miércoles, 31 de julio de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Nueve

Los minutos pasaron y finalmente llegamos a nuestro destino: mi casa. Will aparcó el coche y se bajó el primero. Jason, al darse cuenta de sus intenciones, se bajó también lo más deprisa que pudo. Y nada más encontrarse los dos hombres delante de la puerta por la que se supone que yo tenía que salir, empezaron a discutir. A los pocos segundos Jay empezó a dar voces y bajé por la puerta contraria para poner paz. Rodeé la parte de atrás del vehículo y me situé detrás de aquel hombre trajeado que, por increíble que pareciese, era el tío de Jason. Carraspeé lo bastante fuerte para que ambos cortasen su alterada conversación callándose a la vez. William se giró hacia mí y puso los ojos en blanco mientras sonreía. Sabía a lo que se refería con eso.
—Ha sido un placer conocerte, Emma— dijo guiñándome un ojo a modo de despedida. Después se volvió hacia su sobrino, que se tocaba el pelo, nervioso, y le amenazó con dejarle allí plantado si tardaba más de cinco minutos. Mientras Will se subía al coche, nosotros anduvimos el poco trozo que había de allí a la puerta.
—Has estado genial, pequeña— dijo Jay con dulzura y con ese brillo en los ojos que le delatarían si dijese lo contrario.
—Todo ha sido gracias a ti. Aunque ésta no te la paso— le amenacé frunciendo los labios mientras le golpeaba levemente con un puño en el hombro. Él sonrió escapándosele así un suspiro. No pude sostenerle la mirada cuando lo hizo, me ruborizaba cada vez que hacía eso. Él me obligó a posar otra vez mi mirada en la suya dándome con la punta de su dedo en la nariz.
—¿Qué?— pregunté sin poder evitar sonar nerviosa.
—Bésame— arrastró cada sílaba de aquel susurro sonando así a súplica y, de repente, en mi mente apareció la imagen de Jason en el hospital pidiéndome lo mismo y del mismo modo. Sorda y ciega o definitivamente tarada debería de haber estado para negarle esa petición a él, a ese chico, a Jason Thomas. Así que pasé mis dedos por la parte de atrás de su cabeza, hundiéndolos en su pelo. Acaricié con el pulgar de la otra que tenía libre su labio inferior y al hacerlo, su impaciencia pudo con él y se lanzó a mis labios como nunca antes lo había hecho. Sentí descargas por toda mi espina dorsal al notar cómo su cuerpo se pegaba al mío. Me agarró por el cuello y posó la otra palma en mi espalda para amortiguar su propio impulso. A pesar de que pudo parecer agresivo, para nada lo fue. Sus labios acariciaban los míos con dulzura y una necesidad que no acababa de entender. Cuando él mismo puso fin a aquello, juntó su frente con la mía mientras cerró los ojos con fuerza y su mandíbula se tensó a la vez.
—¿Arreglarás las cosas con Gael?— soltó de golpe. Me quedé helada. ¿Tenía miedo de perderme? ¿Eso era lo que le preocupaba?
—No lo creo. No sería sano volver a tener contacto con él, la verdad— fruncí el ceño.
—¿Lo dices por el beso o por lo del ascensor?— ¿Cómo? Había intentado ocultarle a Jay aquella parte de la historia.
—¿Quién te lo ha dicho?— levanté la voz ligeramente.
—Eso ahora no importa— intenté protestar pero me calló posando un dedo sobre mis labios —lo que importa es si, después de todo, vas a volver a darle  la oportunidad siquiera de que se acerque a ti. Porque te juro que si llega a tocarte lo más mínimo, yo... yo no sé lo que...
—Vale— le corté y suspiré. —Sé que no se merece nada de mí después de todo lo que ha supuesto conocerle, pero estoy segura de que lo hizo para que me alejase de él. Quería que pensase que había estado ocultándome cómo era en realidad y así asustarme— Jay puso los ojos en blanco. Obviamente la persona que se lo había contado había exagerado la versión original. —Jason, escúchame, por favor, — volvió a mirarme —¿tú harías daño a la persona que quieres? ¿Serías capaz de dejar que se acercase a ti, aunque eso suponga hacerle daño? — oí cómo tragó saliva y miró al suelo.
—Prefirió hacerse daño él que hacértelo a ti— clavó sus ojos miel en los míos cuando terminó la frase. Yo cabeceé un sí. La bocina del coche de Will sonó un par de veces, interrumpiéndonos. Jason se giró y le gritó que esperase un minuto más. Comprobé por encima de su hombro que el coche seguía allí cuando se volvió otra vez hacia mí para retomar la conversación.
—Al darse cuenta de que sus posibilidades conmigo eran mínimas y al ver que yo estaba tan confundida que me estaba haciendo daño a mí misma incluso... Decidió cortar por lo sano. Pero no quiero ser injusta y tacharle de algo que no es. Quiero tener una última conversación con él para darlo todo por finalizado. Quiero que sea franco conmigo... Al menos quiero darle la oportunidad de que lo sea—. Jason suspiró al percibir en mi tono de voz que no habría súplica válida para que cambiase de idea.
—Te quiero— susurró.
—Yo también te quiero, Jay. Mucho —sonreí ampliamente junto con aquella última palabra y me lancé a su cuello. Su respuesta fue simultánea y repitió el gesto enredando sus brazos alrededor de mi cintura.
Y estuvimos abrazados hasta que ambos oímos cómo el motor del coche arrancaba. Jason maldijo en mi oído. Yo, simplemente, le sugerí que corriese.


