—No precisamente— fruncí el ceño. —Soy su novia—. El policía apretó los labios y acabó suspirando.
—No debería dejarle pasar pero creo que puedo hacer una excepción con usted, Señorita. Téngalo en cuenta. Le doy un minuto;— habló con frases mientras me ponía la mano en el hombro— por aquí—. No me soltó hasta que llegamos al coche. Volvió a repetirme eso de “un minuto”, mirándome directamente a los ojos. Asentí con la cabeza y me volví hacia Jason que me estaba mirando. 
—¿Qué?— dije con chulería.
—¿Qué de qué?— puso los ojos en blanco.
—Para empezar, nunca más vuelvas a irte durante una discusión y para acabar, ya que no me permiten más de sesenta segundos de conversación, esto no va a acabar así.
—¿Y qué pensabas, que lo iba a dejar correr?— una risa nerviosa se escapó en un suspiro de entre sus labios. Mis ojos se humedecieron, me sentía impotente.
—¿Y yo ahora qué hago? ¿Acaso eres más feliz así?— alcé la voz mientras no dejaba de mirar las esposas.
—No me van a hacer nada. Seguramente me retendrán esta noche hasta que venga William a rescatarme— sonrió. —Y sí, soy más feliz ahora—. Pensé que lo mataba en aquel preciso instante.


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