miércoles, 20 de marzo de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Sesenta y Siete

Sonreí ampliamente ante la respuesta de Sophie. —Vamos, chicas— anunció Edgar cerrando la puerta tras de sí.
—Yo creo que me voy ya a clase...— dijo Sophie mirándome primero a mí y después a Edgar.
—Sí, claro. Nos vemos luego— él le guiñó un ojo, simpático. Sophie se mordió ligeramente el labio inferior y se despidió tímidamente de nosotros con la mano. Fuimos hasta recepción donde Edgar llamó a casa. Después de comentarle a mi madre mi estado físico, dejó que me marchase con el permiso que le había dado.
—Ves con cuidado y cuídate— se despidió de mí Edgar, con los labios ligeramente apretados, compasivos.
—Lo haré, gracias.
Al cruzar la puerta que daba a la calle inspiré profundamente. Mis fosas nasales sufrieron una ligera congelación por el aire frío que envolvía el ambiente, pero hizo que las leves náuseas que sentía se marcharan junto con el aire que expulsé después. Me sentí lo suficientemente bien como para poder llegar a casa en condiciones.

No corrí detrás del autobús que se me escapaba a cada paso que daba hacia la parada. Decidí caminar hasta la próxima; no había mucha distancia. La subida que había de camino a casa me “obligaba” a tener que coger el bus para volver a casa, ya que de ida era bajada y no me hacía falta. El rugido de una moto al reducir la velocidad hizo que me girase inconscientemente para mirar. El motorista, enfundado en una chaqueta de cuero y pantalones tejanos desgastados, levantó la visera del casco. Me quedé boquiabierta al verle. —¡¿Jason?!— casi grité. No pude evitar el impulso de ir a abrazarle. Le besé la nariz, lo único que pude besar, y el rió tímidamente. —¿Sorprendido?— pregunté irónicamente al darme cuenta de mi reacción al verle.
—Bueno... Sí, supongo. ¿No teníamos una conversaci...?— le corté agitando ambas manos.
—No. Contigo no. No hace falta que me des explicaciones; tú, no— dije, casi discutiendo conmigo misma. —Aunque, sí,— me aparté para observarle —deberías darme algunas sobre esto— dije seria, golpeando mi puño ligeramente contra su casco un par de veces.
—Estoy mucho mejor. La pierna ya no me duele y la moto...— bajó la mirada con una media sonrisa en la cara —La moto aquí la ves. La he ido a recoger hoy temprano. Mi tío vino de madrugada, antes de lo que me esperaba. Pagó la multa por desorden público pero Gael no denunció... Así que no le tuvo que indemnizar—. Arqueé una ceja, sorprendida.
—Creo que me quedé igual que tú ahora.
—Bueno, él sabrá lo que hace— en mi voz había ciertos matices de rencor y tristeza a la vez.
—Sí, supongo. Vamos, te llevo a casa.
—¿No has traído mi casco?— dije asustada.
—¿Crees que tu madre me hubiese dejado conducir con el yeso?
—¿Has ido a mi casa?— mi voz subió un par de octavas por la sorpresa.
—Sí. Como ya no me hacen falta las muletas he recogido la moto y he conducido hasta tu casa. La he aparcado en la parte detrás para que no la vieran. He dicho que había venido en bus. Quería darte los buenos días pero han llamado de tu instituto y he decidido que te iría a buscar, aunque tu madre cree que me he ido a mi casa. Le decimos que nos hemos encontrado en el bus y que te he querido acompañar.
—Ah, vale. Lo entiendo...— tragué saliva no muy segura con la propuesta.


Os quiero. Espero que os haya gustado. Espero vuestras "reacciones", comentarios y vuestras dudas (dudasparacarla@gmail.com).

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