Espero que os haya gustado el capítulo. El jueves me voy de vacaciones, pero no os preocupéis, la semana que viene tendréis el texto correspondiente. Cualquier duda que tengáis, ya sabéis, podéis consultarla conmigo enviando un e-mail al correo dudasparacarla@gmail.com. Os quiero.

miércoles, 24 de julio de 2013

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Reflexión: La màquina del temps

¡Hola lector@s! Esta semana os traigo otro de los relatos con los que gané en el concurso de mi colegio. Es una reflexión un poco dura, quizás y con algún tono de ironía. Espero que os guste. Esta es la versión original, en catalán, más abajo encontraréis la traducción en castellano.



Tant de bo poguéssim tornar al passat o veure el futur. Tant de bo existís la manera de tornar a aquells moments quan eres petit i et trobàves al pati de l'escola amb els teus companys, somrient i feliç, sense els problemes que ara t'envolten, veritat? Potser estiguis passant un moment complicat en la teva vida, un moment on desitjaries estar en qualsevol altre lloc que no fos on en trobes ara. Si fóssim lliures ens allunyaríem, és clar que ho faríem. Però, com tothom, estem condemnats a viure en un món on la llibertat està dictada per unes lleis que ens fa por traspassar, perquè ens arrabassarien part del nostre temps, de la nostra vida, tancant-nos amb clau entre quatre parets de maons grisos i humits. Totes aquestes persones que han sigut prou valentes o prou necies per mirar per sobre l'espatlla aquestes normes, segurament també desitjarien tornar enrere per tornar a ser lliures. El fet de tenir entre nosaltres aquesta màquina del temps que molts anhelen, canviaria vides, no ho dubto.

Però vivim al selge XXI, on el més important és tenir diners per poder ser propietari de tot el que es desitja. En aquests temps els diners fan el poder, això que l'home sempre ha desitjat tenir sota els seus peus. I no fa falta ser una bona persona per tenir diners; més diria que aquestes cares de pomes agres fan que tothom es cregui que aquest poder que es té és molt més. Com agrairien aquests pobres innocents que s'han deixat enganyar pel simple fet de poder poseir totes aquelles coses que els van ser promeses en un principi, veure com els seus iguals, encerats de cap a peus pel frec de tants papers de colors amb un valor que no és més que físic, cauen en un profund abisme amb un fons massa fosc pel fet d'haver sigut tant egoístes! Com agrairien veure aquest futur on, per estranya raó que sembli, guanyen el treball i l'esforç per una considerable golejada, ja que tot el puja, baixa.

Per això, tot allò dolent pel que passa la societat d'avui dia és motiu suficient perquè aquesta desitgi poder crear una màquina que els mostrés si la seva ànima acabarà feliçment en un cel paradisíac o es quedarà a la Terra per la pròpia pena que tant li pesa i que no li deixa enlairar-se amb l'últim sospir del cos del qual s'acomiada. De veritat volem saber si en un futur, proper o llunyà, som capaços de volar? Podríem viure sabent que, fem el que fem, no podrem planejar al costat d'aquests núvols que viatgen constanment damunt dels nostres caps? Potser només volem saber si la nostra pell s'arrugarà molt o no; si plourà demà o farà sol. Però, com d' emocionant seria la vida si ho sabéssim, tot això? No podríem canviar el que succeirà d'aquí fins a saber quan, a més a més.

