miércoles, 26 de junio de 2013

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Reflexión: Reflejo

Vaya, estás estupenda. Con esos ojos grises y esa sonrisa... Deberías sonreír con más frecuencia, ¿sabes? Porque estoy segura de que esa sonrisa podría alterar muchos pulsos. ¿Por qué suspiras? ¿Otra vez lo mismo de siempre? Te he dicho miles de veces que dejes de atormentarte por eso, sabes que no vale la pena. Nada de peros, eres increíble siendo como eres, siendo esa persona seria y prudente cuando es necesario y esa persona extrovertida y divertida con los que no te miran por encima del hombro. Ya te lo  dijo aquel hombre que sabemos que fue muy honesto: siempre habrá alguien que te envidiará e intentará hacerte daño. Pero no por ello debes sentirte de la manera que quieren que te sientas. 
Sé fuerte, no seas débil y mires tus muñecas. Ten orgullo y mantén siempre la cabeza bien alta. Mírate a los ojos a través del espejo y aprende a escuchar esa voz que grita lo que de verdad sientes en cada momento y tú no te atreves a decir. Eres todo lo que ves, ni tanto ni tan poco. Sé esa persona que se encuentra al otro lado del espejo: sé tú. Siempre.


Espero que os haya ayudado a reflexionar y pensar sobre si realmente os mostráis como sois. Votad aquí abajo si os ha gustado y espero cualquier duda o pregunta en mi correo (dudasparacarla@gmail.com). Os espero la semana que viene con un nuevo capítulo de la novela. Un beso a tod@s y felices vacaciones. 

miércoles, 19 de junio de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Seis

Noté cómo deshacía el nudo con los dedos, ya que me acariciaban el pelo a su paso y yo me estremecía bajo su contacto. Entre el frío y la emoción estaba completamente perdida bajo todo concepto de realidad que pudiera llegar a sentir después de que me retirase la venda negra. Cuando consiguió separar los extremos se acercó por detrás a mi oreja derecha y me preguntó en un susurro si estaba preparada. Y cuando estuvo a punto de quitarme la venda por completo, paró en seco el movimiento y me advirtió que permaneciera con los ojos cerrados. Asentí con la cabeza y separó la tela oscura de mis párpados. Sin poder ver nada todavía, volvió a entrelazar sus dedos con los míos y tiró ligeramente de mí para que le siguiera. Me hizo subir un par de escalones más y al hacerlo, noté cómo la brisa me acarició el rostro e hizo volar mi melena con suavidad por encima de mis hombros. Jason se colocó otra vez detrás mío y entrelazó, esta vez, ambas manos con las mías. 
—Ahora quiero, si sigues confiando en mí, que bajes la cabeza, como si quisieras mirarte los pies y cuando yo te diga, abras los ojos.
—Vale, creo que podré hacerlo— tragué saliva al acabar la frase. No sabía lo que iba a encontrarme delante o mejor dicho, debajo de mí y tenía un poco de miedo. Apreté un poco más la presión de mis dedos sobre los suyos y él al notarlo, me besó la parte atrás de mi cabeza que quedaba a la altura de sus labios y me otorgó ese permiso de abrir los ojos que a la vez ansiaba pero, a su vez, me atemorizaba. No dudé en abrirlos y cuando lo hice me invadió una sensación de vacío interior; tuve la sensación de que la adrenalina cubría cada arteria de mi cuerpo. Ahogué un grito en respuesta a esa emoción y cuando logré recomponerme, sonreí de oreja a oreja. Debajo de mí tenía una preciosa panorámica de la calle por la que habíamos accedido al restaurante, a unos cuatro pisos de altura. La gente se paseaba por las aceras ajena a esta sensación inolvidable que me invadía por dentro, claro. Estábamos justo en borde del edificio, nada más teniendo un muro que me llegaba a la altura de las rodillas como fianza para no caernos. Me giré para poder mirarle y poder darle las gracias.
—De nada, pequeña, pero aquí no acaba todo— y me besó muy rápido los labios antes de volver a girarse. De repente escuché tres leves golpes, seguramente con un dedo, encima de un micrófono que resonó por toda aquella terraza gracias a unos altavoces enormes que colgaban de cada una de las equinas de ésta. —Damas y caballeros, con todos ustedes, la joven y preciosa Emma será la señorita que nos acompañe a todos durante esta velada con su magnífica voz. Un aplauso, por favor—. Miré hacia la terraza, con mesas a ambos lados de un pasillo cubierto por una alfombra de color azul que llevaba desde la tarima donde estaba hasta la puerta que daba a esta terraza. Había unas quince o veinte personas sentadas en las mesas redondas de mármol con patas de acero y sillas a conjunto en parejas o pequeños grupos. Las luces que iluminaban todo el ambiente se apagaron de repente y se encendieron unos pequeños focos que estaban en el suelo, separados unos pocos centímetros de las únicas dos paredes que levantaban la tarima y las únicas que eran visibles al público, y que enfocaban a la persona que estuviera encima de ella, en ese caso, yo. Al levantar otra vez la mirada del suelo, vi que, además de los focos que me iluminaban, en cada mesa había un par de velas que daban un aspecto más íntimo a aquella terraza. Dirigí a Jason, aún aplaudiendo y a mi lado, una mirada amenazante con los labios fruncidos. Él me besó la mejilla y me susurró al oído que no se iba a alejar demasiado. Y la verdad es, que en ese momento, le convenía muchísimo más estar lejos que cerca de mí. Aunque no había sido del todo una mala idea, le cantaría a todos una canción que para Jason sería contarle todo lo que no me había atrevido a decirle hasta ahora.


