miércoles, 13 de marzo de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Sesenta y Seis

—Y... Pero...— Sophie no fue capaz de articular palabra alguna. Después de todo, yo me había quedado igual cuando lo escuché. Su boca parecía haberse desencajado totalmente. Nos sobresaltó el carraspeo de nuestro tutor, Edgar. No habíamos prestado atención al sonido de la puerta al abrirse y cuando nos dimos cuenta ya estaba allí, delante nuestro. Si no fuera porque tiene poco más de treinta diría que... bueno, ahora mismo ya pensamos que es bastante atractivo, y no porque sea el modelo de belleza masculina. —¿Necesitaba algo, Señorita Francis?— su voz interrumpió mis pensamientos. Me di cuenta de que miraba extrañado a Sophie —Hatson, ¿se encuentra usted bien?— sus cejas rubias, al igual que su pelo demasiado corto para mi gusto, se unían extrañadas. Sus ojos azabache se dirigieron a mí al ver que Sophie no respondía. —Esto... ella sólo me acompaña— tartamudeé. “Sophie disimulaba tan bien siempre...” pensé con ironía. Suspiré antes de continuar. —Y sí, la verdad es que necesito pedirle si puedo volver a casa. —¿Ocurre algo, Emma?— sus ojos emanaron preocupación. Incluso me llamó por mi nombre y no por mi apellido; la verdad es que siempre era muy comprensivo y justo con todo el mundo. —Ahora ya no, pero ayer sufrí un ataque de ansiedad y me desmayé. Me he levantado con fuerzas pero al llegar aquí me he empezado a notar demasiado cansada. —Deberías... digo, debería haber avisado al instituto y haberse quedado directamente en casa. Acompáñenme a recepción, voy a llamar a su casa. —Gracias— pronuncié bajito. —No me de las gracias. Llevamos demasiado tiempo juntos para que me agradezca la mínima ayuda que puedo ofrecerle. Usted siempre me ha ayudado a preparar todas las celebraciones y votaciones y todas esas cosas que tanto os gustan por el simple hecho de saltarse clases— incluyó una sonrisa de oreja a oreja que podría iluminar media ciudad. Era muy bromista, estaba más que acostumbrada a su ironía. Oímos cómo le llamaban desde dentro de la sala y se dirigió a mí con un “ahora vuelvo” inaudible antes de desaparecer detrás de la puerta. Yo aproveché y sacudí a Sophie por los hombros ya que seguía allí de pie, con la mirada perdida: completamente petrificada a mi lado. Aquella leve sacudida le bajó de dónde estuviese su cabeza en aquel momento, otra vez al mundo real. Su mirada se clavaba en la mía transmitiéndome la preocupación que sentía. —Eh, Sophie... No te preocupes. Creo que todo fue una mentira. Quería asustarme, quería que creyese que todo lo había hecho por la apuesta pero yo no me lo creo. Creo que me lo dijo para que me alejase de él— al escucharme sus cejas y sus demás facciones se relajaron un poco. —Pero... ¿te agredió?— apenas pude escuchar lo que dijo. —¿Qué? ¡Claro que no! ¿Estabas preocupada por eso?—. Cabeceó, afirmando. Yo apreté los labios recordando el momento. —Fue un poco agresivo pero en ningún momento me agredió. No sería capaz...— tragué saliva. No, para nada me hirió físicamente. Pero, sí, las palabras dolieron... y dolían aún. ¿De verdad lo hizo por mí? Quizás creyó que sería mejor una brecha en el corazón que una migraña crónica. —Me habías asustado. La próxima vez quiero todos los detalles desde un principio— me regañó y amenazó a su vez Sophie, que ahora respiraba tranquila.


Espero que os haya gustado. Espero vuestras "reacciones", comentarios y vuestras dudas (dudasparacarla@gmail.com). Os espero en el próximo. Os quiero.

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