Crec que, si encara no existeix aquesta màquina del temps, és per una bona raó i no perquè no poguem dissenyar-la amb tot el talent que hi ha per tot arreu; no perquè no poguem construir-la amb tota la intel·ligència que s'amaga darrere d'unes ulleres prèviament polides amb la vora de la samarreta. No és necessària, i no ho serà si ens conformem amb la memòria per aprendre dels errors comesos, si vivim el present cada dia amb un somriure i si aconseguim controlar aquest maleït afany de saber què passarà demà. No us preneu com un càstig el fet de tenir sempre el mateix dubte al cap, aquest dubte amb el que vius dia a dia. Nosaltres som les nostres pròpies màquines del temps que viatgen, sense adornar-nos, per la vida.


Y aquí está la versión castellana:

Ojalá pudiésemos volver al pasado o ver el futuro. Ojalá existiese la manera de volver a aquellos momentos cuando eras pequeño y te encontrabas en el patio de la escuela con tus compañeros, sonriendo y feliz, sin los problemas que ahora de envuelven, ¿verdad? Quizás estés pasando un momento complicado en tu vida, un momento donde desearías estar en cualquier otro sitio que no fuese donde te encuentras ahora. Si fuésemos libres nos alejaríamos, claro que lo haríamos. Pero, como todos, estamos condenados a vivir en un mundo donde la libertad está dictada por unas leyes que nos da miedo traspasar, porque nos arrebatarían parte de nuestro tiempo, de nuestra vida, encerrándonos con llave entre cuatro paredes de ladrillos grises y húmedos. Todas estas personas que han sido lo bastante valientes o lo suficientemente necias para mirar por encima del hombro todas esas normas, seguramente también desearían volver atrás para volver a ser libres. El hecho de tener entre nosotros esta máquina del tiempo que muchos anhelan, cambiaría vidas, no lo dudo.

Pero vivimos en el siglo XXI, donde lo más importante es tener dinero para poder ser propietario de todo lo que se desea. En estos tiempos el dinero hace el poder, esto que el hombre siempre ha deseado tener bajo sus pies. Y no hace falta ser una buena persona para tener dinero; más diría que estas caras de pocos amigos hacen que todo el mundo se crea que este poder que se tiene es mucho más. ¡Cómo agradecerían estos pobres inocentes que se han dejado engañar por el simple hecho de poder poseer todas esas cosas que les fueron prometidas en un principio, ver como sus iguales, encerados de la cabeza a los pies por el friegue de tantos papeles de colores con un valor que no es más que físico, caen en un profundo abismo con un fondo demasiado oscuro por el hecho de haber sido tan egoístas! Cómo agradecerían ver este futuro donde, por extraña razón que parezca, ganan el trabajo y el esfuerzo por una considerable goleada, ya que todo lo que sube, baja.

Por eso, todo aquello malo por lo que pasa la sociedad de hoy día es motivo suficiente para que ésta desee poder crear una máquina que les mostrase si su alma acabará felizmente en un cielo paradisíaco o se quedará en la Tierra por la propia pena que tanto le pesa y que no le deja despegar con el último suspiro del cuerpo del cual se despide. ¿De verdad queremos saber si en un futuro, cercano o lejano, somos capaces de volar? ¿Podríamos vivir sabiendo que, hagamos lo que hagamos, no podremos planear al lado de estas nubes que viajan constantemente encima de nuestras cabezas? Quizás sólo queremos saber si nuestra piel se arrugará mucho o no; si lloverá mañana o hará sol. Pero, ¿cómo de emocionante sería la vida si lo supiésemos, todo esto? No podríamos cambiar lo que sucederá de aquí hasta a saber cuando, además.

Creo que, si encara no existe esta máquina del tiempo, es por una buena razón y no porque no podamos diseñarla con todo el talento que hay por todas partes; no porque no podamos construirla con toda la inteligencia que se esconde detrás de unas gafas previamente pulidas con el borde de la camiseta. No es necesaria, y no lo será si nos conformamos con la memoria para aprender de los errores cometidos, si vivimos el presente cada día con una sonrisa y si conseguimos controlar este maldito afán de saber qué pasará mañana. No os lo toméis como un castigo el hecho de tener siempre la misma duda en la cabeza, esta duda con la que vivimos día a día. Nosotros somos nuestras propias máquinas del tiempo que viajan, sin darnos cuenta, por la vida.