Deseo que os haya gustado y espero vuestras "reacciones", comentarios y vuestras dudas (dudasparacarla@gmail.com). Nos vemos en el siguiente.

miércoles, 12 de junio de 2013

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Poema: Sé que amarme es una locura

Quizás me equivoque,
quizás te presione.
                     Pero te amo.
Quizás a veces no sea todo lo que siempre has deseado.
A veces y sólo a veces me precipite demasiado.
                     Pero sí, te amo.

No seré la más guapa ni la más alta,
tampoco seré la más simpática ni la más práctica.
En lo único que coincidiremos es en calificarme como la más complicada.
                     Pero sé que me amas.
Ahora quiero un beso. Ahora no.
Quiero que me abraces. Ahora, mejor no.
Ni yo misma sé la energía que ahora mismo emano.
                     Pero sí, sé que me amas.

A veces testaruda y otras infantil.
A veces y sólo a veces insegura o inestable.
                    Y lo reconozco.
Por el miedo de no ser suficiente, desconfío,
pero entiéndeme, más dolor es lo que menos ansío.
Por el miedo de perderte me comparo con la gente
y me dices que no lo haga, que tu amor por mí sigue vigente.
Eres lo único que tengo,
no quiero perderte.
                    Y sí, lo reconozco.

Pese a todas esas imperfecciones sigues regalándome besos.
Y abrazos.
Y caricias y palabras bonitas.
                    Sólo eso será lo que me salve a tiempo.

Yo, como nadie, sé por lo que matas.
Tú, como nadie, sabes por lo que muero.
                    Y sólo eso será lo que dure con el paso del tiempo.


¿Os ha gustado? Espero que sí (votad). Si no acabáis de entender alguna metáfora en concreto o cualquier cosa del poema, no dudéis en hacérmelo saber en un comentario o mediante el correo dudasparacarla@gmail.com, estaré encantada de explicároslo. Os espero con un nuevo capítulo de la novela UCEOUSE (Un complejo error o una simple equivocación) la semana que viene. Os quiero.

miércoles, 5 de junio de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Cinco

Después de andar unos cuantos metros de su mano y de escuchar muchos sonidos diferentes a nuestro paso, Jason me hizo quedarme quieta para poder quitarme la venda. En cuánto parpadeé unas cuantas veces con tal de poder enfocar bien todos los detalles que me envolvían y me di cuenta de dónde estaba me quedé patidifusa. Miré a Jason y después hacia aquel horizonte repleto de vida y modernidad, otra vez. 
—Estás absolutamente e irremediablemente loco, que lo sepas— dije, frunciendo los labios al acabar la frase.
—Lo sé, pequeña— y me guiñó un ojo.
Nos acercamos hacia una especie de atril donde una chica con coleta estaba revisando unas listas y papeles bajo una tenue luz proveniente de una pequeña lamparita plateada sujeta al mismo. En cuánto notó nuestra presencia, alzó su rostro y nos mostró a ambos su mejor sonrisa seguida de un educado “¿en qué puedo ayudarles?”. Jason, contestando a dicha pregunta, le dijo que había reservado una mesa a su nombre. La morena uniformada asintió, se hizo con un par de cartas que tenía en uno de los cajones del atril y nos enseñó el camino hasta nuestra mesa donde nos sentamos y empezamos a mirar  dicha carta. La verdad es que no era relativamente caro, pero estaba claro que irradiaba seriedad por cualquier rincón. Era un restaurante pintado de gris y decorado con unas bonitas obras de arte abstractas iluminadas por pequeñas lucecitas colgadas encima de las mismas. Sí, quizás iba un poco atrevida con mi look aquella noche, quizás el cuero y los tejanos no fuesen la mejor de las opciones, pero estaba claro que aparentaba más edad subida a aquellos tacones que con un vestidito de gasa. Y en realidad, yo no tenía muy marcada la forma en que me vestía, simplemente me gustaba sentirme cómoda con lo que llevaba puesto. Aunque, intentar provocar emociones días como ese no era nada malo, ¿verdad? Me mordí el labio intentando disimular ante aquel pensamiento.
—¿Lo tienes?
—Sí, creo que sí— esbocé una amplia sonrisa después de responder. Jason había acertado de pleno, y quería hacérselo saber.

—¡Madre mía, estaba todo buenísimo! Gracias Jason.
—Después de lo que te he hecho pasar, te lo debía.
—Bueno, han sucedido muchas cosas en muy poco tiempo y me saturé— mientras decía eso, Jason se puso en pie. No me dio tiempo ni a preguntarle qué hacía, simplemente se acercó a mis labios rozándolos y volvió a la misma pregunta de antes, a ese “¿confías en mí?”. Reafirmé mi respuesta esta vez con un sí muy dulce que salió de lo más profundo de mis entrañas. Me tendió una mano y yo posé la mía encima. Me ayudó a levantarme de la silla y se puso detrás de mí para poder colocarme el pañuelo de nuevo. Me ayudó a ponerme la chaqueta y a los pocos minutos de subir un buen tramo de escaleras como pude, entendí por qué: aunque todavía no pude ver nada, noté enseguida la brisa del anochecer sobre mi piel que reaccionó al instante. Respiré hondo antes de que Jason volviese a retirarme aquel oscuro trozo de tela que me dejaba totalmente bajo su voluntad.


Deseo que os haya gustado y espero vuestras "reacciones", comentarios y vuestras dudas (dudasparacarla@gmail.com). Nos vemos en el siguiente capítulo, os quiero.