miércoles, 1 de mayo de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Dos

El sonido de la melodía del móvil se adentró en mi cabeza despertándome. Aún con la cabeza hundida en la almohada, palpé con la mano izquierda la mesilla de noche hasta que logré encontrar aquel dichoso objeto vibrante que me había despertado. Cómo pude, entreabrí los ojos para poder darle a opción de “descolgar”.
—¿Quién es?— le solté de golpe a quién fuese la otra persona que estuviese al otro lado del teléfono, ya que ni me digné a mirar el nombre que apareció en la pantallita. Mi voz sonó ronca y seca, sí, de recién levantada.
—¿Estabas durmiendo?— escuché una voz masculina al otro lado que rió después de la pregunta y me hizo poner los ojos en blanco.
—Pues sí, Jason, me has despertado. ¿Algún problema?— quise parecer seria, pero su risa se me había contagiado y mi voz no pudo ocultar la enorme sonrisa que tenía de oreja a oreja.
—Bueno, quizás sí. Quería invitarte a cenar. Hoy creo que no has comido demasiado y tomar un poco el aire no te vendría mal—. Me tumbé mirando hacia el techo, sin entender lo que quería decir.
—¿Y cuál es el problema?— pregunté finalmente, arrugando el ceño.
—Pues que son las siete, preciosa— dijo Jason, suspirando al final de la frase. Abrí los ojos como platos y me senté rápidamente en la cama para mirar la hora del reloj que me despertaba cada mañana, casi en un acto reflejo, para poder creer lo que acababa de decirme.
—¡¿He dormido toda la tarde?!— le pregunté, o me pregunté a mí misma, casi gritando. Miré hacia la puerta, siendo consciente en ese mismo instante de que mi madre no había subido a despertarme. Fruncí los labios. —Bueno, pero... pero...— continué, sin dejar hablarle. Cerré los ojos con fuerza y aspiré una sola vez con la misma intensidad en un intento de decir la frase que tenía pensada sin tartamudear. —Creo que tendré tiempo para estar lista sobre... ¿las ocho?— Y, simultáneamente, pude escuchar un leve suspiro proveniente de una sonrisa. Yo también sonreí.
—De acuerdo...— y cuando estuve a punto de despedirme, me cortó de golpe —y no te preocupes, no tendrás que excusarte de nada.
—¿Qué...?— me quedé atónita.
—Lista. A las ocho. Te quiero— dijo a frases, riéndose, antes de colgarme. Me despegué el teléfono de la oreja y me lo quedé mirando hasta que me di cuenta de que no tenía tiempo que perder.

Después de hablar con mi madre para que me dejase ir a cenar, aceptó, ya que también creía que me iría bien salir un poco de casa. Empecé a arreglarme a toda pastilla en cuánto llegué corriendo escaleras arriba a mi habitación. Después de ducharme me enrollé el pelo en una toalla y rebusqué entre toda la ropa que llenaba mi enorme armario un vestido azul oscuro que me había comprado la última vez que había ido con mi madre de compras, pensando en ponérmelo durante las fiestas de Navidad de este año. Lo conjunté con unas medias negras muy tupidas y unos zapatos de tacón negros no muy altos. Pero cuando estuve a punto de desenrollar el pelo de la toalla recordé (como si aún no lo supiera) que Jason iba en moto. Maldije en voz baja mientras volví a encaminarme hacia el armario con los labios fruncidos.


Deseo que os haya gustado y espero vuestras "reacciones", comentarios y vuestras dudas (dudasparacarla@gmail.com). Espero que la espera de este capítulo haya valido la pena. Nos vemos en el siguiente. Un besazo enorme a tod@s.

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