Espero que os haya gustado. Cualquier duda que tengáis, hacédmelo saber enviando un correo a esta dirección dudasparacarla@gmail.com. Os espero la semana que viene con un nuevo capítulo de la novela. Besos a tod@s.

jueves, 18 de julio de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Ocho

En cuanto fui consciente de la situación en la que me encontraba, fui entonces capaz de dar las gracias a toda esa gente que había estado aplaudiendo. Me giré hacia Jason y él me hizo un gesto con las manos para que continuase cantando. Y repetí la misma operación dos veces más. La gente estaba encantada, o al menos parecía estarlo. Miré la hora de mi reloj al acabar la tercera canción: las nueve y media. Ya era hora de ir a casa y así se lo hice saber a aquellos comensales que rieron divertidos al saber el motivo de mi temprana despedida. Jason me cogió de la mano y me ayudó a bajar los dos escalones del entarimado y después las escaleras que habíamos subido anteriormente. La única diferencia fue que ahora podía saber por mi cuenta dónde poner el pie para no caerme. En la recepción, la chica que nos atendió al principio de nuestra velada me felicitó por la actuación y Jason le dio las gracias por haberle hecho el favor de reservar el entarimado aquella noche para alguien que no sabían cómo de bien o mal cantaba. Creo que Jay no defraudó a nadie. Cuando estuvimos en la calle, sacó su móvil y llamó, seguramente, a la persona que antes nos había traído en coche. Y no me equivoqué. A los pocos minutos teníamos el vehículo delante de nosotros. Nada más entrar en el vehículo me sorprendí: era todo un lujo. Ese coche era igual de bonito por fuera que por dentro.

—¿Ha salido todo bien Jay? ¿Os habéis divertido?— la voz me arrastró de nuevo a la Tierra. Era una voz masculina clara y grave, pero aún así sonaba bastante joven.
—Ha ido fenomenal Billy— contestó Jason. ¿Billy?  ¿Era ése su tío William? Y nada más se giró para mirarnos desde el asiento delantero me quedé sin habla. Ese hombre ni por asomo llegaba a los treinta, mi oído no había fallado. Me tendió la mano y yo acerqué la mía. Pensaba que iba a ser el típico apretón de presentación y en vez de eso me besó los nudillos mientras me preguntaba si yo era esa tal Emma de la que tanto le habían hablado. Cabeceé un sí como pude. Jason y él se parecían mucho: compartían el mismo atractivo. Era como si estuviese viendo a Jason en el futuro. Me reí sin poder remediarlo.
—¿Demasiado caballero acostumbrada a los peculiares dotes de seducción de mi sobrino?— se mofó Will. Jason se quejó a mi lado y me dio un beso en la sien, supongo que intentando demostrar que “sus dotes de seducción” habían funcionado. He aquí yo el ejemplo.
—No es eso. Me ha sorprendido mucho el parecido que compartís— ambos se miraron y cabecearon a la vez, confirmando lo que había dicho. —También me ha impactado que seas tan joven, si comparamos edades.
—Bueno, sí. En realidad Billy es como mi hermano mayor. Nos llevamos sólo nueve años—. 

Seguimos hablando un par de minutos más hasta que nuestra charla se dio por finalizada cuando un coche nos pitó por detrás y William tuvo que arrancar el motor y encaminarse hacia mi casa. 

Durante el camino nadie dijo nada, era la radio la única “voz” que retumbaba entre las paredes del vehículo, y eso me extrañó. Sí, durante el viaje al restaurante también había sido la radio lo único que habíamos escuchado, pero no me pareció raro ya que era una especie de sorpresa que Jason quiso hacerme y mientras menos cosas pudiese escuchar o ver, mejor. En ese momento la sorpresa había terminado pero el silencio seguía permanente. Entonces observé lo poco que podía verse de Will. Estaba concentrado en todo lo que hacía. No despegaba el ojo de la carretera y su mandíbula parecía tensa.
Me fijé por primera vez en que iba trajeado. Jason nos explicó a mi madre y a mí en el hospital que su tío trabajaba mucho y viajaba demasiado. ¿Sería algún corresponsal de alguna empresa internacional? ¿Traductor, quizás? ¿Se iría ahora a alguna otra ciudad o país a trabajar? Todas aquellas preguntas se esfumaron de mi mente nada más mirar los ojos de Jason, que me observaban. Noté que su mirada atravesaba la mía de una manera diferente a cómo antes lo solía hacer.


