miércoles, 20 de febrero de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Sesenta y Tres

El traqueteo del asiento de atrás del coche era incluso cómodo. Era como un leve balanceo para poder dormir, muy tranquilizador. Me descalcé aquellas ligeras bambas a conjunto con el chándal simplemente utilizando los pies, empujándolas hacia abajo por el talón y dejándolas caer en la alfombrilla del coche. Aún con el cinturón puesto pude girarme levemente hacia la izquierda pudiendo apoyar, así, la cabeza bajo ambas manos que hacían de almohada. Miraba hacia el cristal de ese lado, dónde las gotas caían unas encima de otras, resbalando por el vidrio mientras hacían carreras entre ellas. Sonreí al recordar cómo las reseguía con el dedo cuando era pequeña. Suspiré. Nos alejábamos de las luces centelleantes del centro de la ciudad. Aquellos destellos iluminaban aquel paisaje húmedo haciéndolo cálido. Durante la cena en el hospital me avisaron de que me daban el alta: sólo había sido un desmayo. Encubrí con repentinas excusas la detención de Jason y la despedida de Gael a mis padres. Quisieron creerme y lo dejaron correr. Mi madre seguramente se dio cuenta de que aquel colapso que había sufrido había sido por culpa de alguno de los dos. Y no dije que no fuese así, simplemente encubrí algo que me había partido el corazón aquella tarde. Nadie dijo nada en todo el camino, bueno, nadie me dijo nada en todo el recorrido. Ni lo ansiaba ni lo necesitaba. Sí, quise estar sola... pero tenía miedo de sentirme sola. Después de poder rozar con la yema de los dedos la nuca de ese alguien a quien amaba mientras nos besábamos; mientras me decía que me quería sin palabras a la vez que su piel se erizaba bajo mis dedos, después de sentir eso no quería no poder revivirlo una y otra vez cuando quisiera. El amor recíproco era algo que quería tener, que quería sentir en mis labios, rozándome el lóbulo de la oreja; quería sentirlo en mis pelos de punta bajo cualquier prenda de ropa y en mis manos entumecidas por el frío o calor. Notarlo mientras me recogiese unas lágrimas que humedecían mis mejillas enrojecidas u oler su aroma del cuello de la camisa que me hubiese dejado. Presenciar mil y un amaneceres junto al amor correspondido era que lo que deseaba: tenerlo a mi lado, amándome sólo a mí de una manera sencilla.

Abrí el grifo y me eché agua a la cara. Hice lo mismo que aquella misma tarde en el baño del hospital antes de salir, pero ahora no era para disimular las lágrimas sino para evitarlas. Tragué saliva aún apoyándome en la pica, con la mirada baja. Evité mirarme al espejo girando de golpe sobre mis talones para así poder secar mi rostro mojado con la toalla que había colgada detrás de la puerta, cerrada en ese momento. Antes de apagar la luz para salir eché un vistazo a mis siete fragancias y recordé a Gael. —¿Por qué?— susurré, hablándome a mí misma. Mañana hablaría con Sophie, ella sería capaz de opinar, más o menos, de una manera neutral sobre si realmente me engañó o me mintió. Aún no tenía muy claro por qué iba a mentirme con algo tan grave. Recordé mis palabras como una voz en off en mi interior: —Eres asqueroso. Repugnante—. Su rostro pálido y confuso después de escuchar esas palabras... ¿se las esperaba? O quizás es lo que pretendía. ¿Pretender que le odiase? Eso sería ridí... o no. Sí, era eso. Quiso alejarme de él.


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