miércoles, 4 de septiembre de 2013

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Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ochenta y Uno

Me desperté de golpe tras soñar con una pesadilla. Esa sensación de caer al vacío mientras duermes no es nada agradable, y no supe si quizás era un augurio de lo que se me venía encima. Pensé en Sophie. Y en Gael. Y en Jason. Y en la hora que era. Miré el reloj y supe que faltaba media hora hasta que sonase. No quise desactivarlo ya que, seguramente, después no me acordaría de volver a encender la alarma y porque quizás me quedaría dormida otra vez. Así que para evitar lo segundo, me levanté de la cama y fui a ducharme. Nada como un poco de agua fría para afrontar un nuevo día. Y aunque ya casi estábamos llegando al invierno, no pude resistirme a ponerme bajo un chorro de agua fría durante un par de segundos cuando acabé de aclararme el jabón con agua caliente. Necesitaba despertar todos mis sentidos para poder afrontar esas conversaciones que, a pesar de no haber existido todavía, ya me traían de cabeza.

Esperé hasta que sonó mi despertador y a su vez el de mi madre para poder encender el secador. Durante esos diez minutos antes me cepillé los dientes y me vestí. Sabía que mi padre ya se había ido a trabajar poco antes de que yo me despertase, y sólo había riesgo de despertar a mi madre con el secador. Su oficina quedaba en la otra punta de la ciudad, a unos cuarenta minutos largos en coche. Si no madrugaba, no llegaba. Así que nada más parar el estruendoso ruido de mi despertador, me sequé el pelo a toda potencia. Me lo dejé suelto, recogiendo el largo flequillo detrás de mi oreja para que no me molestase. Salí del baño y me dirigí a mi mochila para comprobar que llevaba todo lo necesario y cuando acabé, me la colgué a un hombro y salí como una flecha hacia la cocina.

Cuando terminé de llenar un vaso de café recién hecho para mi madre, me preparé un vaso de leche caliente y me comí una magdalena mientras éste cogía temperatura en el microondas. Cuando fui a dejar el vaso caliente en la encimera, vi cómo mi madre bajaba las escaleras ya arreglada. Entrecerró los ojos al verme a la vez que levantaba una ceja.
—Me he despertado a las seis y media de una pesadilla y he decidido aprovechar la mañana— le expliqué.
—Vaya, podrías hacerlo todos los días— se burló ella al ver su café preparado.
—Eso ya es un poco más complicado— dije bromeando. Me despedí de ella plantándole un beso en la mejilla. Cuando llegué al recibidor me abrigué bien, me colgué la mochila y salí por la puerta.
Anduve todo el camino con paso firme y rápido, esquivando a la gente que iba a una velocidad más reducida que la mía. Cuando estuve justo frente a la puerta del instituto cogí una buena bocanada de aire y entré por ella con un paso más relajado. Cuando divisé mi taquilla a unos tres metros, vi que Sophie tenía abierta la suya y sólo se le veían las piernas detrás de esa puerta abierta. Me acerqué con sigilo y abrí la mía con la misma rabia que sentí cuando escuché de la boca de Jason lo que le confesé a Sophie. Se supone que que ya era un tema zanjado.
—¿Por qué se lo contaste?— dije con sequedad después de cerrar de un portazo. Ella cerró con suavidad la puertecilla y agarró sus libros con fuerza. Sabía tanto como yo que esta conversación iba a surgir de un momento a otro.
—No quería decírselo, pero no me dejó opción. Me llamó decenas de veces. No sé cómo supo que yo sabía algo más. Tras tantos intentos de contactar conmigo, se presentó en mi casa a pedir explicaciones. Y no se las quise dar hasta que no me puso entre la espada y la pared. Él mismo había caído en la conclusión de que algo teníais que haber hablado. Gael no denunció el accidente cuando era lo mejor que podía hacer para hacer daño a la persona que irrumpía en su camino hasta ti. Y se extrañó de que de repente lo tuvieses tan claro con él cuando, incluso sin haberlo visto en persona, sabías que fue Jason quien empezó la pelea. No entendió cómo podías haberle pasado eso por alto, y él mismo se dio cuenta de que algo de más calibre tenía que haber sucedido con Gael para que no hubieseis mantenido una conversación sobre dicho hecho después de todo— eso último era bien cierto. Gael no era el tipo de chico que se pelearía de esa manera por una chica. —Él también se preguntaba si te había hecho daño, Emma. ¿Cómo iba a dejarle con esa duda en la cabeza? Si realmente lo había hecho, sabía que no ibas a contárselo.
Y la entendí. Y supe que Jay también tenía derecho a saberlo.
—Siento haber dudado de tu silencio. Ahora sé que realmente no tuviste opción— sonreí al imaginarme la situación. Jason podía llegar a ser la persona más tenaz del mundo. No iba a parar hasta encontrar la respuesta.
—Ya sabes que nunca te traicionaría de esa manera.
La abracé con todas mis fuerzas. Nos queríamos demasiado como para hacernos daño por la espalda. En ese momento supe que una de las personas que quería con todo mi corazón seguía estando en mi vida.


Gracias por leerme. Os anuncio que el final de esto se acerca. Empieza un curso bastante duro para mí y que no sé cómo voy a afrontar. Así que he decido dejar esto de escribir por un tiempo. Lo más seguro es que sea durante todo este curso. Seguiré colgando textos de vez en cuando, pero no más novela. Además, que ya toca ponerle un final a esto,  ¿no creéis? La semana que viene tendréis la última entrega de esta historia. Os quiero.

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