Espero que la espera haya valido la pena. Siento no haberlo podido escribir y colgar antes. Ya sabéis que espero vuestras opiniones con un sólo clic en las votaciones de aquí abajo y enviad vuestras dudas al correo dudasparacarla@gmail.com.
Nos vemos la semana que viene, sin falta. Besos a tod@s.

miércoles, 17 de julio de 2013

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Información: ¿Y el capítulo de hoy?

Disculpad. Sé que hoy tocaba capítulo. He tenido un comienzo de semana muy ajetreado y no he tenido tiempo ni de escribir. Os prometo que mañana tendréis el capítulo que hoy debería estar ocupando esta entrada.

Os quiero.

miércoles, 10 de julio de 2013

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Relato: Con el tiempo...

¿Qué es el tiempo? Podríamos decir que el tiempo son los años, meses y días que pasan hasta que fallecemos. O quizás el tiempo sean las horas que dura un día o los días que dura un mes.  La mayoría de nosotros, por no decir todos, creemos saber lo que es el tiempo, pero estoy segura de que cada uno daría su propia definición y, seguramente, una pequeña minoría se quedaría totalmente en blanco si le pidiésemos una descripción en este mismo instante. 

Pero el tiempo no para, no se detiene; se lleva todo consigo y nunca te devuelve nada. Te roba tu vida sin que te des cuenta y por eso le doy mucha importancia a los recuerdos, esa película propia y única que guardan nuestras mentes y nos muestran todos los momentos que han hecho palpitar nuestros corazones y que, por casi arte de magia, han quedado atrapados allí, en nuestra cabeza. Esas huellas de nuestro pasado, esa información delimitadamente detallada que a veces desearíamos conservar hasta nuestro último suspiro y que a veces, simplemente, querríamos eliminarla por completo han hecho de nosotros lo que somos ahora. Todo lo vivido hasta el momento nos ha hecho ser como somos: nuestra personalidad y carácter, las manías y talentos que hemos desarrollado... Todo son consecuencias de eso, del tiempo.

A pesar de todo, no hay que tenerle miedo. El tiempo nos otorga el derecho a ser felices y por eso hay que vivir cada milésima de segundo como si fuese la última. Cierra los ojos y siente la frescura de las gotas de lluvia golpear suavemente tu piel el día menos esperado. Escucha las olas del mar mecerse bajo una leve brisa. Siente el cosquilleo que las espigas provocan en las yemas de tus dedos. Y, aún sin abrirlos, siente la emoción de haber conseguido escalar el pico más alto de la montaña. Ahora, ábrelos. Retén esa sensación de haberte sentido libre durante... ¡quién sabe cuánto!, ¿te gustaría repetirla? Pues no dejes que un día lluvioso te amargue. No te preocupes si, sin haberte sumergido en el mar, acabas empapado por la salpicadura de las olas al chocar contra la arena. No te dejes agobiar por el calor un día de campo y ni te inmutes si el tren se ha retrasado y no llegas a la cima a la hora que querías. Sólo disfruta el momento, igual que si fuese lo último que hicieras.

Con el tiempo aprendemos de nuestros errores y rectificamos nuestra conducta. Con el tiempo aprendemos a ser más consecuentes de nuestros actos. Con el tiempo nos damos cuenta de lo que realmente queremos que permanezca en nuestras vidas, y si nuestra vida es todo el tiempo que tenemos, ¿por qué dejarlo correr sin aprovecharlo? La vida no puede ser capturada; el momento de la creación misma es efímero.

El tiempo será siempre tu mejor acompañante pero, a su vez y nunca mejor dicho, siempre será tu peor enemigo.


