miércoles, 31 de julio de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Setenta y Nueve

Los minutos pasaron y finalmente llegamos a nuestro destino: mi casa. Will aparcó el coche y se bajó el primero. Jason, al darse cuenta de sus intenciones, se bajó también lo más deprisa que pudo. Y nada más encontrarse los dos hombres delante de la puerta por la que se supone que yo tenía que salir, empezaron a discutir. A los pocos segundos Jay empezó a dar voces y bajé por la puerta contraria para poner paz. Rodeé la parte de atrás del vehículo y me situé detrás de aquel hombre trajeado que, por increíble que pareciese, era el tío de Jason. Carraspeé lo bastante fuerte para que ambos cortasen su alterada conversación callándose a la vez. William se giró hacia mí y puso los ojos en blanco mientras sonreía. Sabía a lo que se refería con eso.
—Ha sido un placer conocerte, Emma— dijo guiñándome un ojo a modo de despedida. Después se volvió hacia su sobrino, que se tocaba el pelo, nervioso, y le amenazó con dejarle allí plantado si tardaba más de cinco minutos. Mientras Will se subía al coche, nosotros anduvimos el poco trozo que había de allí a la puerta.
—Has estado genial, pequeña— dijo Jay con dulzura y con ese brillo en los ojos que le delatarían si dijese lo contrario.
—Todo ha sido gracias a ti. Aunque ésta no te la paso— le amenacé frunciendo los labios mientras le golpeaba levemente con un puño en el hombro. Él sonrió escapándosele así un suspiro. No pude sostenerle la mirada cuando lo hizo, me ruborizaba cada vez que hacía eso. Él me obligó a posar otra vez mi mirada en la suya dándome con la punta de su dedo en la nariz.
—¿Qué?— pregunté sin poder evitar sonar nerviosa.
—Bésame— arrastró cada sílaba de aquel susurro sonando así a súplica y, de repente, en mi mente apareció la imagen de Jason en el hospital pidiéndome lo mismo y del mismo modo. Sorda y ciega o definitivamente tarada debería de haber estado para negarle esa petición a él, a ese chico, a Jason Thomas. Así que pasé mis dedos por la parte de atrás de su cabeza, hundiéndolos en su pelo. Acaricié con el pulgar de la otra que tenía libre su labio inferior y al hacerlo, su impaciencia pudo con él y se lanzó a mis labios como nunca antes lo había hecho. Sentí descargas por toda mi espina dorsal al notar cómo su cuerpo se pegaba al mío. Me agarró por el cuello y posó la otra palma en mi espalda para amortiguar su propio impulso. A pesar de que pudo parecer agresivo, para nada lo fue. Sus labios acariciaban los míos con dulzura y una necesidad que no acababa de entender. Cuando él mismo puso fin a aquello, juntó su frente con la mía mientras cerró los ojos con fuerza y su mandíbula se tensó a la vez.
—¿Arreglarás las cosas con Gael?— soltó de golpe. Me quedé helada. ¿Tenía miedo de perderme? ¿Eso era lo que le preocupaba?
—No lo creo. No sería sano volver a tener contacto con él, la verdad— fruncí el ceño.
—¿Lo dices por el beso o por lo del ascensor?— ¿Cómo? Había intentado ocultarle a Jay aquella parte de la historia.
—¿Quién te lo ha dicho?— levanté la voz ligeramente.
—Eso ahora no importa— intenté protestar pero me calló posando un dedo sobre mis labios —lo que importa es si, después de todo, vas a volver a darle  la oportunidad siquiera de que se acerque a ti. Porque te juro que si llega a tocarte lo más mínimo, yo... yo no sé lo que...
—Vale— le corté y suspiré. —Sé que no se merece nada de mí después de todo lo que ha supuesto conocerle, pero estoy segura de que lo hizo para que me alejase de él. Quería que pensase que había estado ocultándome cómo era en realidad y así asustarme— Jay puso los ojos en blanco. Obviamente la persona que se lo había contado había exagerado la versión original. —Jason, escúchame, por favor, — volvió a mirarme —¿tú harías daño a la persona que quieres? ¿Serías capaz de dejar que se acercase a ti, aunque eso suponga hacerle daño? — oí cómo tragó saliva y miró al suelo.
—Prefirió hacerse daño él que hacértelo a ti— clavó sus ojos miel en los míos cuando terminó la frase. Yo cabeceé un sí. La bocina del coche de Will sonó un par de veces, interrumpiéndonos. Jason se giró y le gritó que esperase un minuto más. Comprobé por encima de su hombro que el coche seguía allí cuando se volvió otra vez hacia mí para retomar la conversación.
—Al darse cuenta de que sus posibilidades conmigo eran mínimas y al ver que yo estaba tan confundida que me estaba haciendo daño a mí misma incluso... Decidió cortar por lo sano. Pero no quiero ser injusta y tacharle de algo que no es. Quiero tener una última conversación con él para darlo todo por finalizado. Quiero que sea franco conmigo... Al menos quiero darle la oportunidad de que lo sea—. Jason suspiró al percibir en mi tono de voz que no habría súplica válida para que cambiase de idea.
—Te quiero— susurró.
—Yo también te quiero, Jay. Mucho —sonreí ampliamente junto con aquella última palabra y me lancé a su cuello. Su respuesta fue simultánea y repitió el gesto enredando sus brazos alrededor de mi cintura.
Y estuvimos abrazados hasta que ambos oímos cómo el motor del coche arrancaba. Jason maldijo en mi oído. Yo, simplemente, le sugerí que corriese.


Espero que os haya gustado el capítulo. El jueves me voy de vacaciones, pero no os preocupéis, la semana que viene tendréis el texto correspondiente. Cualquier duda que tengáis, ya sabéis, podéis consultarla conmigo enviando un e-mail al correo dudasparacarla@gmail.com. Os quiero.

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