miércoles, 11 de septiembre de 2013

0

Novela: "Un complejo error o una simple equivocación" - Capítulo Ochenta y Dos

Me costó concentrarme durante todo el día. Aún me pesaban demasiado las palabras de Gael. Tenía que aclararlo. Durante todas las clases ese pensamiento me pasó por la mente. Ya fuese por un segundo o por dos. O durante un minuto entero haciéndome estremecer. ¿Tan malo iba a ser aclarar mis dudas, al fin y al cabo? Tenía un mal presentimiento.

Al acabar las clases, cuando ya estaba ordenando mi taquilla y mi mochila, Jason me envió un mensaje diciéndome que pasaría a recogerme. Y eso me alegró. Se lo comenté a Sophie. Quería volver a ver a Jay. Los tres habíamos sido muy buenos amigos, y no me pareció mala idea que se volvieran a ver.
Mientras caminábamos por el pasillo que llevaba a la puerta principal, me di cuenta de que no había visto a Gael en todo el día. Ni en los pasillos. Ni en el comedor. Ni rastro. Y eso me hizo fruncir el ceño y vacilar un segundo.
—¿Estás bien?— preguntó Sophie ante mi repentina pausa.
—Sí. Es que me acabo de acordar de que me he olvidado el libro de lengua en la taquilla— mentí. Ella puso los ojos en blanco.
—De acuerdo. Te espero fuera—. Asentí con una sonrisa. Fui andando ligera por los pasillos hasta que llegué a mi taquilla. Había tenido una idea. Quizás no era la mejor manera, pero era la única con la que no podía echarme atrás. Abrí mi taquilla y saqué el paquete de post-it que siempre tenía a mano para hacerme recordar a mí misma los libros que debía llevarme a casa cada día. En los cambios de clase, para que no se me olvidasen los libros con los que tenía que trabajar esa misma tarde, pegaba un post-it en el interior de mi taquilla con las asignaturas que tenía que llevarme. O apuntaba las fechas importantes el día antes de que ocurriesen. O simplemente las utilizaba para hacer saber ciertas cosas a Sophie “disimuladamente”. Pero esta vez era para algo diferente. Meses atrás él hizo algo parecido, y ahora era mi turno. En el papel escribí: Tenemos que hablar. - M.
Sabía que sabría que era yo. Pero no quise arriesgarme a poner mi nombre completo. ¿Quién sabe? Arranqué a correr nada más echar la notita por una de las rendijas de la puerta de la taquilla de Gael. Sophie sonrió al verme y continuó explicándome el último cotilleo del que se había enterado.

Jason llegó en su moto pocos minutos después de sentarnos en la parada de bus que había delante del instituto. Iba con un pantalón negro de chandal, ancho, supongo que para tapar el vendaje de su pierna ya que se arriesgaba a ser multado. La parte de abriga era la chaqueta de moto de cuero que solía llevar siempre. Se quitó el casco al ver a Sophie, que se acercó después a saludarle con un beso. Después de una pequeña charla y el típico ya nos veremos, nos despedimos de ella. Y antes de que pudiera subirme a la moto, Jason me ofreció un casco negro brillante, con reflejos de purpurina púrpura a la luz. Me quedé sorprendida. Parecía nuevo.
—¿Y esto?— le pregunté mientras lo cogía.
—Hablando con Billy me di cuenta de que debo protegerte bien y que si quiero estar a tu lado, también he de protegerme yo. Así que te he comprado este casco que siempre llevaré en mi moto para cuando tu no lleves el tuyo contigo. Y así yo no quedo sin.
Era un buen motivo. Así que no rechisté. No me gustaba que se gastara tanto dinero en mí, o que su tío lo hiciese por él. No me gustaba que nadie se gastase dinero por mí. Lo mejor sería regalarle algo que lo compensase en Navidades y todos contentos.

Cuando Jay paró la moto en un cruce con el semáforo en rojo, vi a Gael cruzando por él. Y el corazón se me aceleró. Tenía que hablar con él, y quizás esa era la única oportunidad. Ya no había vuelta atrás, así que no importaba si hoy o mañana. Me levanté la visera e intenté gritar su nombre para que se girase, pero el casco me acolchaba demasiado la voz. Jay se dio cuenta e intentó ayudarme haciendo rugir la moto varias veces seguidas. Y funcionó. Se giró y, en ese momento, oí cómo un coche frenaba bruscamente justo detrás de mí. Miré el semáforo que seguía en rojo. Miré el carril de al lado. Miré a Gael. Mis manos temblaron. Mi cuerpo se estremeció al escuchar el tremendo impacto justo delante de mí.

Segundos después todo fue histeria. Pánico. No supe qué hacer. Jay aparcó la moto en la acera para intentar hacer algo por Gael. El coche no paró e hizo que él se metiera en su interior por la luna delantera. Rompiéndola con su cuerpo. Todo eran llamadas de teléfono. Gritos. Lágrimas. Sangre. A los pocos minutos las sirenas de las ambulancias se sumaron a aquello. Jason me acunaba en su regazo, de rodillas él en el asfalto. Yo lloraba. Me culpaba. Él miraba con miedo toda aquella escena. Al igual que yo, no se lo podía creer.

Cuando tuve la suficiente fuerza para hablar, presté declaración a los policías que vinieron. Y lo mismo hizo Jay. No me dejaron pasar a ver a Jay mientras lo colocaban en la ambulancia. Tampoco creí que fuese justo que yo estuviese allí después de todo lo que había significado para él conocerme. Lo único que creí que sería de ayuda era darles los datos, al menos, de su hermana y dónde vivía. Finalmente se lo llevaron al hospital. Dijeron que él se recuperaría, pero el conductor murió.


Como cada primer domingo de mes, le llevo flores a su habitación. Jay me acompaña, sabe que es muy duro para mí. Me encuentro a su hermana, con ojos tristes, pero que intenta esbozarme una sonrisa. Siempre me recuerda que yo no tuve la culpa, que fue un accidente. Yo no puedo dejar de culparme porque Gael esté en coma después del terrible suceso. Me acerco a su cama, donde duerme en un sueño muy profundo, con el semblante tranquilo. Semblante marcado por las cicatrices que perduraran toda la vida. Ya ha pasado un año. Le aprieto la mano y le beso la frente y me vuelvo a disculpar. Vuelvo a pedirle perdón por todo. Silencio. Las máquinas retumban en la habitación. Me siento a los pies de la cama mientras Tiziana me explica los pocos cambios que ha habido este mes. Me da las gracias por las flores. Jason me aprieta el hombro con una mano, compasivo. Pero yo sé que no las merezco. Ni que merezco el apoyo de Jay en esto. Para mí, besar a Gael fue una equivocación que me costó, casi, la pérdida de Jason, pero que por suerte se pudo solucionar. Pero para él, el simple echo de conocerme, ha sido el peor error que haya cometido. Casi le cuesta la vida. Y nadie sabe si ahora, esto tan complejo, tiene solución.


¿Fin? Quién sabe. De momento voy a dejarlo aquí. Espero que esta novela os haya gustado, de verdad. Gracias por todo el apoyo durante todo este tiempo, por todas esas visitas. No os abandono, ni mucho menos. De vez en cuando seguiré colgando cosillas. Prometido. Pero he decido que volveré a leerla entera, corregiré los errores y compactaré todos estos capítulos en lo que es: un libro. Cuando esté listo, ya os lo haré saber por si queréis descargarlo. Os quiero. Hasta siempre.

No hay comentarios :

¿Y tú qué opinas?

¡Comenta!