¿Os ha gustado? Espero que sí (votad). Os espero con un nuevo capítulo de la novela UCEOUSE (Un complejo error o una simple equivocación) la semana que viene. Besos.

miércoles, 3 de julio de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Siete

Mientras Jason se sentaba a los pies del entarimado, busqué todo lo que necesitaba para no defraudar a un público que no conocía absolutamente para nada. Me sentí un poco frustrada y confundida, no sabía si mi voz les iba a encandilar o no; si mi manera de tocar les iba a gustar o no... Lo único de lo estuve segura fue de la canción que iba a interpretar en ese momento. Tragué saliva mientras me dirigí con un par de pasos hasta el soporte donde reposaba una preciosa guitarra acústica de una madera clara y brillante. Retiré el seguro y la levanté con una mano a la vez que respiré hondo de espaldas a aquella gente. Me volví con una amplia sonrisa, bonita pero nerviosa, que hizo que más de un comensal mostrase también la suya, no sé si por compasión por mí por la acentuada inexperiencia que desprendían mis gestos. Me senté en el único taburete que había allí encima y que estaba frente al micrófono. Me coloqué apoyando el hueco de los tacones en una de las barras metálicas que formaban la estructura de las patas consiguiendo alinear horizontalmente mis muslos con el suelo y poder dejar encima la guitarra preparada. Supuse que estaría afinada y no quise repasarla, aunque tampoco quería que los nervios me jugasen una mala pasada y al fin y al cabo la dejase más desafinada de lo que pudiese estarlo. Mientras dejé reposar mi mano izquierda sobre la guitarra, pasé los dedos de mi mano derecha por el micrófono ajustándolo a mi altura. —Bu... buenas noches a todos, lo primero— agarré con más fuerza aquel captador de sonido ante mi repentino e incontraldo tartamudeo y respiré hondo una vez más —y lo segundo es presentaros la canción que ahora voy a interpretar. Se titula “Sad”, no es mía pero espero que igualmente les guste—. Volví a tragar saliva y empecé a puntear aquella guitarra. Era un sonido desconocido para mí, para nada se parecía al de la mía. Era más seco, más profundo... más triste y eso, a la canción, le venía como anillo al dedo. Aunque la versión original de ésta era a piano, ya había estado estrujándome los sesos para poder sacar un punteado que sonase igual, técnica y melódicamente hablando. Yo iba a ponerle voz a aquella letra con el mismo sentimiento que la canción original quería transmitir, eso no cambiaría. Transmitiría ese arrepentimiento y esa tristeza que me hizo derramar un par de lágrimas la primera vez que la escuché ya que me sentía totalmente identificada con esa culpabilidad. Dejé escapar las palabras desde lo más profundo de mí por mis labios. Empecé cantando flojito a causa de los nervios, y nada más decir dos frases miré a Jason, que estaba encantado de verme en aquella situación, y me guiñó un ojo. Eso me dio seguridad y más fuerza. Empecé a mirar al público en vez de a los dedos que acariciaban aquellas cuerdas metálicas; público que estaba totalmente concentrado en mí, en aquella canción que decía:

Me pregunto si realmente he intentando todo lo que podía,
sin saber si debería haberlo intentado un poco más...

Y, seguramente, todavía nadie sabía de lo que estaba hablando con esas dos frases más. La canción era narrada desde la perspectiva de una persona que había perdido a esa otra que tanto amaba por la indiferencia. Decía que temía a esa posibilidad de no encontrar a otra como ella. Tenía miedo de no haberle dicho todo lo que esa persona necesitaba escuchar y se arrepentía enormemente por ello, y por eso continuaba:

Sentada aquí, intentado no mirar atrás,
continuando mirando hacia el camino que nunca seguimos
preguntándome si el que yo he escogido es el correcto.

Y con eso y todo lo que vino a continuación quería transmitir el sentimiento de soledad que había sentido al haber defraudado a Jay y que por ello él se marchara muy enfadado del hospital cuando vino a visitarme. Con un “estoy muy triste, muy triste” y un último rasgueo de las cuerdas di por terminada aquella canción con la que la gente respondió en una amable oleada de aplausos y con Jason de pie también aplaudiendo. En sus labios pude leer un “te quiero” que hizo que notase la fuerte y acelerada marcha que tomó mi corazón por ello.


Espero que os haya gustado el capítulo. Ya sabéis que espero vuestras opiniones con las votaciones en un clic en "reacciones" y todas vuestras dudas y preguntas en dudasparacarla@gmail.com.
Nos vemos la semana que viene. Un beso a todos.