miércoles, 8 de mayo de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Tres

Volví a abrir el armario y repasé toda la ropa percha por percha, otra vez. —¡Por fin!— grité, emocionada, después de haber encontrado el conjunto perfecto. Me lo coloqué en un santiamén y volví al baño donde me cepillé el pelo y después me lo sequé con el secador a máxima potencia. Ondulé las puntas por mechones con las tenacillas. Me concentré mucho a la hora de pintarme una raya sumamente fina en el párpado superior, rozando las pestañas, que empezaba a unos pocos milímetros del lagrimal y terminaba deslizándose ligeramente hacia arriba. Después apliqué en las pestañas superiores un poco de máscara y me decanté por ponerme un tono rosáceo oscuro en los labios con un pintalabios fijo. Me pellizqué ambas mejillas antes de quedarme totalmente satisfecha con el resultado. Nada más salir por la puerta del baño observé la hora en el reloj de la mesilla: las ocho menos diez. Resoplé triunfante ante mi “puntualidad” después de arreglarme.

Cuando fui a alcanzar el casco de moto de encima del armario se me congeló la sangre: mi madre nos mataría si supiera que vamos en moto con la pierna de Jason escayolada por debajo de la rodilla. Me quedé parada frente al armario, con los puños apretados. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Suspiré nerviosa. El timbre de casa sonó y escuché que, desde la cocina, mi madre gritó un “¡Ya voy yo!”. Me pasé la mano por el pelo, echando el flequillo hacia atrás con el movimiento. Me abrigué y me apresuré a bajar las escaleras. Intenté cambiar mi semblante preocupado por otro cualquiera que no desvelase ese sentimiento. Me encaminé hacia la puerta donde mi madre, de espaldas a mí, estaba conversando animadamente con Jason. Antes de acercarme más pensé en seguirle la corriente a Jay y no decir nada respecto al transporte que íbamos a utilizar. Él, al verme por encima del hombro de mi madre, no tardó ni un segundo en saludarme. Yo sonreí y ella se apartó hacia un lado para que pudiese pasar. Al hacerlo, Jason me pasó la mano por la cintura y me besó la mejilla con dulzura.
—Bueno, chicos— acabó diciendo Rosalía —que lo paséis bien.
—Gracias. Lo haremos— añadió Jason guiñándole un ojo. Yo puse los ojos en blanco. Mi madre se sonrojó. Nos giramos y pusimos rumbo a nuestro destino.
—¡No volváis muy tarde!— gritó mi madre desde la puerta cuando ya estuvimos a unos veinte metros de ella.
—¡No lo haremos!— respondí, girándome hacia ella y fruncí los labios al volverme
—¿Llevas el móvil?— insistió, con la misma intensidad que antes.
—¡Sí!— volví a responder volviéndome a girar hacia ella, ya un poco frustrada por la situación. Vi que una sonrisa asomó de entre sus labios cuando puse los ojos en blanco a propósito para que lo viera. Cerró la puerta después de eso y nosotros volvimos a encaminarnos unos metros más hasta que paramos frente al jardín de la casa contigua.
—¿Qué sucede?— pregunté frunciendo el ceño cuando se detuvo de golpe. Se puso frente a mí y me miró de arriba abajo.
—Lo primero: estás preciosa.
—Gracias, Jay— respondí ante su cumplido. Al final y después de pensármelo mucho, opté por ponerme unos pantalones pitillo negros con unas cremalleras a los lados que recorrían media pantorrilla desde el tobillo; una camisa blanca de media manga que, aunque se ceñía por la parte de la cadera, quedaba muy holgada; y para dar por finalizado el modelito, me había calzado los mismos tacones de antes y me había abrigado con mi chaqueta de cuero negra con la cremallera en diagonal y una bufanda negra que rodeaba mi cuello pero que, a su vez, reposaba sobre la parte del esternón. Aunque esa fría tarde anunciaba que la noche sería gélida, tuve el valor de vestirme con aquel atuendo. Y supongo que había valido la pena ya que vi que Jason tragó “muy disimuladamente” saliva mientras sus ojos me recorrían por segunda vez. “Hombres...”, pensé.


Deseo que os haya gustado y espero vuestras "reacciones", comentarios y vuestras dudas (dudasparacarla@gmail.com). Nos vemos en el siguiente. Besos.

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